<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008</id><updated>2011-12-07T06:14:43.326-08:00</updated><title type='text'>MxP</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>148</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-799790830564482143</id><published>2011-01-04T00:39:00.000-08:00</published><updated>2011-01-05T03:57:02.710-08:00</updated><title type='text'>El Alzheimer</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Encajada entre cerros y rodeada por pretenciosas urbanizaciones construidas en lo que durante siglos habían sido tierras de cultivo, la vieja capital universitaria descansaba a sus pies, dormitando en el aire tibio de la tarde. Existían dos puntos característicos para observar la ciudad y era preciso conocer a qué hora se podía utilizar cada uno para evitar que la luz del sol te diera directamente en los ojos, deslumbrándote. El cerro de San Cristóbal, al este, era el lugar idóneo de observación por la mañana y por la tarde la Fuente del Sol o la cuesta de la Maruquesa. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ambos lugares eran simples accidentes geográficos que ni siquiera llegarían técnicamente a la categoría de cerros. La Fuente del Sol, era un parque forestal, un lugar con una cierta protección medioambiental que abarcaba una modesta colina y al cual se podía subir caminando por un sendero que serpenteaba entre chopos y pinos, antes de llegar al mirador que se abría sobre la ciudad. Siempre le había molestado que no hubiera una Fuente de la Luna, cerca de la Fuente del Sol y se preguntaba de quién habría sido la idea de esculpir un sol en la piedra del monumento que componía la fuente, de un solo caño y que acabó dando nombre a la propia fuente y a todo el entorno. Sospechaba que quizá hubiera sido un académico de algún cuerpo docente que hace doscientos años fue consultado sobre cómo debería adecentarse el lugar. Este supuesto erudito usaría traje negro de lana y cuello blanco almidonado y se pondría ostentosamente la toga y el birrete para inculcar una educación clásica a los alumnos matriculados en la universidad. De todas formas, dejando al lado sus inacabables cuestionamientos, seguía disfrutando del sitio y del paseo a pesar de que a veces la vagra de subida se le hacía extremadamente fatigosa. Era un lugar tranquilo, muy amado por los perros de los barrios cercanos que eran liberados de sus correas y donde cualquier persona podía encontrarse a solas con sus pensamientos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estacionó su viejo Renault en un espacio en la base del sendero y empezó la excursión a pie, deteniéndose de vez en cuando para descansar y contemplar el entorno. Normalmente se habría puesto unas playeras o unas botas y se dijo que iba a arruinar sus zapatos nuevos con el barro, pero ya era demasiado tarde y a la hora de la verdad tampoco le importaba mucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tarde se iba desvaneciendo lentamente a su alrededor y podía comenzar a sentir la caricia del frío en la espalda. No estaba vestido ni calzado para una caminata y las sigilosas sombras de los chopos, poblados ya de nuevos brotes, llevaban consigo un soplo del reciente invierno. Hizo caso omiso del frío y de sus zapatos, que se empapaban con rapidez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No había nadie más en el sendero. Ningún perro corría por entre los arbustos buscando algún olor especial. Solo estaba él, sin compañía, caminando con paso regular. Se sentía feliz en aquella soledad. Tenía la extraña idea de que si llegaba a encontrarse con otra persona experimentaría la necesidad de dirigirse a ella, de contarle lo que le estaba pasando, de compartir con ella su angustia y su miedo: “Perdone señor, mire: me han descubierto una enfermedad que va a matarme, pero que antes me convertirá en un simulacro de mí mismo, porque me privará de mis recuerdos, me quitará la memoria y perderé toda capacidad cognitiva; dejaré de ser quien soy, para convertirme en nada, en nadie. Y solamente cuando la enfermedad haya conseguido todo eso, acabará por fin matándome. Y no tiene solución, no se puede hacer nada al respecto”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por lo menos con el cáncer, pensaba, o las enfermedades cardíacas, uno podía seguir siendo quien era todo el tiempo, mientras el mal lo iba asesinando lentamente o de un modo fulminante, pero hasta el último suspiro uno sabía quién era y dónde estaba, conocía a sus amigos, su entorno, hablaba con sus hijos y revivía sus recuerdos. Se sentía enfadado, airado y quería gritar, golpear y dar patadas a algo; pero a cambio solo caminaba rabioso, vagra arriba, cada vez más deprisa, escuchando el palpitar de su propio corazón entre jadeos. Se paró para atender a su respiración. Era estable, agitada pero firme. Normal. Su resuello y su ritmo cardíaco no parecían alterados. Hubiera preferido, con mucho, un sonido tortuoso y áspero, con algo de amnea; unos síntomas que hicieran comprender a todo el mundo y a él mismo que era un enfermo terminal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo le llevó una buena media hora llegar a la cima. La luz del sol que quedaba se filtraba por entre las ramas más altas de los pinos y cuando se asomó al mirador observó que los campanarios de las torres de la ciudad todavía estaban iluminados por el sol, mientras que los edificios más bajos comenzaban a sepultarse en la oscuridad. Tal vez debiera regresar inmediatamente; la bajada por el estrecho sendero y de noche, podía resultar peligrosa. Pero si algo bueno tenía lo que le habían confirmado aquella mañana, era que con la noticia le quitaban todas las aprensiones, absolutamente todas. Porque si uno pierde el miedo a morir, que es el origen verdadero de todos los pánicos, consecuentemente supera también la mayoría de sus temores. Se sentó sobre una vieja roca mirando al valle que cobijaba la ciudad a sus pies. Las primeras señales de la primavera de Castilla estaban ya bastante avanzadas. Podía ver flores tempranas, principalmente tomillo, lavanda y romero, que ponían un toque de color sobre la tierra, húmeda por las recientes lluvias. Una caricia verde, de brotes nuevos, salpicaba los chopos, oscureciendo sus ramas como las mejillas de un hombre que no se ha afeitado en un par de días. Cruzó el aire una bandada de patos por encima de él, volando en forma de V, en busca de un lugar, a lo largo del curso del río, donde pasar la noche. Los roncos sonidos que utilizaban para mantenerse en contacto resonaban en el azul cada vez más oscuro del cielo. Todo resultaba tan patéticamente normal, que se sentía un poco estúpido, porque lo que estaba ocurriendo dentro de su cerebro parecía no estar sincronizado con la primavera que despertaba en el resto del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la distancia podía distinguir los campanarios de las iglesias ya apenas iluminados por los rayos del sol y más lejos el estadio de fútbol. Esta semana el equipo jugaba fuera y probablemente en aquél mismo momento estarían terminando un entrenamiento en alguna ciudad lejana, preparando el partido del día siguiente. Todo continuaba como siempre, envuelto en la rutina cotidiana que constituye la esencia de la vida. Todo, menos él mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Contempló a unos metros de distancia, un petirrojo que escarbaba en la tierra húmeda buscando gusanos. Cuando era niño, el retorno de las cigüeñas siempre había constituido  un anuncio fehaciente de la llegada de la primavera. Pero ahora, las cigüeñas debían estar aquejadas de algún mal similar al que le mataría a él, porque emigraban y retornaban cuando les daba la gana, sin ton ni son, o simplemente se quedaban siempre en el mismo lugar; ya no eran fiables en cuanto al anuncio de la primavera, del mismo modo que él dejaría pronto de ser fiable para cualquier cosa. Hacía tiempo que había sustituido a las cigüeñas por los petirrojos como pregoneros de que el invierno había terminado. Pero ahora a pesar de verlos escarbando en el suelo no sentía la primavera en su corazón, quizá porque para él no existía pájaro, ni planta, ni flor, ni brote, que pudiera anunciarle algo diferente al inminente final de todo. “¡Ah más allá de todo, ah más allá de todo! Es la hora de partir ¡Oh abandonado!”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Respiró hondo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Volvería a casa y se tomaría una ambuesta de pastillas para dormir, zolpidem, mientras estas cosas que le habían proporcionado placer seguían siendo reales, porque sabía que la enfermedad iba a acabar con todas. Siempre se consideró a sí mismo como una persona decidida y resolutiva y le sentó bien esa fuerte tendencia al suicidio; al menos y por última vez, resolvía algo. Intentó recapitular y buscar argumentos para postergar esa decisión pero no pudo encontrar ninguno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tal vez simplemente podía quedarse sentado allí mismo, donde se encontraba. Era un sitio agradable, bonito y tranquilo. Uno de sus lugares favoritos dentro de la ciudad. Un entorno perfecto para morir. Se preguntó si por la noche bajaría la temperatura lo suficiente como para hacerle morir congelado, que dicen que es una muerte muy dulce, el cadáver aparece con buen aspecto, sonriendo. Dudó que las temperaturas descendieran tanto. Imaginó que lo único que conseguiría, de quedarse allí, sería pasar una noche desagradable temblando y tosiendo pero que viviría para ver salir de nuevo el sol, lo cual resultaría realmente vergonzoso y humillante, dado que sería la única persona en todo el mundo que considerase la salida del sol como un fracaso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Se miró los zapatos, totalmente cubiertos de barro y se preguntó por qué, a pesar de todo, no sentía la humedad ni el frío en los pies. Echó un vistazo de nuevo a la ciudad, ya plenamente envuelta en sombras, con el alumbrado público recién encendido. Miró detenidamente, tratando de fijar para siempre en su memoria las cosas que valiera la pena recordar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No más demoras. Se puso de pie y se sacudió un poco el polvo de los pantalones. Podía ver las sombras que se filtraban a través de los arbustos y los árboles mientras el sendero que bajaba hacia el valle se iba oscureciendo rápidamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se dio la vuelta para echar un último vistazo a la ciudad, deteniéndose en los lugares que habían sido significativos en su vida: sus diferentes domicilios, el centro comercial al que solía acudir, la torre de la catedral, cerca de la cual estaba el colegio donde estudió, el enorme hospital abandonado donde había muerto su padre… Deseó poder ver todos los sitios importantes en su vida, hacer un recorrido retrospectivo con la mente y con la vista hacia el lugar donde se enamoró por primera vez, donde dio el primer beso, donde jugó con su hija… Pero no se podía. Quería ver los sitios donde pasó su infancia y los lugares que le recordaban a su juventud: el LT, el Alhambra, la calle María, el Herminos, el 7/7… Se esforzó mucho mirando hacia el noroeste, hacia la enorme casa de indianos donde habían transcurrido tantos veranos agradables, hacia aquellas playas donde aprendió a lanzar una mosca a las lubinas y por donde había trepado, en medio de las rocas, arrancando percebes o izando nasas con un pulpo dentro… Pero no podía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Demasiadas cosas para echar de menos” pensó. Imposible evitarlo. Se apartó de lo que veía y de lo que solo imaginaba y comenzó a descender por el sendero. Lentamente se sumergió en la creciente oscuridad &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-799790830564482143?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/799790830564482143/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=799790830564482143' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/799790830564482143'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/799790830564482143'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2011/01/el-alzheimer.html' title='El Alzheimer'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2413367322545286945</id><published>2010-12-09T13:42:00.000-08:00</published><updated>2010-12-09T13:57:46.377-08:00</updated><title type='text'>La tía Perdiz</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La tía Perdiz vivía en una casa pequeñita de dos plantas, siempre bien encalada, con un balconcito de madera entre dos ventanas gemelas y una puerta de dos hojas. El edificio tenía la misma fisonomía que un muñeco impresionista, con ojos, nariz y boca, que llevara puesta en la cabeza una caperuza puntiaguda de tejas rojas. Cuando la tía Perdiz tenía una ventana cerrada y la otra abierta, parecía que la casa estaba guiñando un ojo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tía Perdiz vendía tabaco, mecheros de gasolina de aquellos de martillo, cerillas, chisqueros de mecha, piedras de pedernal y todo aquello que se suele vender en un estanco. El despacho al público lo tenía en la planta baja y lo primero que la gente se encontraba al entrar en la casa era un mostrador y un fondo de estanterías repletas de cajetillas de tabaco de diferentes marcas y colores que confería a la estancia un aspecto polícromo y variopinto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Apenas nadie pasaba del mostrador pero dentro de la casa todo estaba muy limpio y ordenado, con el suelo luminoso de cera y en la sala lucía un sofá impresionante, protegido con una funda de lienzo marcada con una enorme letra roja bordada a punto de cruz. En la cocina, siempre cálida, brillaba una chocolatera de cobre y por el ventanuco que había sobre el fregadero se veían las ramas de un árbol que el viento mecía suavemente. La casa de la tía Perdiz era, según yo la recuerdo, un lugar apacible, silencioso, sombrío y templado como lo debe ser el seno materno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El dormitorio era lo más recóndito y un territorio sagrado para la familia, donde nacieron y murieron los antepasados de la casa. La vieja tía Perdiz era la guardiana de esta cámara de nacer y morir, siempre vedada a las profanadoras miradas de los extraños. Allí, incluso el aire tenía que entrar a hurtadillas. La vieja dormía en el mismo lecho en el que vino al mundo: una cama de roble torneado carcomida de silencios y soledades. Sobre la mesa de noche una imagen de la Virgen de las Nieves y a su pie una lamparita de aceite, siempre encendida, que inundaba todo con un aroma triste y misterioso. Esta lámpara, en otro tiempo fue simplemente un antiguo azucarero de cristal. Pero la tía Perdiz lo reconvirtió, con una mecha de algodón y un pedacito de corcho flotando, en una lamparita que permanecía encendida día y noche para mayor gloria de la Virgen de las Nieves, emitiendo una lucecita que parecía muerta de pena por las moscas que, atraídas por la luz, acababan suicidándose en el aceite.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No guardo más recuerdos de su casa, pero en cambio tengo en la memoria un baúl de recuerdos de su bondad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tía Perdiz, llena de achaques, no reparaba en quitárselo ella mima de la boca para mandarlo a los niños de Paco, un hijo que tenía casado viviendo en otro pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La pobre vieja se mantenía de recortes de la carnicería, arenques y algunos chicharros pequeños y llenos de espinas, de esos que compran las señoras gordas y pudientes para alimentar a sus gatos. Y todo lo hacía por ahorrar, para los niños de Paco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En días señalados, la tía Perdiz les mandaba a los nietos un cajón lleno de cosas de comer y se quedaba pensando en cómo contentar a los chavales. La caja siempre contenía golosinas de mérito: chorizos, trozos de jamón, una docena de huevos, una tarta, rosquillas de palo, azúcar…&lt;br /&gt;Paco bien merecía las ayudas de su madre, porque vivía hecho un azacán; él, que había sido el mozo más presumido del pueblo y por quien se volvían locas las chicas de más renombre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se casó Paco y en seguida comenzaron a lloverle hijos del cielo. El joven, antes alegre y juerguista, fue cambiando hasta convertirse en un hombre ácido y seco, estrujado por el trabajo y las cavilaciones. Los niños nacían gorditos y guapos, como angelotes de un retablo barroco, pero hacía falta mucho pan para tantos piquitos abiertos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La camada de los hijos de Paco llenaba de llantos el amanecer y el pobre padre tenía que levantarse, con el cuerpo magullado por el trabajo de la víspera. Los chavales no paraban de pedir; ellos comían, comían y sus caritas alegres y bonitas siempre mostraban la huella del hambre. El pobre Paco llegó a darse cuenta de que las barriguitas de sus hijos jamás llegarían a verse llenas y se dedicó a trabajar sin descanso, resignado con su triste suerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaba el cajón de la tía Perdiz, los chavales bailaban a su alrededor y no abandonaban la casa mientras el cajón no acabara de vaciarse en sus tripitas. Cuando no se veía a ninguno de los hijos de Paco por las calles del pueblo, era señal de que había llegado el cajón de la tía Perdiz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Paquito, el hijo mayor de Paco, vino a vivir con su abuela. Era un chaval manso, melindroso y dulce, pero también holgazán, cachazudo y más que nada comilón y goloso. Había pasado tanta hambre de niño que jamás podía ver comer a alguien sin pedir su parte y muchas veces daba asco verlo tan ansioso siempre y tan hambriento aunque estuviese reventando de comida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando algún compañero comía algo, Paquito se llegaba a él lentamente y le decía con verdadera humildad:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ No tires los restos ¿eh?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después Paquito fijaba sus ojos de buey sobre la garganta del compañero con el ansia de un mendicante que atisba un banquete de bodas y le decía con mucha sumisión:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Bien me podrías dejar un pedazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El truhán sabía que la comida no aprovecha si un hambriento nos está contando los bocados y con cada mordisco que veía dar, Paquito se alarmaba:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Que mordisco le metiste, si le das otro igual no dejas ni los restos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Paquito no le quitaba ojo al chaval hasta sacarle la comida de la boca a base de persuasión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo mejor que se podía inventar para comer tranquilamente estando Paquito delante, era darle a él un pedazo y mirarle desde lejos. Porque era necesario comer con ligereza, sino todavía era capaz de venir a pedirnos los restos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los días de verano, al anochecer, Paquito y su amigo Satur, se sentaban a la puerta de la casa de la tía Perdiz, tomando el fresco y espantando los mosquitos, mientras los mayores hablaban de sus cosas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Yo –decía el amigo- si fuese muy rico, muy rico, andaría siempre montado en un caballo blanco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Pues yo si fuese muy rico, muy rico, comería tres tartas diarias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y con estos cuentos pasaban el tiempo. Paquito le enseñaba las letras a Satur y este a cambio le pagaba con peras y manzanas que robaba del huerto del cura y que el comilón devoraba con fruición inmediatamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Mañana puedes ir a por melocotones donde el secretario… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Tú mucho hablas! Pero tiene un perro que… ¡Yo voy a por las manzanas del cura, pero no a por los melocotones del secretario…!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Pues si no traes melocotones no te enseño más letras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y a la tarde siguiente aparecía el pobre Satur con un canasto lleno de melocotones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A Paquito todo le daba miedo: no tiraba piedras por temor a hacerse daño en el brazo, la daba pavor meterse en el agua fría del arroyo y tan pronto como imaginaba que iba a haber una pelea entre muchachos echaba a correr para no verse envuelto en ella. Esto era tan grave que su abuela pensaba a veces que había nacido para cura… ¡Si no fuese tan comilón! Pero aun con ese defecto, los mismos compañeros de la escuela pensaban que era un cura pintiparado. La tía Perdiz pasó muchas noches sin dormir echando cuentas y al fin determinó hacer fraile a Paquito para lo cual habló con el prior de un convento cercano para que admitiesen a su nieto de novicio. Pero las cosas no fueron bien porque Paquito tropezó con el latín y hacía más visitas a la cocina de las que convenía, siempre buscando algo para comer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¿A qué vienes tú al noviciado? –le decía el maestro de novicios- ¿Crees que con estar aquí ya se te va a meter el latín en la cabeza? Aunque te comieses el libro de gramática latina con pastas y todo no te valdría; y cuidado que te sería más fácil meterlo en el estómago que en la cabeza. Vete con tu abuela y dile que no te mande más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así que al cabo de pocas semanas el chaval estaba de nuevo en casa de su abuela, dando por finalizada su experiencia religiosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El alcalde del pueblo se llamaba Don Andrés y no era político por ideas, sino porque, acabada la guerra, comprendió que meterse en la política podía proporcionarle un modo suculento de llenar sus cajones de dinero, eso que no había empezado en la vida con ellos vacíos, pues venía de una de las familias más ricas del pueblo. Delató a tantos republicanos como pudo, aún a sabiendas de que para muchos de ellos eso suponía el paredón; perdió la voz cantando el Cara al Sol tantas veces como fue necesario y aun un ciento más; se desgañitó berreando vivas a Franco y arribas a España pero al fin consiguió hacerse buen amigo del gobernador y que este le nombrara alcalde. Como era inteligente y no tenía escrúpulos de conciencia, llevaba en el cargo veinte años y después de tanto tiempo tenía buena mano en la diputación y conocía a casi todas las personas importantes de la provincia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Andrés por fuera se parecía a uno de esos prestamistas judíos de las viejas pinturas flamencas, y por dentro también. Su casa era como el estanco de la tía Perdiz, con la diferencia de que él no vendía tabaco sino dinero. En concreto duros a siete pesetas. Cuando estaba en tratos con una nueva víctima se le dibujaba en los labios un rictus de alegría, como si le rascasen la espalda. Pero en la cara jamás se le vio la risa limpia y franca de los hombres de bien. Era muy ruin y camandulero y tenía a tanta gente cogida en sus papeles que además de asco, daba miedo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Andrés no tenía ningún vicio, si no fuera el de jugar a la lotería y siempre mandaba un duro de participación a un asilo de ancianos. Los pobres tienen mucho valimiento en el Cielo y ¡quién sabe! Porque a lo mejor la Divina Providencia quería que le cayera algún premio de la lotería al asilo y así de paso, él también se llevaba una parte. Una vez le tocó y su riqueza aumentó mucho. Pero cuanto más rico, más ruin.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Andrés y la tía Perdiz fueron un poco novios de niños, con uno de aquellos amores platónicos y románticos que ya casi nadie recuerda que existían. Cuando llegaron a viejos olvidaron rencores y porfías e hicieron las paces con una amistad sincera y leal por parte de ella. Un día, la tía Perdiz le pidió un favor a Don Andrés:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ No sabes cuánto te agradecería que metieses a mi nieto de escribiente en el Ayuntamiento. El pobre chaval no vale para los libros, le cansan, no tiene cabeza… Y anda triste y amargado dando vueltas por el pueblo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Por tratarse de un nieto tuyo se hará lo que se pueda. Pero escucha un consejo: era mejor que lo hicieras sastre, por ejemplo. Tu nieto no hará carrera en el Ayuntamiento ¿Entiendes? Aunque llegase a saber mucho y aunque pudiera valer para obispo, pongo por caso; pero no tiene pinta de agudo para hacerse un hombre escribiendo papeles en el Ayuntamiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Contando con tu ayuda… El chaval es como el pan ¿sabes? Muy bueno y muy bien mandado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Bien. Allá tú. Manda mañana a Paquito al Ayuntamiento para que se vaya enterando poco a poco de los trabajos que tendrá que hacer y luego ya veremos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Pues que Dios te lo pague, hombre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Paquito se turbó cuando supo que iba a entrar de meritorio en el Ayuntamiento, porque ya se había acostumbrado a la vida de holganza. Y luego, en su interior, sentía un miedo sordo a entrar en tratos con gentes superiores, donde se pondría a la vista su ignorancia y donde le afearían su incompetencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En las oficinas municipales se cansó de estropear pliegos de papel de barba. El Secretario ya no sabía qué encargarle y Paquito se pasaba el tiempo con los ojos fijos en el reloj de péndulo, esperando la hora de comer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con la vieja máquina Remington escribía oficios pequeñitos, donde las equivocaciones fueran imposibles, pegaba sobres y sellos, ordenaba los boletines oficiales y le hacía los recados al Secretario.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Paquito no era hombre de voluntad. Cierto día se encontró con una caja de pastas y no fue capaz de dejarla sin encetar. Comenzó a pellizcar los bordes de alguna y acabó comiendo las pastas todas, sin dejar una miga. En las oficinas municipales no encontró cosa mejor en la que poner sus ojos deseosos, porque los ojos de Paquito estaban al servicio de la tripa y mal podían interesarle el papel o la máquina de escribir que ni se comen ni se beben. En todo el tiempo que estuvo en la Casa Consistorial, solamente miró con simpatía aquella caja de pastas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De allí a poco Don Andrés llamó a la tía Perdiz para darle las quejas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¿Sabes? Tu nieto se comió una caja entera de pastas, enterita. Cosas de chavales; pero el material que estropea cuesta dinero y es necesario que le des al Secretario cinco duros. La caja de pastas no valía menos ¿sabes?... Yo lo siento mucho, pero… &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tía Perdiz, en un arrebato de desengaño, se dio cuenta de toda la miseria de la vida y sintió añoranza de la misma muerte. Paquito nunca volvió al Ayuntamiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para cumplir la manda de una rica señorona, hubo en el pueblo una Santa misión. Los frailes predicadores atemorizaban los espíritus golpeado en todas las conciencias con el terrible “Dies irae”. En el último sermón hombres y mujeres, bajo la barbilla del predicador, temblaban de miedo a condenarse. Entonces el fraile, con voz quebrada, anunció que a media noche tocarían a muerto las campanas de la iglesia, llamando a las almas al arrepentimiento. Sería la señal para que se restituyesen las honras y los provechos robados; sería un aviso del más allá, para que los poseídos por el resentimiento, supiesen perdonar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Esta noche –decía el predicador- dejad las puertas abiertas y vuestros enemigos entraran a pediros perdón. Abrid también los brazos para recibirlos con alegría, como a hermanos que llegan de lejos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y aquella noche todos los vecinos dejaron las puertas abiertas de par en par y esperaron sentados y llenos de caridad cristiana. Pero en el fondo del fondo de la conciencia les movía el endiablado orgullo de perdonar humillando y el deseo malsano de descubrir enemigos ocultos. No es necesario decir que el mismo Don Andrés mandó a la criada dejar las puertas abiertas, por si algún vecino arrepentido quería venir a pedirle perdón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ocurrió que todos se sintieron víctimas de injusticias y deseosos de perdonar, pero ninguno tuvo la necesidad de vaciar en casa de su vecino el saco de sus pecados. Solamente la tía Perdiz revolvió en los lodos de su conciencia con tal humildad que se sintió pecadora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Anda Paquito, vamos rápido a casa de Don Andrés.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando en la torre de la iglesia sonaban las campanadas escalofriantes, la vieja y el nieto atravesaron las calles de pueblo, desiertas, muertas de soledad. Llegaron a la puerta de Don Andrés y entraron en la casa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El viejo ladrón aguardaba apoltronado en un sillón de cuero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Vete! ¡Vete! Pero tú mujer ¿qué me has hecho?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Yo, Andrés, pequé con el pensamiento! Te tengo mucha envidia y le pedí a la Virgen de las Nieves que te arruinases, que ardiesen todos tus papeles y que un día llegases a necesitar de mi nieto. Vengo a pedirte perdón, por el amor de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Bueno, mujer, bueno ¡Ah si todos fuesen tan angelicos como tú! Porque ¿sabes? Las gentes de este pueblo son muy ruines y tiene que venir un castigo del cielo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡No hay temor de Dios!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¿Tú has visto pardales este año?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Hombre… No he mirado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¿Y golondrinas? ¿Viste golondrinas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ No me doy cuenta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Pues te digo yo que hay señales de epidemia. Tiene que llegar un castigo ¿sabes? Porque la gente no tiene miedo a la justicia divina. Ahora, ni a mí mismo me respetan. ¡Ni a mí! ¿Sabes que podría mandarlos detener a todos? Solamente tú, buena mujer, vienes a pedirme perdón, porque eres de mi edad, del tiempo en el que había respeto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Siguieron hablando. Don Andrés desembuchando como un patriarca justo. La tía Perdiz esmirriada, de pie y con el chicarrón de su nieto al lado. La dialéctica del cacique iba disolviendo, lentamente, la envidia de la vieja, que sentía reverdecer un poco los extintos amores de otro tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Pues para que veas en cuanta estima te tengo –dijo Don Andrés- voy a pedirle al Presidente de la Diputación una plaza de seis mil pesetas al año para Paquito. Un trabajo para toda la vida ¿sabes? Y por ser tú, mujer tan buena, no te voy a cobrar más de 5.000 pesetas por la gestión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Ay Andrés! Si hicieras eso, yo moriría bendiciendo tu nombre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando la tía Perdiz y su nieto llegaron de vuelta al hogar, sus corazones estaban llenos de felicidad. El de ella, por ver abierto el futuro de su nieto y el de él, por ver feliz a su abuela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un buen día se cumplió la promesa de Don Andrés y llegó en el correo el nombramiento de Paquito. Desde esa misma hora el nieto de la tía Perdiz pasó a ser Don Francisco, empleado de la Diputación a cambio de una comisión de mil duros. Una pequeñez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando Don Andrés puso en las manos del mozo el nombramiento le dio un consejo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Si es que llegas a jefe o puedes hacer favores y los paisanos te quieren regalar un pollo o un lechazo, tú no dejes de cogerlos; pero guárdate de las habladurías. Lo que debes hacer es alquilar un piso en un edificio donde viva un magistrado y así la gente creerá que los regalos son para él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A la tía Perdiz le llamó la atención el consejo del cacique y con una sonrisa le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Tú, Andrés, no pierdes las mañas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para pagarle el favor la pobre mujer tuvo que vender una buena tierra de la herencia de su padre y luego gastó también un Potosí en comprar y mandar hacer ropa aparente para Paquito, que si iba a ser Don Francisco ya tenía que empezar vistiendo como tal, que “mundo ingrato, así te veo, así te trato”. Mientras el nieto engordaba de alegría, la abuela gastaba dinero y además le iban cayendo años en el cuerpo. Con la angustia de pensar que se quedaba sola, en pocas semanas se transformó en una verdadera anciana. El dolor de imaginarse olvidada del nieto, y ahíta de soledad cerca de la muerte, le fue marchitando el alma y el cuerpo. Tenía la mirada desvaída y los ojos tristes de tanto sufrimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegó el día de la marcha. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por los cristales resbalaban ríos de lluvia, que parecían lágrimas en los ojos de la casa. En el alfeizar de una ventana se lavaba un gato, pasándose reiteradamente la pata por el hocico, ajeno a las angustias de su dueña. Paquito sorbía las lágrimas en su cuarto y la vieja sentía puñaladas en el corazón. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llegó el coche de línea a las Cuatro Calles y le estaba esperando Paquito, vestido con su traje nuevo. La tía Perdiz le abrazó y le llenó de besos las mejillas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Adiós mi niño querido!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y así pasó, como la tía Perdiz se temía. Porque en los siguientes meses nadie volvió a tener noticias de Paquito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ocurrió que en los primeros días de un otoño, llegó Don Francisco montado en una Lambretta y metiendo mucho ruido, circulando a toda velocidad por la calle principal del pueblo, en derechura a la casa de su abuela. El día era tormentoso y triste; las gallinas se juntaban frente a las puertas cerradas y los surcos de los campos se morían de sed. La tierra ardía y el cielo se llenaba de nubes deshilachadas. Unas ráfagas de viento batían en la cara de Don Francisco y el hombre, a pesar de ser un día triste y desapacible, llevaba el corazón radiante de felicidad porque era dueño de una moto, ya sabía vivir de modo independiente y además volvía al único hogar que había conocido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vieja se fijó en él y al reconocerlo se le llenaron los ojos de lágrimas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¿Dónde vas Paquito?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¿Dónde voy a ir? A casa de mi abuela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Ay pobrecico! Mira: no vayas. ¡No vayas! Que ya no existe la casa de tu abuela. La pobre, Dios la tenga de su mano, murió ¿sabes?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Francisco se quedó petrificado sin terminar de dar crédito a las palabras de la vieja, como abstraído y con la mirada perdida fija en el campanario de la iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La vieja, compadecida del chaval, le ofreció un vaso de vino y una pasta. Don Francisco parecía una estatua, como quien no siente ni padece. La vieja continuó consolándolo, contándole cuanto había sucedido en la muerte y el entierro de su abuela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ ¡Acuérdate de rezar por su alma!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estas palabras tuvieron la virtud de hacer regresar a Don Francisco y olvidando sus tristes pensamientos se dio cuenta de que estaba a punto de echarse a llorar. Montó en la Lambretta y sin despedirse siquiera de la vieja portadora de malas noticias, arrancó la moto de una rabiosa patada y se dirigió a la salida del pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El viento le secaba las lágrimas en la cara. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2413367322545286945?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2413367322545286945/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2413367322545286945' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2413367322545286945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2413367322545286945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/12/la-tia-perdiz.html' title='La tía Perdiz'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8733328462372960442</id><published>2010-10-20T12:58:00.001-07:00</published><updated>2010-10-20T13:00:27.810-07:00</updated><title type='text'>Apuntes para una novela</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Nadie habrá dejado de recordar el espectacular y pavoroso incendio que no hace muchos años se declaró en la recoleta Rúa dos Loureiros en Santiago de Compostela. Al menos ningún santiagués ha podido olvidarlo, porque a pesar de la diligencia y prontitud con la que actuaron los servicios de bomberos y policía, resultó imposible evitar la destrucción de varias casas, e incluso hubo personas que salieron maltrechas y algo asfixiadas aunque gracias al Apóstol llegaron todas a recuperarse. Lo cual ofreció interesante asunto de conversación a los vecinos de Santiago durante varios meses e incluso años y aunque se llevó a cabo una investigación en forma, nunca se pudo determinar el motivo de tan espectacular y descomedido siniestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todo el mundo sabe o debería saber, la Rúa dos Loureiros es una pequeña calleja, estrecha y torcida, situada extramuros de la ciudad, al lado de lo que fue el cementerio de Bonaval, hoy convertido en parque. Viviendas de bajo y dos plantas, techadas con pizarra, como suele ser habitual en la zona, donde residen familias que conforman una pequeña comunidad regularmente avenida, como ocurre normalmente en las poblaciones que, sin ser aldeas, no alcanzan todavía la categoría de metrópolis. A consecuencia del incendio, varios vecinos perdieron su casa y alguno de ellos jamás volvió a residir allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al cabo, la vida recuperó la rutina habitual y el siniestro pasó a convertirse en una historia más, dentro del rico anecdotario de la capital compostelana. Las viviendas afectadas se repararon, algunas fueron derribadas y se construyeron de nuevo con materiales supuestamente más apropiados y hoy la calle tiene un aspecto completamente diferente al que mostraba antes del fuego, aunque continúa siendo una calleja pequeña, estrecha y torcida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabemos que en caso de catástrofe, la policía acordona la zona y los bomberos atacan las llamas hasta apagarlas. Pero en lo que casi nadie piensa es en lo que ocurre después, una vez sofocado el incendio, enfriados los últimos rescoldos y levantado el cerco policial. Pues lo que sucede entonces es que los servicios de limpieza intervienen luego, retirando cascotes, mangueando cenizas y recogiendo desperdicios para tratar de devolver a la zona siniestrada lo más rápidamente posible un aspecto pulido, retirando todo aquello susceptible de constituir un riesgo o una incomodidad para el transeúnte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es el caso que en uno de los edificios completamente arrasados tenía su residencia y despacho un ilustre notario de Santiago que observó impotente asistido por un tagarote como además de su propia vivienda, gran parte de sus archivos y protocolos eran pasto de las llamas y los que no, quedaban inutilizados e inservibles entrando a formar parte de los desperdicios y residuos que la brigada de limpieza recogía a brazadas y depositaba en un contenedor. Allá iban los restos de testamentos, escrituras, libramientos y constituciones de préstamos o hipotecas, manejados sin ningún miramiento por las manos enguantadas del personal del servicio de limpieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entre todos estos viejos y deteriorados documentos hubo uno, en bastante buen estado de conservación que llamó la atención del operario encargado de arrojarlo al contenedor. Tenía por título o encabezamiento Una historia de amor. Parecía ser un testamento, o por mejor decir, un codicilo que alguien había escrito en fecha no determinada, pues debido a que todo el documento estaba compuesto a mano y con letra no demasiado clara, no le fue posible al limpiador, poco versado en caligrafías, establecer su antigüedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo el hombre era curioso y determinó guardar aquellos papeles librándolos así de la definitiva destrucción y olvido, para darlos a leer a persona más experta y entendida en letras escritas a mano cuando hubiere lugar y ocasión. Y no se retrasó mucho este momento, pues nuestro hombre tenía por costumbre aplacar la sed por la Rúa de Francos con un tal Vidueiras, amigo y estudiante de Humanidades, a quien le comunicó su hallazgo y la curiosidad que tenía por leer, o al menos tener conocimiento, de lo que en aquel documento o codicilo se contenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue como Vidueiras, joven sagaz y astuto, más mojón que estudiante, leyó con detenimiento aquél escrito, encontrando que era una autobiografía en la cual se relataba casi toda la vida o al menos los más importantes sucesos de ella, de un abogado que había desempeñado su profesión en Castilla y que al parecer escribió la historia encontrándose ya muy enfermo y acabado, queriendo dejar constancia de su existencia y de sus actos. Le pareció al virote que el relato estaba tan bien compuesto, así literariamente como en lo tocante al argumento de la historia, que cabría la posibilidad de retocarlo en las partes que a consecuencia del incendio le faltaban y tratar de darlo a la estampa, para de esta forma enjugar un poco su maltrecha economía. Y aunque era más harón que diligente se puso a ello con dedicación absoluta un par de meses, tiempo durante el cual se tiene constancia de que la venta de tazas de ribeiro descendió en el Franco, pues Vidueiras, que era uno de sus principales consumidores, se encontraba hasta tal punto ocupado y embebido en la composición y retoque de la historia que apenas se dedicaba a otra cosa: trasladó todo el escrito a su ordenador punto por punto sin alterar una coma, agregó de su cosecha las palabras o frases que el fuego había hecho ilegibles y solamente se atrevió a cambiar el uso de la primera persona en que el codicilo estaba escrito, como suelen estarlo las autobiografías, por la tercera, por parecerle a él que de ese modo el escritor se aleja de la acción, colocándose en un plano menos personal, lo cual le da la posibilidad de criticar a los personajes, posibilidad que desaparece si uno de ellos es, además, quien escribe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de mucho corregir, añadir y enmendar dio por fin la obra por acabada y se dispuso a entrar en negociación con algunas editoriales, haciéndoles creer que la novela era original, producto de su propia invención y compuesta por su mano. Pero yo, que aunque de seco ingenio soy codicioso, con mayor nocturnidad que alevosía me hice con el escrito y ganando a Vidueiras por la mano lo di luego a la imprenta, para disfrute y entretenimiento de lectores desocupados y para remedio de mi bolsa. Y dicha historia tendré el gusto de transcribir aquí cualquier día de estos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8733328462372960442?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8733328462372960442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8733328462372960442' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8733328462372960442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8733328462372960442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/10/apuntes-para-una-novela.html' title='Apuntes para una novela'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1850461095022197542</id><published>2010-10-08T03:26:00.000-07:00</published><updated>2010-10-08T03:29:18.247-07:00</updated><title type='text'>El concepto de la angustia</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar del título, quiso que quedara constancia de que siempre estuvo lejos de su intención cometer la inmodestia de pretender utilizar como palimpsesto el libro del genial Kierkegaard, padre de la angustia más angustiosa y tío de todas las demás. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero no podía dejar de reconocer que estaba asistiendo, estupefacto, a la desaparición de todo aquello que había constituido su mundo, tanto en el plano personal y familiar como en el puramente físico, pues hasta sus paisajes y sus edificios iban desapareciendo de manera que en ocasiones le resultaba difícil reconocer los entornos en los que se había criado, y por los que había paseado; aquellas calles y lugares en los que, furtivamente, comenzó a admirar los cuerpos de las pequeñas Venus de ojos como el carbón y trenzas brillantes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a las personas, si alguna vez se paraba a echar la cuenta, constataba asustado que el número de seres queridos, entre familiares, amigos y compañeros, que poblaban la parte de allá de las tapias del cementerio iba en aumento año tras año. Y cuando pensaba en cementerio no lo hacía en uno en concreto, pues tanto le daba el Carmen, como las Contiendas como San Justo o Collserola. El caso era que la constatación de la destrucción paulatina pero irreversible de su entorno físico y afectivo le generaba angustia cada vez que recapacitaba sobre ello. Porque tampoco le era posible actuar como aquél feliz inconsciente de la copla: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que me doy cuenta&lt;br /&gt;de que tengo que morir&lt;br /&gt;bebo otra jarra de vino&lt;br /&gt;y me harto de dormir. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Siempre le había producido infinita complacencia conversar con personas de más edad que él y no solamente por aquello de recibir consejos, sino porque el único modo que un joven tiene de adquirir experiencia, sin aguardar a que el tiempo pase, es asimilando la experiencia ajena. Pensaba que, al fin y al cabo, los ancianos se hallaban al final de una carrera que quizá él mismo tuviera que recorrer algún día si tenía suerte, porque no hay más que un par de alternativas y envejecer es la mejor de las dos. Por eso, porque esperaba llegar a andar la misma ruta que ellos ya habían andado, le parecía natural intentar averiguar si el camino era fácil o arduo, penoso o ligero, llano o escarpado, tratando de mitigar, con ese conocimiento, la angustia que nos genera lo ignorado. Y ahora, que estaba en esa edad sublime que los poetas llaman el umbral de la vejez, se esforzaba en recordar las enseñanzas de todos los ancianos con los que había hablado en su vida sin que esos recuerdos le sirvieran absolutamente para nada, porque el conocimiento de la angustia ajena no mitiga en absoluto la propia y después de tanto pensar y tanto leer se reconocía incapaz de decidir si su situación actual resultaba cruel, normal o simplemente vulgar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con frecuencia le sucedía que al encontrarse con personas de su edad todas las conversaciones se reducían a una elaborada y repetitiva sarta de quejas y lamentos: recuerdos, plagados de nostalgia, de los placeres del amor y de la mesa así como toda suerte de goces de similar naturaleza que se descubren en la adolescencia, se malgastan en la juventud y se acaban con la madurez. Y estas personas se afligen por este quebranto, como si fuera la pérdida de los más grandes bienes que un hombre pudiera atesorar. “La vida de entonces era dichosa” dicen “mientras que la presente no merece ni el nombre de vida”. Algunos se quejan además de los ultrajes a que se ven expuestos por razón de la edad, porque la juventud, afirman, ya no respeta nada, los hijos te obligan a cuidar de los nietos y las cosas no son como antes: son infinitamente peores. Hablan de la edad solo para acusarla y hacerla culpable de todos sus males. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero él a veces pensaba que quizá, con ser la edad responsable de muchos duelos, no es la principal causa de todos ellos, porque si fuese así, el paso del tiempo debería de producir indudablemente en todos los ancianos los mismos efectos. Sin embargo todos hemos conocido a algunos de carácter bien diferente. En concreto recordaba que hacía tiempo, encontrándose en conversación con un viejo agudo y vitalista, cuando le preguntó si la edad le permitía todavía gozar del amor le respondió: “Quita, quita, que hace ya varios años que me libré de esa tiranía que me tuvo esclavizado desde los catorce” Entonces pensó que decía la verdad pero ahora cree que el que no se consuela es porque no quiere. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bienaventurados los animales, porque parece ser que no son conscientes de su propia existencia finita e ignoran que están predestinados a morir. Y bienaventurados también aquellos que son capaces de vivir cada día como si fuera el último de su existencia, porque acabarán acertando. Lo más angustioso del paso de los años no es la pérdida de los placeres que comúnmente se asocian con la juventud sino la constatación del propio deterioro físico e intelectual; un deterioro que somos incapaces de frenar y que sabemos positivamente a donde nos conduce, aunque ignoramos cuando lo hará, que el hombre no podría soportar la vida si conociera la hora de su muerte. La vejez, en efecto, es un estado de reposo y libertad respecto de los sentidos. Cuando la violencia de las pasiones ha rebajado sus fuegos y la premura económica no representa ninguna intranquilidad, se ve uno entonces libre de multitud de furiosos tiranos a los cuales ha estado sometido durante años. En cuanto a los supuestos ultrajes de los que se quejan muchos mayores achacándoselos a la edad, hacen muy mal. Porque no son los años los culpables de eso si no su propio carácter, que cuando uno tiene costumbres suaves y convenientes la vejez es soportable; pero cuando no las tiene incluso la juventud supone una carga. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El que no se consuela es porque no quiere.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque además todo esto le llegaba asociado a la pérdida del entorno social, familiar e incluso paisajístico. Desaparecían sus familiares, estaban desapareciendo los amigos y compañeros de tantos años y para colmo habían derruido la mayoría del paisaje urbano en el cual creció, jugó, río y lloró. Verdaderamente es cierto que poco a poco va aumentando el número de personas queridas que ya están del otro lado de la tapia del cementerio y las plazas, calles y lugares en los que había crecido son simplemente viejas fotos en blanco y negro, sitios que no existen, si no es en el recuerdo doloroso. Y no era capaz de explicar cómo ni cuándo había ocurrido todo aquello, porque le daba la sensación de que ayer mismo por la tarde las cosas eran como él las recordaba y las personas estaban donde tenían que estar. No sabía en virtud de qué extraño sortilegio se habían marchado, sin embargo estaba seguro de que ni el paisaje de su infancia y juventud, ni los edificios donde creció ni las personas amadas iban a volver jamás. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero de pronto se le ocurrió una idea absurda y novedosa. Todos damos por sentado, lo tenemos asumido y lo creemos firmemente que de la muerte no se regresa, no se puede regresar, se entra en una dimensión de la que nadie puede salir, o a lo mejor simplemente se sale de toda dimensión. Pero quizá, sólo quizá, no es que no puedan volver, es que no quieren hacerlo. Puede resultar que este mundo, este querido planeta, sea simplemente un presidio a dónde envían a cumplir largas condenas a los reos de algún paraíso que existe más allá de la galaxia; quizá, sólo quizá, esto sea estrictamente un lugar de destierro y castigo y ya se sabe que quien ha estado en esos lugares, jamás quiere regresar cuando se aleja de ellos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si esto fuera así, no es que no puedan volver, es que no quieren. Y están todos juntos en algún lugar, viviendo en los edificios de siempre y haciendo lo que siempre hacían, esperando a que nosotros acabemos de cumplir nuestra condena. O al menos que nos den la condicional.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El que no se consuela es porque no quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1850461095022197542?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1850461095022197542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1850461095022197542' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1850461095022197542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1850461095022197542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/10/el-concepto-de-la-angustia.html' title='El concepto de la angustia'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-7960784071055275938</id><published>2010-09-06T22:54:00.000-07:00</published><updated>2010-09-06T23:02:44.539-07:00</updated><title type='text'>La educación</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A mediados de los setenta parecía que todo el problema se iba a resolver invirtiendo más dinero en educación, más libros y material, más colegios, más profesores, más aulas. Necesitábamos hacer un mejor seguimiento a los niños, aquello de la evaluación continua, la implicación de la familia, la dedicación de los docentes…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y nos pusimos manos a la obra construyendo institutos, subvencionando colegios y estableciendo por ley estudios obligatorios cada vez hasta edad más avanzada, sin considerar si el alumno servía o simplemente quería estudiar. Hoy los chicos tienen que permanecer en los centros de enseñanza secundaria como mínimo hasta los 16 años, independientemente de que tengan o no capacidad o de que quieran o no estudiar. También emprendimos el camino hacia el  acceso a la universidad para todo el mundo y la cultura popular, que es un contrasentido en sí mismo, pues siempre la cultura fue patrimonio de una élite cuyos miembros, hace de esto algunos años, se llamaban intelectuales. Quizá alguien recuerde cuando existían.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero el caso es que, después de dedicarnos una década a construir y dotar centros escolares  los niños no aprobaban los exámenes, con lo cual no podíamos llevar a cabo ese magnífico plan de que todo el mundo terminara el bachillerato, para figurar en las estadísticas de la UNESCO como el país con mayor número de personas con estudios secundarios. Un desastre. Con el dinero que nos habíamos gastado en institutos y en formar profesores y ahora resultaba que todo aquello era un fracaso, simplemente porque los chicos no estudiaban, no aprobaban los exámenes y entonces el porcentaje de los que terminaban la enseñanza secundaria era exactamente el mismo que cuando no existía el concepto de cultura popular.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Qué podíamos hacer? A alguien se le ocurrió la idea genial: hay que bajar el nivel de exigencia, los pobres niños no aprueban porque les pedimos demasiado, es preciso reformar los planes de estudio para que todos los chavales puedan terminar la enseñanza secundaria y acceder a la universidad. Además, cuantos más universitarios haya, más moderno y culto se considerará al país y cuantos más alumnos  procedentes de un colegio accedan a estudios superiores, más eficiente y elitista se considerará el colegio.  Lo primero que hicimos fue suprimir las reválidas, que eran un método por el cual a los catorce años se le explicaba a un niño que, bien por su incapacidad o por su vagancia, no era adecuado para seguir en la enseñanza secundaria. Entonces de ese niño hacíamos un fontanero, en lugar de un fracasado escolar. Claro, esto no es democrático porque todo el mundo tiene que tener derecho a todo siempre y como lo de la supresión de las reválidas no fue bastante se pusieron en marcha diversos planes de estudios, modificaciones de los mismos y órdenes ministeriales explicativas de los puntos oscuros. Así, en unos cuantos años hemos llegado a que resulta suficiente conocer la tabla de multiplicar para entrar en la Escuela de Ingeniería Aeronáutica. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¿5x3?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          15&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¡Muy bien! ¡Hala! ¡A estudiar dinámica de fluidos!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego nos preguntamos por qué ocupamos el puesto 18 en la Unión Europea en número de científicos y el primer puesto en fracaso escolar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero la palabra “educación” es una de esas que todos los políticos de todas las tendencias pronuncian en cada mitin y en cada entrevista. Yo he tenido la paciencia de elaborar una lista con las palabras más pronunciadas por nuestros representantes y “educación” ocupa el primer lugar. Luego viene trabajo, sanidad, unidad, solidaridad y un largo etc. en el que ya existen diferencias por razón de ideología: por ejemplo la derecha utiliza más la palabra “España” y la izquierda la palabra “trabajadores”.  Pero en lo de la educación no falla nadie. Parece que todos están de acuerdo en que el sistema educativo apesta, pero sin embargo con incapaces (como casi siempre) de buscar una solución, a pesar de que se supone que buscar y aplicar soluciones a los problemas de la sociedad, es precisamente su cometido y su razón de ser y además cobran buenos sueldos por hacerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo yo creo que el asunto de la educación, como tantos otros, jamás se solucionará, no mejorará en absoluto, hemos de olvidarnos de eso y tratar de ser felices con lo que tenemos. Esto está ocurriendo en muchos otros países, de lo cual mi paranoia deduce que hay alguien a quien no le interesa que los sistemas educativos funcionen. Efectivamente, los dueños del mundo no quieren educación de calidad. Y estoy hablado de los verdaderos dueños del mundo, los grandes financieros que controlan enormes fortunas y poderosas corporaciones que tienen intereses en cualquier asunto importante y que realmente son quienes toman todas las decisiones trascendentales. Vamos a olvidarnos de los políticos. Los políticos están ahí puestos, para hacernos creer que tenemos libertad para decidir qué tipo de actuaciones queremos que se lleven a cabo en  nuestro país y quienes están más capacitados para hacerlo. Esto es un cuento, vamos a dejar de lado toda esta falacia. No tenemos libertad de elección, no la tenemos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que tenemos son dueños. Tenemos dueños de todo: desde las grandes empresas que producen los alimentos que comemos y la ropa con la cual nos vestimos, hasta las grandes cadenas de distribución que colocan todo en el lugar adecuado para que nos lo podamos llevar a casa;  nuestros dueños controlan los bancos, las corporaciones multinacionales, corrompen políticos, compran intereses, presionan a los gobiernos y tienen en su cartera a muchos alcaldes, concejales y jueces. Son los amos de los grandes medios de comunicación, así que pueden decidir qué información recibimos. En definitiva: estamos en sus manos. Se gastan millones cada año en pagar corrupciones, presiones, chantajes; en publicidad de sus propios productos y en propaganda de la forma de vida que a ellos les interesa que llevemos. No van a parar hasta conseguir lo que quieren.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero nosotros sabemos lo que quieren. Quieren más todavía para ellos y menos para todos los demás. Y también sabemos lo que no quieren: no quieren una población de ciudadanos cultos e instruidos capaces de pensar críticamente y de tomar decisiones colectivas; no quieren gente formada, informada y con pensamiento crítico; no están en absoluto interesados en promover eso, porque no les ayudaría para nada a conseguir sus objetivos y a defender sus intereses. No quieren personas suficientemente listas como para ser capaces de sentarse y pensar en la manera en que están siendo manipuladas y engañadas por un sistema que hace treinta años los tiró literalmente a la basura, se desentendió de ellos y paso a considerarlos únicamente como fuerza de trabajo y como consumidores.  Los grandes dueños del mundo quieren que las cosas permanezcan como están, necesitan millones de trabajadores obedientes e incapaces de elaborar un solo pensamiento crítico. Trabajadores obedientes que nunca lleguen a tener la capacidad de raciocinio suficiente como para cuestionar el sistema. Trabajadores obedientes y alienados que sean lo suficientemente listos como para hacer funcionar sus máquinas y realizar el trabajo administrativo de sus empresas pero lo bastante estúpidos como aceptar sin rechistar el aumento de jornada, los salarios de miseria, el incremento de los beneficios para el capitalista y la reducción de las pensiones. Pero sobre todo, por encima de todo quieren también que los trabajadores obedientes consuman, que se gasten todo lo que ganan en productos superfluos,  que adquieran coches, televisiones, ordenadores, teléfonos móviles, viajes… Si puede ser a crédito mucho mejor, porque así se benefician también sus amigos banqueros. El círculo se cierra: ganan dinero a base de explotarlos en el trabajo y siguen ganando dinero cuando los explotados trabajadores obedientes compran sus productos. Porque en definitiva, los dueños del mundo lo quieren todo, absolutamente todo, para enviárselo a sus amigos criminales y ladrones de Wall Street. Lo quieren todo y lo que verdaderamente da miedo es que sabemos que, tarde o temprano, lo tendrán. Lo tendrán porque son los dueños absolutos de esta sociedad capitalista y de este mundo miserable. Es un gran club, un club de élite y a nosotros no nos han invitado a pertenecer a él. Es el mismo club que utilizan para triturarte todo el día la cabeza diciéndote lo que debes creer; todo el día machacándote con sus medios de comunicación para decirte cómo debes vestir, qué comida debes comer, qué música tienes que escuchar, qué nuevo electrodoméstico necesitas y con qué acontecimientos has de emocionarte. Las buenas cartas siempre les entran a ellos; el juego está amañado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie parece darse cuenta de esto y a nadie parece importarle. Las buenas personas, trabajadoras y honradas, oficinistas, obreros, empleados; toda esta buena gente, continúan eligiendo a su políticos ineficaces o corruptos, a quienes no les importamos lo más mínimo, no les importamos un bledo, no se preocupan por nosotros para nada en absoluto, para nada. Y nadie parece darse cuenta o a nadie parece importarle. Los dueños del mundo cuentan con eso y esa es la razón de que sea necesario mantener a la gente obstinadamente ignorante y por eso todos los planes de estudios fracasarán. Los amos de todo esto saben la verdad, ellos sí son conscientes de todo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-7960784071055275938?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/7960784071055275938/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=7960784071055275938' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/7960784071055275938'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/7960784071055275938'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/09/la-educacion.html' title='La educación'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-4960458739937687576</id><published>2010-08-26T03:03:00.000-07:00</published><updated>2010-08-26T03:04:19.080-07:00</updated><title type='text'>Corazón herido</title><content type='html'>De soledad herido y casi muerto,&lt;br /&gt;roto mi corazón en su armonía,&lt;br /&gt;amanece la noche cada día,&lt;br /&gt;llega la oscuridad a este desierto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me mata el encontrarme al descubierto,&lt;br /&gt;en tan estrepitosa lejanía,&lt;br /&gt;encogido de angustia por la fría&lt;br /&gt;certeza desolada de lo incierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De presente y pasado vengo herido,&lt;br /&gt;llevan mis venas sangre acidulada&lt;br /&gt;que perfora mi piel tan desgastada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maduro y frágil con cada latido,&lt;br /&gt;al ritmo de la vida ya pasada&lt;br /&gt;palpita el corazón estremecido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-4960458739937687576?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/4960458739937687576/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=4960458739937687576' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4960458739937687576'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4960458739937687576'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/08/corazon-herido.html' title='Corazón herido'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-4869852388314701780</id><published>2010-08-13T19:17:00.000-07:00</published><updated>2010-08-13T19:18:48.608-07:00</updated><title type='text'>La sinceridad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El desprecio que sentía por la sociedad en general se debía, a su parecer, a algo tan sencillo como la ética; o mejor dicho, la absoluta carencia de ella, al menos del modo simple como él la había entendido siempre. Esto podría demostrarse de diversos modos, pero, por poner un ejemplo, planteaba una serie de sencillos axiomas: un director ejecutivo de un banco que, por pura incompetencia, pierde cientos de millones en disparatadas operaciones especulativas, no debería conservar su puesto de trabajo. Un empresario que se dedica a negocios ilegales mediante empresas tapadera debería ir directamente a la cárcel. El dueño de una inmobiliaria que obliga a los jóvenes a pagar un pastón en dinero negro por un cuchitril inmundo donde ni los cerdos vivirían, debería ser expuesto inmediatamente al escarnio público.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El pensaba que en esta sociedad tendría que existir alguna persona o institución encargada de vigilar de cerca y desenmascarar estas actuaciones de los tiburones financieros que provocan crisis de intereses y que especulan con los pequeños ahorros de la gente en chanchullos sin sentido de empresas inviables. Sin embargo tenía la convicción de que nadie realmente controlaba estas cosas porque el dinero y el poder que se movía en torno a esta gentuza era tanto que no había la menor posibilidad de controlar a su vez al controlador, todo esto en medio de una sociedad sumida en la indolencia y la desidia, en la cultura del beneficio rápido y cuya máxima aspiración es lograr las cosas sin esfuerzo. En esto del control de las operaciones financieras de riesgo o de los negocios directamente delictivos  no pensaba, desde luego, ni en los poderes públicos absolutamente ineficaces e incompetentes y ni siquiera en las fuerzas del orden. Los periodistas políticos, por ejemplo, no dejan de estar ojo avizor, a veces de modo inmisericorde, para someter inmediatamente al conocimiento y escarnio público cualquier paso en falso dado por ministros o parlamentarios. Sin embargo no existe nada parecido en relación con los grandes empresarios y financieros, absolutamente opacos en sus obscenas maniobras y en sus ostentosas vidas privadas. Nadie sabe nada de ellos hasta que un escándalo de proporciones gigantescas sale a la luz, dejando en la ruina o sin trabajo a cientos o miles de personas honradas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero todavía hay algo peor. Admiramos a estos tiburones de pacotilla, a estos carroñeros de la sociedad. Cierta prensa y ciertos programas de televisión se dedican a exhibir y jalear los supuestos triunfos de estos depredadores y a disculparlos después en su caída. Personas que votarían por la pena de muerte para alguien que les roba el coche, excusan íntimamente a especuladores inmobiliarios, banqueros incompetentes y empresarios explotadores. Nunca había sido capaz de comprender por qué la prensa se cebaba con una especie de reiteración obsesiva en un parlamentario o un alcalde que había obtenido alguna ventaja relacionada con su cargo, mientras pasaba de puntillas sobre operaciones que suponían miles de millones de pérdidas para personas o instituciones; pérdidas que generalmente acababan recayendo sobre el dinero público.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Quizá todo sea debido a la cultura del beneficio fácil, de la fama y de la falta de esfuerzo. Porque ahora parece que todo el mundo es sujeto de todos los derechos simplemente por el hecho de nacer. Los premios o los logros que antes se conseguían a base de constancia, voluntad y trabajo, parece que ahora son derechos inalienables de las personas, con tanta validez como el derecho a la vida o a la libertad. Hace treinta o cuarenta años nos decían que había que trabajar y esforzarse, que las cosas se consiguen con tenacidad, que la honradez es una virtud y que el respeto por los bienes ajenos es incuestionable. Pero ahora, del mismo modo que escuchamos publicidad del tipo “adelgace sin pasar hambre” “deje de fumar sin esfuerzo” o “aprenda inglés en diez días”, quizá de algún modo subliminal nos están también transmitiendo “hágase rico sin prejuicios”, “supere la honradez” “piense solamente en sí mismo”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El mantenimiento de las antiguas convicciones (trabajo, esfuerzo, tenacidad, constancia, honradez, respeto) le había llevado a protagonizar algún que otro sonoro enfrentamiento, antes con sus compañeros de trabajo y ahora con sus colegas de vino y cafetería lo cual, en definitiva, solo conseguía aumentar en él el profundo desprecio que sentía hacia esta sociedad, de modo que todo se convertía en un infernal círculo vicioso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La base del asunto debe ser que su evolución ética y estética no llegó a traspasar el umbral del año 68. Por otra parte tampoco ha sido capaz de gestionar adecuadamente la sinceridad, y como decía Groucho Marx, el inefable, la sinceridad es el problema. Una vez que aprendes a superarla y a mentir, lo tienes todo resuelto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-4869852388314701780?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/4869852388314701780/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=4869852388314701780' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4869852388314701780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4869852388314701780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/08/la-sinceridad.html' title='La sinceridad'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8455874231065120662</id><published>2010-07-25T08:55:00.000-07:00</published><updated>2010-07-25T08:57:13.838-07:00</updated><title type='text'>Cadena de montaje</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El utilitario. El automóvil. El coche, si es que se le quiere llamar así confirmando de este modo que somos españoles, pues solamente aquí se utiliza esta palabra que tiene el mérito de ser una de las pocas procedentes del húngaro incorporadas al castellano. En el resto de los países que hablan nuestro idioma al automóvil le llaman carro, como en inglés.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo está al corriente de que se fabrica con diversos materiales, fundamentalmente acero, diversos tipos de plástico, y vidrio; pero saber realmente cuanto se tarda en construir cada uno de ellos es misión casi imposible, porque dependiendo del modelo y de las instalaciones del fabricante, pueden llegar a producirse al increíble ritmo de uno cada tres minutos. Hace muchos años todo comenzaba en la mente de un diseñador que trazaba distraídamente, con un carboncillo, unas líneas onduladas en una cuartilla. A partir de ahí se ponía en marcha un proceso en el que los ingenieros y los diseñadores trataban de llegar a un acuerdo sobre el aspecto y las prestaciones del vehículo final; en esta discusión los técnicos defendían la parte práctica y los diseñadores la estética. Como resultado de todo esto, cada marca y cada fabricante tenían una línea perfectamente reconocida, personal y propia que lograba que los clientes fuéramos capaces de distinguir la marca con solo ver pasar uno de sus productos fugazmente por la carretera. Hoy las cosas han cambiado, porque en este mundo ya no hay lugar para el artista y mucho menos aun para el artesano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar ocurre que todos los fabricantes se sienten empujados por la necesidad de cambiar o modificar sus modelos cada dos años, circunstancia que jamás ha ocurrido en la historia de la humanidad, pues los cambios de estilo, de línea o de moda se han venido produciendo en el transcurso de décadas o incluso de siglos. El románico estuvo vigente cuatrocientos años, el romanticismo un siglo y los tejanos llevan cuatro décadas. El FIAT 1.500 y el Renault 12 se fabricaron durante diez años sin apenas variaciones. Pero ahora, algo que permanezca en el escaparate más de dos años está obsoleto, es viejo y hay que cambiarlo. Ni el más inspirado diseñador podría colocar en el mercado un producto realmente competitivo cada dos años, por lo tanto se recurre a otros procedimientos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las grandes marcas contratan una o varias empresas de las que se dedican a hacer estudios de opinión, que es como técnicamente se conocen las encuestas. Se lleva a cabo un estudio de opinión a nivel casi planetario, o al menos desde luego en las zonas del mundo donde la empresa que contrata el estudio suele vender sus productos. Así, se pregunta a cientos o miles de personas cómo les gustaría que fuera su próximo coche, se les presentan líneas y bosquejos para que ellos elijan entre varios, se les interroga acerca de sus  gustos, se les pregunta por sus posibilidades reales de compra pero también por su sueños y una vez terminado todo el proceso, que puede durar un año, se vuelcan los datos obtenidos en un ordenador y este traza el diseño del nuevo vehículo. Por esto ya no hay línea distintiva de la marca; los coches son más o menos iguales porque las respuestas de los encuestados son las mismas, independientemente de por cuenta de qué fabricante trabaje el encuestador que se las hace.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay ocasiones en las que podemos transigir con la idea de que el coche particular es imprescindible para permitir que algunas personas puedan llevar a cabo aquello que les es propio, pero mayoritariamente el utilitario es simplemente un capricho e incluso a veces se transforma en la suprema manifestación de la jactancia humana, por ejemplo esos carísimos vehículos deportivos de dos plazas cuya única función parece ser la de engrosar la fatua vanidad de sus propietarios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hace algunas décadas, cuando el mundo parecía derivar hacia las cosas prácticas y la igualdad, estuvo a punto de desaparecer la cualidad que siempre había tenido el automóvil de diferenciar a simple vista la clase social de su poseedor. En este sentido no era raro ver con un 600 o un 4/4 tanto a médicos como a oficiales de carpintería; parecía que el coche iba a convertirse en algo tan anodino y falto de prestigio como el pañuelo de bolsillo  y los fabricantes llegaron a estar preocupados, por lo que se decidieron a emprender una agresiva campaña publicitaria para resaltar que gran parte de la consideración de cada uno, de la forma en la que los demás nos perciben, depende del vehículo que poseamos. Así, vimos anuncios en los que la chica se decantaba por el chico que pilotaba tal automóvil, o aquel otro en que un grupo de peatones se quedaba anonadado contemplado pasar a alguien a bordo de un coche; vimos ataques de rabia por no haber comprado tal modelo y de celos porque su vecino sí lo tenía. Incluso nos presentaron a clientes desesperados hundiéndose en la más profunda depresión porque se reconocían incapaces de adquirir el automóvil que sin duda les hubiera devuelto la felicidad. Y es que nos mostraban el coche como algo conveniente e imprescindible, no ya para viajar, sino para triunfar o simplemente para ser feliz en la vida. También se asociaron ciertas marcas y determinadas gamas dentro de cada marca a hombres triunfadores e influyentes, que tenían reservado vuelo a Bangkok aquella misma noche, mientras que la purria que no poseía ese automóvil regresaba desconcertada a Moratalaz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La campaña fue un éxito, como no podía ser de otro modo, porque cuando tres o cuatro grandes compañías del ramo que sea, se reúnen con el fin de vendernos algo, a lo más que podemos aspirar es a que el producto no sea demasiado caro, porque seguro que acabaremos comprándolo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se resolvió el problema, las fábricas comenzaron a invertir en nuevas ideas y la industria floreció de nuevo. Si el automóvil es algo que distingue, nada mejor que adquirir el más lujoso y exclusivo que podamos para distanciarnos de los otros millones de habitantes que están en la parte baja de la pirámide social. La demanda de vehículos caros aumentó y fue en esta época cuando se vendieron miles de todoterrenos que el único desnivel que llegaron a salvar antes de ir al desguace fue el vado del garaje. Las marcas construían nuevas fábricas con la ayuda económica de los gobiernos y contrataban a miles de trabajadores, también en muchos casos subvencionados por las administraciones, que preferían ver al personal sujeto a una cadena de montaje y enganchado definitivamente al consumo que protestando por las calles, vagueando o, lo que es peor, pensando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y estaban siendo felices y comiendo perdices cuando llegó la crisis para demostrar que mantener la prosperidad a base de fabricar productos innecesarios es algo totalmente ficticio, sean estos productos viviendas, vehículos o cualquier otra cosa. Paradójicamente también los gobiernos acudieron a salvar a los grandes fabricantes que se habían instalado con ayudas públicas y que durante los años de bonanza se habían embolsado cientos de millones siguiendo está máxima económica, tan de moda ahora y tan incomprensible para los profanos, que consiste en considerar propiedad privada los beneficios a la vez que se socializan las pérdidas. En diversos países europeos se establecieron importantes incentivos fiscales para la compra de automóviles y en los Estados Unidos el gobierno federal inyectó directamente miles de millones en las arcas de los grandes fabricantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo parece que nadie ha aprendido nada. Porque lo único que se pide es que la demanda, es decir el consumo, vuelva a aumentar, para de ese modo poder ofrecer de nuevo ayudas económicas a los fabricantes que quieran instalarse, modernizar sus factorías o contratar más trabajadores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto sí que es una cadena de montaje que nunca para y que siempre genera beneficios aunque lo que reparte sean las pérdidas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;…¿De dónde saldrá el martillo&lt;br /&gt;verdugo de esta cadena?&lt;br /&gt;Que salga del corazón&lt;br /&gt;de los hombres jornaleros…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8455874231065120662?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8455874231065120662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8455874231065120662' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8455874231065120662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8455874231065120662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/07/cadena-de-montaje.html' title='Cadena de montaje'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-6229406917261882642</id><published>2010-07-15T12:53:00.000-07:00</published><updated>2010-07-15T12:54:18.755-07:00</updated><title type='text'>Oración</title><content type='html'>Líbrame de aquella gente,&lt;br /&gt;vestida de muselina,&lt;br /&gt;con su dialéctica fina&lt;br /&gt;y moral ambivalente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Líbrame también del diente,&lt;br /&gt;de quien me muerde y se aleja,&lt;br /&gt;asumiendo que maneja,&lt;br /&gt;la perfección en su mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y líbrame del presente,&lt;br /&gt;que es presente y es espina,&lt;br /&gt;pues detrás de la cortina,&lt;br /&gt;me espera el mismo accidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Líbrame, que eso es quererme,&lt;br /&gt;del castigo y del abrazo.&lt;br /&gt;Y líbrame del rechazo&lt;br /&gt;de quien me mira sin verme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Líbrame tu, el influyente&lt;br /&gt;de aquel que pasa y me esquiva,&lt;br /&gt;de la amistad abusiva,&lt;br /&gt;del amor indiferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Líbrame así de la muerte&lt;br /&gt;que siempre se ríe sin risa.&lt;br /&gt;Y líbrame de esta prisa,&lt;br /&gt;de esta vida y de mi suerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-6229406917261882642?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/6229406917261882642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=6229406917261882642' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6229406917261882642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6229406917261882642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/07/oracion.html' title='Oración'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1710397856618638829</id><published>2010-06-30T01:19:00.000-07:00</published><updated>2010-06-30T01:22:48.468-07:00</updated><title type='text'>La amistad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; María no tenía a nadie con quien hablar salvo Sara, su vecina de al lado, pero le parecía que no necesitaba a nadie más. Las dos se encontraban en similares circunstancias y se acostumbraron a pasar las tardes juntas después de recoger la cocina y una vez que los chicos se habían ido a la universidad o al trabajo. Conversaban con sinceridad, despojadas de las preguntas y respuestas que suelen caracterizar a todos los intercambios sociales. Se escuchaban la una a la otra delante de una taza de café y con un cigarrillo en la mano lanzándose un torrente de palabras, cambiando de tema, de lugar y de tiempo como solamente las mujeres saben hacerlo y comprenderlo. Curiosamente muchas veces ni siquiera las frases tenían importancia. Lo significativo era la transmisión de las emociones y de los secretos compartidos y para eso con los gestos,  los ademanes y el tono de voz era suficiente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Comunicaban sentimientos y para María era una gran ventaja porque hablaba de cosas que jamás había compartido con nadie y que muchas veces le pesaban en el corazón. Le reveló la pesadumbre que sentía por la pérdida de su madre, hacía ya tantos años; su soledad, a pesar del marido y los hijos y la profundidad de su añoranza y su amargura, cuando despertaba cada mañana, después de haber soñado con la joven y bella mujer que había sido y se encontraba  con la realidad de lo que era ahora. Como ya no tenía obligaciones perentorias de primera hora porque los chicos eran mayores, después de despertar solía permanecer a veces un rato tendida en la cama, mientras permitía que de nuevo penetrase en su mente la idea, fría y detestable, de que todo se había acabado para ella y que su vida, lo que le era propio, hacía tiempo que había muerto. Cierto que se alegraba de los éxitos de sus hijos y se entristecía con sus pesares, pero era consciente de que vivía y sentía en función de los demás: hijos y pronto nietos. Su vida, su propia vida como ser humano individual y único, hacía mucho tiempo que se había terminado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo esto compartía con la vecina en las largas tardes de café y plática; cosas que jamás había mencionado y que nunca se atrevería a compartir con nadie. Sara, que era un poco estoica, le decía que no se angustiase, que la vida era así y que no había nada más que agarrarla por donde se pudiera. Al fin y al cabo había criado unos hijos sanos, todos estaban bien de salud y había mucha gente en el mundo que la apreciaba y otra tanta que la quería sinceramente ¿Qué más se podía pedir, si no disfrutar de lo que se tenía y rezar para que durase? A veces su conversación se elevaba a alturas metafísicas pero hablaban también de la salsa para el pollo, de los precios en el súper, de las rebajas en los grandes almacenes, de los hijos, de los maridos… A Sara le parecía que con todo aquello tenía suficiente, que la vida era así y que llegadas a cierta edad no se podía esperar nada más que conservar lo que se tenía. Ella personalmente estaba bastante satisfecha con su  propia vida y casi se podía decir que era feliz, porque aunque tenía tantas carencias como su vecina, era lo suficientemente sensata como para valorar más lo que poseía que lo que le faltaba, al contrario que María que parecía pensar que nada de lo que había logrado en su vida era suficiente y que todo era vulgar y anodino, vacío y frustrante.&lt;br /&gt;Y en cuanto al marido ¿qué se podía esperar después de treinta y cinco años? No hay amor ni deseo que dure tanto y el matrimonio se limitaba a compartir todo lo que tenían en común, que era mucho, procurando mostrarse afables y educados el uno con el otro. Pero a ella le gustaba recordar lo que sentía por él al principio. Hubo un tiempo en que María le amaba tanto que a veces incluso le asaltaba un temor incontrolable a perderlo y llegó a desearlo de tal modo que por primera vez comprendió a las hembras de los animales en celo y cuando por el verano iban al pueblo, a la casa de sus padres, cada vez que veía al carnero  montando una oveja no podía dejar de pensar en sus propios miembros alrededor del cuerpo de su marido, el sabor de su boca, el olor de su cuello y la cálida extensión que la penetraba para convertirla, mágicamente, en un solo cuerpo con el de él. Y ya se sabe que donde hubo fuego quedan cenizas y en este caso todavía había un buen rescoldo que mantenía a María profundamente unida a su marido, a quien admiraba, respetaba y quería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sara se sentía incómoda cuando su amiga describía aquellos sentimientos y deseos de juventud  con tanta vehemencia y prefería no prestar demasiada atención a las palabras, aunque con los ojos y con los gestos le hacía notar que era consciente de que estaba compartiendo, exclusivamente con ella, unos recuerdos demasiado íntimos y se sentía agradecida y orgullosa por la enorme muestra de aprecio y confianza que su amiga le otorgaba. Y así las dos mujeres estaban vinculadas a través el afecto y la consideración en una entrañable amistad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un día, al cabo de algún tiempo, María empalideció después de desayunar, se sintió mal y vomitó. Hacía algunas semanas que venía encontrándose muy cansada e incómoda, con un malestar, una desazón y una vagancia impropias de ella y absolutamente desconcertantes. María era una mujer fuerte y dura, como las de antes, que incluso cuando había padecido gripes o catarros se las había arreglado para que su casa, su marido y sus hijos estuvieran atendidos. Pero ahora el cansancio y la lasitud podían con ella, que íntimamente achacaba todo a la edad. El primer día que vomitó después del desayuno, llamó a voces por el patio a Sara, para que acudiera en su auxilio y la vecina tuvo que ayudarla a meterse en la cama y posteriormente ella misma limpió y recogió los restos del desaguisado. Pero aquello se repitió nuevamente al cabo de pocos días y cada vez con mayor frecuencia sentía nauseas, inapetencia y cansancio de modo que al fin, a instancias de su marido, de sus hijos y de la propia Sara, acudió al médico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y resultó que las alteraciones que llevaba notando hacía más de un año no eran debidas, como ella pensaba, al comienzo de la menopausia. Solía sangrar un poco después de practicar sexo y también experimentaba pequeñas pérdidas entre dos menstruaciones. María, a sus cincuenta y un años, había desarrollado un cáncer de útero. Técnicamente un carcinoma escamoso in situ de cérvix.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su ginecólogo le explicó lo que significaba eso restándole importancia. Le dijo que aquel tipo de cáncer, en la mayoría de los casos, se producía debido a una infección por un virus llamado papiloma virus que se contagia a través de las relaciones sexuales y que es propio de mujeres promiscuas que practican sexo sin protección. A María le costó entender aquello y se tomó unos minutos para reflexionar. Jamás había estado con otro hombre que no fuera su marido, al que conoció cuando ella tenía 17 años y él estaba en la mili. Su marido fue el primer y único hombre de su vida y claro que practicaban el sexo sin protección, porque ella siempre había utilizado dispositivos intrauterinos para prevenir embarazos no deseados, pero jamás había estado, ni siquiera con el pensamiento, con otro hombre, de modo que era completamente imposible que el motivo de su mal fuera el contagio por aquél virus de nombre tan difícil.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El doctor había mandado esperar fuera al marido de María porque había toreado en muchas plazas como aquella y casi podía predecir cómo se iba a desarrollar la corrida. Le explicó amablemente  que de ningún modo él iba a cuestionar su honra, que su intención no era esa ni muchísimo menos. Simplemente se trataba de un problema médico y de hechos objetivos. Se le había realizado un test de Papanicolaou y se había detectado una infección por virus de papiloma humano del tipo 6 y esa infección se produce por contagio a través de las relaciones sexuales sin protección. Esos eran hechos objetivos, perfectamente contrastables y el saber más no era cuestión que le incumbiera al doctor, simplemente se limitaba a ofrecer a su paciente información veraz de la causa y  el estado de su enfermedad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero María seguía  insistiendo tercamente en que ella nunca había tenido relaciones sexuales con nadie más que con su marido y se cerraba en banda defendiendo la verdad, porque era cierto lo que defendía; pero es que además lo contrario lo percibía como poner en cuestión su honorabilidad y su decencia como mujer casada, lo cual la indignaba infinitamente. El ginecólogo se dio cuenta de que su paciente nunca iba a llegar a la conclusión acertada a través de su propio razonamiento, porque lo que había pasado le era tan extraño que ni siquiera era capaz de imaginarlo o deducirlo. Así que le propinó un pequeño empujoncito:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_             Mire señora: los hombres no desarrollan cáncer de útero, porque no tienen ese órgano. Sin embargo sí pueden estar infectados por el virus del papiloma humano y pueden transmitirlo. Esta enfermedad solamente se contagia a través de las relaciones sexuales y si usted me asegura que solamente las ha tenido con su marido…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_             ¿Eso quiere decir que me ha contagiado él?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El doctor calló, mirándola a los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_             ¿Y cómo puede haberse él infectado? –La inocencia de María y la confianza en su marido eran infinitas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_             A través de relaciones sexuales con otras mujeres. De todos modos esto ya no nos interesa, lo que nos debe ocupar a partir de ahora es el tratamiento que tenemos que implantar para llegar a la total curación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por fin la infeliz lo entendió y su alma quedó sumida en la desolación. Todo aquello que hasta entonces había sustentado sus más profundas convicciones se vino abajo con estrépito. La lealtad, la fidelidad, el respeto, la sinceridad, habían pasado en un momento de ser como verdades reveladas, a meras palabras huecas y sin significado real. El Dr. continuaba hablando pero María no escuchaba nada más que la voz de la humillación y del engaño que le salía del interior. No solamente había sido engañaba, quien sabe cuántas veces y a lo largo de cuántos años, si no que como consecuencia de esas infidelidades había perdido la salud e incluso estaba en riego su vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Abandonó el despacho del Dr. y su marido, que esperaba en la sala de espera, se puso en pie. La mirada de ella era vacía, como los ojos de las calaveras y dura e insensible, como el acero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_             Nunca más, nunca, vuelvas a acercarte a mi. Jamás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su marido trató de argumentar una leve defensa sin mucha convicción, pero María era una mujer de palabra para todo. Cuando prometió amarle y respetarle en la salud y en la enfermedad todos los días de su vida, estaba decidida a cumplirlo y lo cumplió fielmente y lo mejor que pudo y supo hasta aquél mismo día. Pero también, fiel a su palabra, jamás le permitió volver a tocarla, ni siquiera un beso o una caricia, ni una frase amable ni un piropo le consintió en los siguientes 35 años.&lt;br /&gt;Porque a María le hicieron una histerectomía total y a su lado estuvieron sus hijos y su vecina, que ni siquiera en momentos tan duros consintió la compañía de su marido. Tampoco se le pasó por la cabeza la posibilidad del divorcio, que ella había jurado compartir su vida con él hasta que la muerte les separase y un juramento es un juramento. Y cuando los hijos se hicieron un poco mayores, María no tuvo a nadie con quien hablar salvo su vecina. Pero tenía la seguridad de que tampoco necesitaba nada más. Las charlas de la tarde con Sara, constituyeron su único esparcimiento emocional en los siguientes treinta años.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1710397856618638829?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1710397856618638829/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1710397856618638829' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1710397856618638829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1710397856618638829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/06/la-amistad.html' title='La amistad'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1377696967811646620</id><published>2010-06-03T02:43:00.000-07:00</published><updated>2010-06-03T02:47:20.129-07:00</updated><title type='text'>La primera vez</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Habían entrado en el local y ella tuvo la osadía de pedir un güisqui, más que nada para darse fuerzas, porque normalmente no bebía. Su acompañante se marchó sin siquiera beberse su copa; para lo que tenía que hacer era imprescindible que la chica estuviera sola. Y allí estaba, delante de los dos vasos largos con hielo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente la sensación de terror mezclada con alegría. Una vez más, el sentimiento de que después de toda su lucha no merece lo que le está pasando; es una mujer que siempre se esforzó en su trabajo, pero que no está preparada para esta vida. No conoce las reglas y está yendo más allá de lo que el buen juicio le dicta, se ha metido en un mundo que no le pertenece y que jamás conseguirá formar parte de él. Se siente desamparada y triste, no sabe exactamente qué le ha sucedido y por qué ha llegado hasta allí. Se dice que no hay nada malo en hacer lo que hace; ella simplemente quiere ser feliz y pagarse sus gastos, pero no está segura de ir por el buen camino para conseguirlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Olvídate de eso. Aparta esos pensamientos de tu cabeza”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De pronto le sobrevienen las ganas de practicar yoga allí mismo para relajarse, tranquilizarse y mantener unos instantes la mente en blanco. Pero como no puede hacerlo, procura concentrarse en la dorada decoración del local, en las luces rojas y en el tráfico que se observa tras las cristaleras. Trata de analizar las razones que la han llevado hasta allí para, de esa forma, darse fuerzas para continuar:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Llevo dos años sin trabajo, acumulo demasiadas deudas, apenas tengo para comer y están a punto de desahuciarme del apartamento en el que vivo. Se me ha presentado una oportunidad de oro y tengo que tratar de vencer mi repulsa inicial y conseguir ser más atrevida. No puedo cometer errores; he tenido suerte por primera vez en varios años y debo aprovecharla”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Abre el bolso para coger el maquillaje y retocarse los labios y se da cuenta de que, contrariamente a lo que les ocurre a la mayoría de las mujeres y de lo que le pasaba a ella misma hacía solamente unos meses, en el interior de su bolso casi no hay nada salvo un lápiz de labios y un pequeño monedero de plástico, tan vacío como el mismo  bolso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Este bolso es una buena metáfora de mi propia vida: bonito por fuera y vacío por dentro”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Contrólate”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“El sol se está poniendo en el horizonte pero mañana renacerá y todo volverá a comenzar de nuevo. Yo también tengo que comenzar de nuevo ahora y el hecho de haberlo pensado tantas veces debería ser suficiente para estar más segura y preparada”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un hombre de aproximadamente cincuenta años, guapo, de pelo gris y vestido con un traje impecable, entra y se dirige hacia ella, pero ve el segundo vaso sobre la barra y se va al otro extremo del local. A ella le entran ganas de dirigirse directamente a él, pero recuerda las palabras de su instructor: “Nada de vulgaridades”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De hecho seria condenable, inadecuado e inconveniente el que una mujer sola y joven abordara a un cliente maduro en el bar de un hotel de lujo. Eso equivaldría a descubrirse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bebe el güisqui y pide otra copa. Si su acompañante ha desaparecido para siempre y ella no logra establecer nuevas amistades, ni siquiera tendrá el dinero suficiente para pagar la cuenta, pero eso ahora mismo carece de importancia; sus dudas e inseguridades desaparecen con la bebida y ahora lo que la asusta es no ser capaz de hacer lo que ha venido a hacer y de cumplir los compromisos adquiridos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No. Ya no es la chica de pueblo que luchó para ascender en la vida; nunca volverá a ser esa persona.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Adelante. Sigue tu camino”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una copa más y el miedo a lo desconocido se transforma en pánico a no volver a tener la oportunidad de descubrir lo que significa realmente estar allí. Lo que ahora la aterroriza es saber que todo puede cambiar de un momento a otro. ¿Cómo hacer para que el milagro de hoy siga manifestándose mañana? ¿Qué garantías tiene de que todas las promesas que ha escuchado en los últimos días se cumplirán realmente? Más de una vez ha estado ante puertas magníficas, pero cerradas y oportunidades fantásticas que no se han presentado. En estos dos años, durante días y semanas ha soñado con la posibilidad de que su vida cambiara para siempre, de que se encarrilara de nuevo, para descubrir finalmente que el teléfono no sonaba y que su curriculum había sido olvidado en un cajón junto con otros muchos. En contadas ocasiones alguien la llamaba para disculparse diciendo que habían encontrado a otra persona que consideraban más adecuada para el puesto, “aunque usted tiene mucha valía y no debe darse por vencida”. La forma más cruel que tiene la vida de poner a prueba a una persona es haciendo que nunca consiga sus objetivos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El hombre que ha entrado tiene los ojos fijos en ella y en el segundo vaso largo ¡Le gustaría tanto que se acercara! A la vez de demostrarse a sí misma que estaba preparada para cualquier cosa, sentía la necesidad de hablar con alguien, porque desde por la mañana apenas había hecho otra cosa que recibir instrucciones y pautas de comportamiento. Pensó varias veces en llamar a su familia, pero cuando al fin se decidió a hacerlo comprobó que le habían cortado la línea de su teléfono móvil por falta de pago.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Además, esto no puede compartirlo con nadie. Ha dado un gran paso en su vida y está sola, en el bar de un lujoso hotel, aterrada con la posibilidad de no servir para lo que se ha propuesto o de que el sueño que le han vendido en las últimas semanas se acabe definitivamente antes de haber empezado y no le quede ninguna otra posibilidad. Al mismo tiempo intuye que el paso que está  a punto de dar la transformará de tal modo que nunca más volverá a ser quien era y eso la estremece más todavía porque aun no tiene claro que lo que está haciendo sea realmente lo que le conviene.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El hombre elegante del pelo gris, de aproximadamente cincuenta años, sigue allí, bebiendo zumo de naranja. En un determinado momento sus miradas se cruzan y él le sonríe. Ella finge que no ha visto nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué tiene tanto miedo? Porque, a pesar del entrenamiento, no sabe muy bien cómo comportarse a cada nuevo paso que da. Nadie la ayuda, nadie está a su lado. Lo que han hecho es impartirle normas e instrucciones suponiendo que ella las entiende y las va a cumplir. Se siente como una niña encerrada en un cuarto oscuro, tratando de encontrar a tientas el camino hacia la puerta, pero sospechando que algo no demasiado agradable la espera del otro lado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El hombre guapo se levanta, deja la cuenta pagada y se dirige a la salida. Parece decepcionado, puede que estuviera esperando el momento adecuado para acercarse, decir su nombre y hablar un poco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¿Qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se le había escapado algo. Dos güisquis y su lengua ya estaba demasiado suelta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Sí. Has dicho que necesitas hablar un poco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El cuarto oscuro y la niña que no tiene a nadie que la guíe. Humildemente decide que hará aquello que lleva días prometiéndose a sí misma  que haría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La noche empieza con una cena y termina en una de las habitaciones del hotel de lujo. A la mañana siguiente en su bolso está el lápiz de labios pero en el monedero de plástico hay doscientos euros que la tarde anterior no estaban y ella nunca volvió a ser la misma que entró en el bar de aquél espléndido hotel.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1377696967811646620?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1377696967811646620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1377696967811646620' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1377696967811646620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1377696967811646620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/06/la-primera-vez.html' title='La primera vez'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-925471838975354119</id><published>2010-05-07T03:22:00.000-07:00</published><updated>2010-05-07T03:24:51.091-07:00</updated><title type='text'>Salvar la Tierra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Todo comienza cuando las compañías que rastrean las tendencias, ofrecen a sus clientes un voluminoso fajo de folios etiquetado como “estudio de mercado” en el que se demuestra palpablemente y sin dejar lugar a la duda, que en determinados estratos sociales la población se interesa más por algunos asuntos que por otros, sin que eso guarde relación ninguna con la moda. Este estudio se confecciona basándose en encuestas hechas a los consumidores monitorizadas por estadísticas pero sobre todo, a través de la observación directa al cuidado de un ejército de personas entre veinte y treinta años que frecuentan discotecas, caminan por las calles, leen los blogs de Internet y jamás miran los escaparates aunque sean de marcas reputadas; lo que hay en ellos son productos que ya han llegado al gran público y por lo tanto están condenados a morir y a desaparecer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que los brillantes genios de los estudios de tendencias quieren saber es exactamente cuál va a ser la siguiente curiosidad o preocupación del consumidor. Los jóvenes, al andar mayoritariamente escasos de monetario que les permita adquirir productos de lujo, son los que se ven obligados a inventar nuevos estilos que les sirvan para personalizarse  y definirse como diferentes. Como viven pegados al ordenador, comparten sus intereses con otros y muchas veces eso acaba convirtiéndose en una especie de virus que contagia a toda la comunidad. Haciendo un ejercicio de profunda sinceridad y autocrítica, debemos reconocer que son los jóvenes quienes influencian a sus padres en los estilos, en la política, en la música y en la lectura, y no al revés, como piensan algunos cincuentones cubiertos de fatuidad y suficiencia. Por otro lado, los mayores tratan de intervenir en los chavales transmitiéndoles eso que llaman  “sistema de valores”, que es algo tan sutil y tan ecléctico que cambia casi con las estaciones. Aunque algunos adolescentes sean rebeldes por naturaleza siempre acaban pensando que la familia tiene razón; pueden vestirse de manera extraña y gustarles cantantes que aúllan y destrozan guitarras en el escenario, pero eso es todo. Carecen del valor necesario para seguir adelante y provocar una revolución de las costumbres como la que sus padres hicieron a finales de los sesenta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero esa circunstancia no les inquieta lo más mínimo ni les sirve de revulsivo para intentar cambiar un contexto que realmente desean que permanezca inmutable. “Esto de la revolución de las costumbres ya se hizo en el pasado” suelen decir “y menos mal que ese maremoto ya pasó y las aguas han vuelto a sus cauces habituales que es donde deben estar”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En este momento los estudios de tendencias demuestran que la sociedad se dirige hacia un estilo más conservador, después de fagocitar diversos movimientos contestatarios. Primero fueron las sufragistas, unas mujeres medio trastornadas de ilusión que a principios del siglo XX lucharon y algunas murieron para que a la mujer se le concediera el derecho al voto, pensando ingenuamente que si ellas son mayoría en la sociedad y votan, obviamente detentarán el poder. Pero después de un siglo, al menos en España, continúan cobrando un 20% menos que los hombres, el 65% de los directivos de las grandes compañías son hombres, una vez a la semana es asesinada una mujer por un hombre y una vez al día otra es maltratada gravemente por su novio o marido. El 46% de las españolas mayores de 18 años declaran haber sufrido alguna vez maltrato, físico o verbal, emocional o psicológico, por parte de un hombre. Ingenuas sufragistas de hace un siglo que pensasteis que con el voto iba a cambiar vuestro destino: aquí tenéis a vuestras nietas o bisnietas, luciendo la botella de Fairy en una mano y el palo de la fregona en la otra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En los años sesenta también explotó un fuerte movimiento contestatario y anti sistema, este muy ideologizado, influido por los gurús del pensamiento europeo de izquierdas y por los grandes sociólogos liberales de mediados de siglo. Todo ello, aderezado también con grandes chorros de ingenuidad, dio como resultado a los hippies, unos melenudos antihigiénicos, que aseguraban que se podía vivir en un mundo de paz y amor, mientras en Vietnam, Camboya, Laos, Angola, Mozambique, Suráfrica y Nicaragua toneladas de bombas se dejaban caer a diario para demostrar de forma tan palmaria como eficiente que eso no era posible, por más que se entonase el “All you need si love” al sol de una playa de Ibiza, con el mismo recogimiento que si fuera una oración.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero en la actualidad los estudios de tendencias demuestran que la sociedad se dirige hacia un patrón más conservador, quizá no tanto en lo político como en lo social y en la no aceptación de nuevos usos y nuevas costumbres. Estamos lejos de la supuesta amenaza que en su día representaron las sufragistas o los locos melenudos de los sesenta y lo que queremos ahora no es cambiar nada en  la sociedad, sino mantenerla como está pero situándonos nosotros mismos en lo más alto de la pirámide social y económica. Si no hay para todos, no hablamos de reparto o de mínimos, simplemente decimos que el que no tenga suficiente que se joda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A principios de los sesenta, un mundo envuelto en las sangrientas y estúpidas guerras del período poscolonial, aterrorizado ante el peligro de la bomba atómica y al mismo tiempo en plena expansión económica y demográfica, necesitaba desesperadamente un poco de jolgorio. Parecía que la abundancia para todos era un logro que estaba a la vuelta de la esquina y en consecuencia todo se hizo con desmesura, desde el exceso de los pantalones campana hasta las imposibles combinaciones de colores, como el rojo y el violeta, pasando por la minifalda, que también resultó excesivamente corta. Pero la sociedad era feliz, buscaba cambios, quería avanzar, moverse, progresar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuarenta años después la visión colectiva ha cambiado por completo. El mundo ya no está bajo la amenaza de la guerra nuclear sino de gravísimos problemas medioambientales. Ahora nos gustan las cosas acordes con la naturaleza,  colores como el verde, el azul y el ocre y si en los sesenta todos soñábamos con nuevos mundos y viajes espaciales, ahora volvemos la vista a aquello que tenemos cerca y que queremos conservar: los desiertos, los bosques, el aire, el mar. Claro que este cambio tan drástico no se ha producido de la noche a la mañana. Hemos necesitado cuarenta años para darnos cuenta de que no hay para todos. Entre tanto han nacido y han muerto los psicodélicos, los futuristas, el pop art y los nostálgicos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los estudios de mercado ofrecen un panorama general del estado de ánimo del mundo y en la actualidad parece que el tema central de las preocupaciones humanas es cómo vamos a salvar a nuestro pobre planeta de las muchas amenazas que nosotros mismos le hemos creado con nuestro desarrollo. Las guerras, el hambre, el terrorismo, la falta de respeto a los derechos humanos y la insoportable prepotencia de algunos países desarrollados, continúan como siempre, eso si no se han incrementado. Pero ya no nos preocupa, lo tenemos asumido. Ahora el problema es salvar la tierra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, sin pensarlo dos veces, lo único que podemos decir es que lo de salvar el planeta es una ridiculez, una auténtica bobada sin paliativos. Pero como no sirve de nada luchar contra las tendencias todo parece estar encaminado al mismo objetivo: los actos benéficos, los libros que se publican, los conciertos, los documentales, las nuevas películas, el material que se utiliza para fabricar tal o cual cosa, los sistemas de reutilización de los vehículos, las recogidas de firmas… Todo parece estar encaminado a una sola cosa: salvar el planeta; en definitiva, conservar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De la noche a la mañana se crean fortunas porque las grandes multinacionales consiguen espacios en la prensa gracias a alguna acción irrelevante en este sentido, organizaciones no gubernamentales ponen anuncios en las televisiones de todo el mundo y reciben millones en donaciones, porque todos parecemos estar preocupadísimos por el destino de la Tierra y a toda costa queremos salvarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada semana, cada día, vemos en las revistas o en los periódicos a los mismos políticos de siempre utilizando el calentamiento global o la destrucción del medio ambiente para apoyar tal o cual tesis de su programa electoral. ¿Cómo se puede ser tan arrogante? Nuestro planeta siempre ha sido y continuará siendo más fuerte que nosotros, no podemos destruirlo; pero si traspasamos determinada frontera, que a lo mejor hace ya tiempo que hemos dejado atrás, el planeta nos destruirá a nosotros, nos borrará por completo de su superficie y él seguirá girando impasible alrededor del sol, existiendo otros miles de millones de años más. De modo que la pregunta no es cómo salvar el planeta, sino cómo salvarnos a nosotros mismos, evitando que la Tierra, nuestra querida Tierra, acabe destruyéndonos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero claro, la frase “salvar el planeta” da sensación de poder y de nobleza mientras que “evitar que el planeta nos destruya” puede conducirnos a la constatación de nuestra verdadera dimensión y de nuestras limitadas capacidades,  a la impotencia, a la desesperación  y a la depresión y bastante atareados tenemos ya a los psicólogos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo esto es lo que las tendencias muestran. La gente está preocupada por salvar el planeta y si los estudios de mercado afirman que esto es así, se convierte inmediatamente en un dogma para las grandes empresas fabricantes de cualquier cosa, para los creadores, para los políticos y para los artistas… Porque los consumidores mandan: las fábricas buscan materia prima que pueda considerarse “natural” o en su defecto reciclable, los políticos hablan de ello en las campañas electorales, los científicos ofrecen cifras demoledoras que nos indican que vamos al desastre, pero la súper clase dirigente no hace sino adaptar las necesidades del consumo a las nuevas tendencias, como lo hizo con los hippies de los sesenta o con las sufragistas. Y cuanto más importante es la compañía, menos ganas de correr riesgos porque además, el empleo de millones de personas depende de que el producto se adapte a las preocupaciones de la gente para que puedan seguir consumiéndolo con la conciencia libre de pecado: “es reciclable”, “es ecológico” o “es natural” son etiquetas que otorgan patente de corso para continuar dilapidando recursos o consumiendo innecesariamente energía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nadie se atreve a decir que la era del usar y tirar desaforadamente se acabó, pero esa es la verdad sin paliativos: hay que desenchufar cosas para dejar de despilfarrar energía y es preciso frenar el consumo inmoderado en el que se basa todo el tinglado económico que nos han montado. Pero no debemos preocuparnos por saber quién ha de ser el primero en recomendar estas cosas. La Tierra, a la que ingenuamente queremos salvar, lo hará por nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-925471838975354119?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/925471838975354119/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=925471838975354119' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/925471838975354119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/925471838975354119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/05/salvar-la-tierra.html' title='Salvar la Tierra'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-4012314883638051240</id><published>2010-04-19T11:05:00.000-07:00</published><updated>2010-04-19T11:11:10.837-07:00</updated><title type='text'>El sentido de la vida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por fin había podido entender que era imposible buscar la felicidad a cualquier precio: la existencia ya le había dado lo máximo, todo aquello a lo que razonablemente podía aspirar lo había obtenido y comenzaba a penetrar en su cerebro la idea de que la vida había sido generosa con él. Ahora, y el resto de sus días, tenía por delante la ardua tarea de desenterrar los recuerdos escondidos en su sufrimiento y aprovechar cada uno de los escasos segundos de alegría como si fueran los últimos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Había sobrepasado ampliamente la edad en la que es necesario luchar para vencer las tentaciones, simplemente porque ya nada en la vida le tentaba. Un espíritu invisible le protegía y comenzaba a abrirle los ojos hacia la verdadera razón de su viaje por la existencia. A veces afloraban sentimientos, sensaciones, pequeños instantes en los que tenía la tentación de considerarse a sí mismo un desequilibrado mental, capaz de creer que todo le estaba permitido. Pero aquellos momentos cada vez eran menos frecuentes y menos intensos. Por fin todo estaba ya superado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si se puede definir así, a la hora de la verdad resultaba una persona absolutamente normal. Su trabajo le había exigido ser disciplinado e impartir disciplina, unos horarios interminables, capacidad para negociar y para planificar y rápida respuesta ante los imprevistos. Muchos de sus antiguos conocidos dicen que ahora no es el que era, que está aislado, hundido, acabado; que por primera vez no tiene futuro ni proyectos, pero no saben que siempre ha sido así. El hecho de verse obligado a participar en reuniones, acudir a bodas, frecuentar lujosos restaurantes, no era más que una estrategia con la cual pretendía disimular su soledad y conseguir algún objetivo profesional. Siempre había detestado la vida mundana, tan hipócrita, en la que la gente esconde tras una sonrisa su verdadera amargura, su soledad, su desesperación y su tristeza. No le llevó mucho tiempo entender que hay personas tan dependientes del éxito y de la adulación como un adicto lo es de las drogas y generalmente esos individuos son mucho más infelices que aquellos que se conforman con un lugar para vivir, un par de hijos sanos y llegar más o menos a fin de mes. No son conscientes de sus limitaciones, no saben que la vida es corta y por eso siguen adelante. No comprenden nada, pero son felices.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Son gentes normales que se quejan de la justicia divina y de la humana, envidian a los poderosos y sufren al ver que hay élites que se divierten mientras ellos pasan necesidades. No se dan cuenta de que en realidad nadie se divierte, porque en esta vida la diversión no existe. Todo el mundo está preocupado e inseguro; los ricos esconden sus complejos detrás de joyas y coches de lujo igual que los pobres lo hacen detrás de la partida de mus.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que él siempre fue una persona de gustos simples, nada sofisticado, más bien lo contrario. Muchos a su alrededor protestaban por su forma de vestir. Pero ¿para qué comprar una camisa cara si la etiqueta va escondida en el cuello? ¿Qué ventaja tiene acudir a reuniones en las que no se dice nada importante y si muchas banalidades y lugares comunes? Solían decirle que en las reuniones no hablaba mucho y él intentaba cambiar su comportamiento para parecer simpático pero lo cierto es que rara vez lo conseguía porque todo aquello no le resultaba interesante en absoluto. Con frecuencia observaba a la gente hablando sin parar de cosas insustanciales, comparando delanteros centro, coches o lugares cutres de vacaciones. Algunos incluso hablaban de películas, de Rambo y similares elevaciones morales y otros comentaban algún insufrible programa de televisión. Incluso había alguien que excepcionalmente había leído un libro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora las tentaciones han perdido definitivamente la batalla y su capacidad para aislarse está alcanzando cotas preocupantes. A su alrededor se sigue hablando de futbol, de cine y de programas de televisión verdaderamente perjudiciales. Y la gente sigue pensando que es feliz, porque a todo lo que hacen le encuentran sentido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como si la vida tuviera sentido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-4012314883638051240?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/4012314883638051240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=4012314883638051240' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4012314883638051240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4012314883638051240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/04/el-sentido-de-la-vida.html' title='El sentido de la vida'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2800972276707580433</id><published>2010-04-04T22:27:00.000-07:00</published><updated>2010-04-04T22:30:51.377-07:00</updated><title type='text'>Escaparates y pasarelas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La mujer vuelve a mirar a su alrededor. Todavía faltan tres horas para el cierre de la discoteca y las clientas picotean frutos secos, beben la tercera copa y discuten unas con otras sobre a donde irán después. Proceden de diferentes barrios y de distintos ambientes pero tienen aproximadamente la misma edad, en torno a los cincuenta años. Solo les preocupan dos cosas: conseguir algún trabajo cuanto antes o atrapar a un hombre rico. Ni siquiera se atreven a desear todo a la vez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aunque no se conocen en persona, todas saben perfectamente la rutina que hay detrás de cada una de ellas: antes de dormir, utilizar varias cremas para limpiar los poros, conservar la piel hidratada y exfoliar, porque a su edad dependen absolutamente de elementos externos para mantener el aspecto ideal. Se despiertan y a continuación embadurnan su cuerpo con más cremas: hidratantes, tonificantes, tensoras... Beben una taza de café con leche desnatada y edulcorante, acompañado de cereales con fibra y alguna fruta, porque para sus objetivos es absolutamente imprescindible mantener la línea. Entonces hacen algún tipo de ejercicio antes de salir a la calle, generalmente estiramientos, aunque por la tarde acuden a natación, a gimnasia o a pilates. Algunas, las de economía más precaria, simplemente se reúnen en grupo para caminar, que es gratis, siguiendo siempre el mismo itinerario que en muchas ocasiones acaba en la chocolatería porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. A la báscula se suben tres o cuatro veces al día y siempre con resultados emocionantes: euforia incontenible si pesan menos que hace cuatro horas o profunda depresión cada vez que la aguja marca cien gramos de más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para algunas cosas se dejan acompañar por sus hijos, porque la mayoría tienen hijos de casi treinta años y muchas también un nieto o dos. Jamás confiesan que han estado enamoradas de alguien (aunque realmente lo estuvieron como cualquier ser humano) pero es que el recuerdo del amor hace que la decadencia sea  más dura y más difícil porque la melancolía  despierta en ellas la sensación de que están perdiendo (¿o han perdido?) su vida inútilmente. Por supuesto que piensan en el dinero, es un pensamiento que nunca se les va de la cabeza. Algunas subsisten con una ridícula pensión compensatoria, otras perciben pequeños estipendios por cuidar de niños o ancianos, limpiar casas o planchar; las más desdichadas estiran hasta la ruptura el subsidio de 420 euros que les da el estado tras haber agotado el desempleo y las más ricas, las potentadas que miran a las otras por encima del hombro, son funcionarias que ganan 1.200 al mes. Por esto la inquietud, la angustia y la apremiante necesidad de resolver de una vez su vida. Todas saben que les queda muy poco tiempo, tres o cuatro años a lo sumo, de modo que resulta urgente demostrar al mundo y demostrarse a sí mismas que todavía tienen capacidad y atractivo suficiente como para deslumbrar a un hombre o conseguir un buen trabajo, porque su talento va más allá de las labores del hogar. Algunas cargan con uno o dos divorcios y otras con un mal matrimonio (lo cual es más duro todavía) pero todas llevan encima varios fracasos sentimentales, laborales, familiares y personales. Desde que sus hijos se independizaron, hace seis o siete años, llevan pidiendo a la vida una nueva oportunidad, un modo de manifestar que  también pueden ser valiosas, conseguir la ansiada independencia económica que es el gran sueño, o un hombre que cuide de ellas, que es el sueño menor. Porque su existencia transcurre entre objetivos simples y de fácil comprensión, un tanto maniqueos; pero ellas no dan para más. Conseguir algún trabajo fijo y bien pagado, casarse con un hombre rico, no engordar, ser feliz. Apenas se plantean otra cosa y tampoco les preocupa o les importa porque con subsistir tienen suficiente. Primum vivere, deinde philosophari.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sus amigas les dicen que la buena suerte está al caer, que están a punto de conseguirlo pero que han de tener paciencia. Sin embargo todas saben en el fondo que no es cierto, porque son las frases de consuelo y de apoyo que se dirigen unas a otras. En realidad, sus problemas personales son tantos y de tal envergadura que lo único que pueden ofrecer a las demás son palabras amables y buenas intenciones, porque a la hora de la verdad, todas son rivales y competidoras ante los escasos trabajos y los más escasos todavía hombres adecuados y apetecibles. El tiempo corre también en su contra y es necesario exprimir al máximo todas las cualidades que una pueda tener, sin reparar en nada ni en nadie, antes de cruzar la peligrosa barrera de los  cincuenta y cinco, momento en el que su piel ya no responderá a las cremas, su cuerpo aumentará de volumen a pesar de la alimentación baja en calorías y su mente, afectada por los desarreglos menopáusicos, acabará dejándoles la mirada tan vacía como desde hace años tienen el corazón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre las casadas aburridas que viven una vida segura, tediosa, monótona y normal, existe la creencia de que estas mujeres son el no va más del buenaventura, auténticas divas de la libertad, la seguridad y le emancipación. Pero con esto pasa como con los deportistas, que solamente los mejores salen en los medios de comunicación y de los demás no sabemos nada. Si nos olvidamos de las dos docenas de cincuentonas solitarias y súper famosas que hay en el mundo, las demás, las que vemos por la calle, pagan con sangre esa libertad y pensar que son felices es desconocerlas absolutamente. Entre ensaladas, pan tostado, fibra y edulcorante, alguien las telefonea de vez en cuando para ofrecerles un trabajo de esos que nadie quiere, porque tienen sus pobres curriculums repartidos por todas las empresas de la provincia. El ayudante del director de recursos humanos o del jefe de personal las llama para hacer una selección y decidir quien hará la sustitución de una administrativa que está de parto o de una limpiadora que tiene un esguince en el tobillo. En el momento de la entrevista se enfrentan a personas insoportables, generalmente malhumoradas que utilizan el poder que tienen sobre estas mujeres para superar sus propias frustraciones y a veces para algo más, relacionado siempre con la entrepierna. Ignoran por completo como se dice una frase amable o de ánimo a una señora pletórica de soledad y de angustia, inmersa en lo que ella cree que es un sueño pero que en poco tiempo se convertirá en una pesadilla. La palabra que más utilizan los ayudantes de los directores de  recursos humanos es “horrible”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y las mujeres salen de una prueba rezando porque sea la definitiva pero nunca lo es y a los pocos días se dirigen reanimadas a la siguiente, aferradas a sus teléfonos móviles como si fueran tablas de salvación, esperando siempre el golpe de suerte y el ascenso al mundo superior de aquellas que tienen un buen trabajo, donde podrán proyectar sus muchas cualidades y convertirse por fin en lo que siempre han querido ser.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sus padres, que ya son ancianos, se sienten extraordinariamente preocupados por sus hijas y sus madres se arrepienten mucho de haberlas alentado cuando tomaron la decisión de acabar con su matrimonio o de no tolerar determinadas conductas de su marido. Los padres siempre se mostraron reticentes comentado que estaban en contra de que sus hijas tiraran todo por la borda, porque al fin y al cabo, qué iba a ser de ellas. Pero las madres, más comprensivas con la situación que quizá ellas mismas habían vivido también, las alentaron a dar el paso y ahora muchas de ellas piensan que se equivocaron en ese apoyo y que la vida no ha cambiado tanto  porque al final, lo que han conseguido sus hijas después de mucho sufrir, es la soledad, los apuros económicos y un profundo y oscuro sentimiento de culpa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Claro que estas mujeres, náufragas de la vida, también tienen hijos. Pero en cuanto a sus hijos, excluyendo el día de la madre y un par de fechas señaladas más, simplemente las ignoran y ellas no pueden hacer nada porque no tienen dinero para comprar el cariño de nadie.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algunas, las menos, están ganando un buen sueldo y tienen unos novios también divorciados pero con un buen pasar, que a veces estallan en una crisis de celos porque sus novias ganan más que ellos; sin embargo suelen controlarse porque a su vanidad le sienta muy bien estar acompañado por una profesional importante. Pero dejando a un lado estas pequeñas élites, las demás leen cada mañana las ofertas de empleo de los periódicos y han colgado sus esperanzas laborales en InfoJobs y sus ilusiones personales en Meetic. Cada fin de semana se exhiben de nuevo en los escaparates nocturnos con la esperanza de que por fin aparezca el hombre adecuado para ellas, que ha de ser un caballero de mediana edad, exquisitos modales y cartera abultada: el viernes recorren la zona de plaza Mayor, Coca y San Miguel y el sábado al Porta Coeli, auténtica pasarela Cibeles de las solteronas, separadas, divorciadas, viudas y mal casadas de la ciudad. Durante esas dos noches de ruido, alcohol y tabaco, reviven las mismas fantasías de siempre, hacen idénticos comentarios y responden a similares preguntas; se saben envidiadas secreta o abiertamente por  sus amigas casadas que no pueden salir si no es a aburrirse con sus maridos y se notan deseadas por los hombres rijosos que acodados en las barras les dirigen miradas insolentes. Y ellas estallan en una felicidad tan grácil y liviana como efímera, porque de pronto llega el lunes por la mañana y todo revienta como una pompa de jabón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Acuden a los cumpleaños, fiestas y reuniones de las que tienen noticia, tanto si las invitan como si no, porque es trascendental dejarse ver y comportarse como si fueran mucho más importantes de lo que realmente son. Pero lo único que tienen es miedo y en el fondo están deseando que alguien logre cruzar la artificial barrera de hielo que construyen a su alrededor apara protegerse y aislarse,  porque tanto resguardo y tanto encierro,  hacen que se sientan muy abandonadas cuando por la noche tratan de dormir en la cama solitaria de su habitación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los chicos jóvenes no les gustan demasiado porque les recuerdan a sus propios hijos, pero a los hombres mayores, de una edad adecuada para ellas, los miran con una mezcla de atracción y repulsa y sienten por ellos algo que está a mitad de camino entre la necesidad y el deseo. Saben que en sus bolsillos, en sus contactos y en sus carteras puede estar la pértiga para dar el gran salto, pero al mismo tiempo no quieren que se las juzgue como putas baratas, demasiado interesadas o necesitadas. En las discotecas y en los bares musicales se mueven como pez en el agua, siempre con una copa y un cigarrillo en la mano, porque eso forma parte de la imagen que creen que deben proyectar, aunque la copa nunca la beben del todo, porque entonces tendrían que pedir otra y cuesta seis euros. Todas tienen sueños, ideales y dignidad aunque todo eso desparecerá el día en que ya no sean capaces de ocultar los primeros indicios de la vejez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Han hecho un pacto con ellas mismas y es  no pensar jamás en el futuro. En lugar de vivir la vida actual y trágicamente fugaz que tienen a su alcance, se gastan lo poco que ganan en productos que prometen la juventud eterna. Se vuelven locas por los zapatos de lujo y aunque son carísimos a veces se dan el capricho de comprarse los mejores. Consiguen ropa decente rebuscando durante días en las rebajas y viven solas en su piso de siempre, que unas veces es el antiguo hogar conyugal y otras la pequeña vivienda de una barriada donde en un tiempo se apiñaron su padre, su madre, su hermano menor y una hermana más fea que estudió administración de empresas. Decir la verdad es muy difícil porque casi nadie es capaz de asumir su propio fracaso, de modo que todas estas mujeres son expertas en proyectar la imagen de que viven muy bien, sin nadie que las tosa y sin tener que cuidar o consultar a nadie, tomando siempre sus propias decisiones. Incluso a veces alguien de su entorno, culpable de ingenuidad, lo llega a creer. Pero cuando van al banco el saldo de la cuenta en números rojos y el crédito agotado les recuerdan su triste situación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Guardan un fajo de tarjetas de visita y tienen apuntados en sus móviles cientos de teléfonos de hombres bien vestidos que les hicieron propuestas de trabajo que ellas siempre supieron que eran falsas. Pero les llaman de vez en cuando para mantener el contacto, porque es posible que en algún momento necesiten su ayuda aunque esa ayuda ya se sabe que tiene un precio. Hubo un tiempo en que soñaron con la vida fácil y la felicidad, hasta que fueron conscientes de que ninguna de las dos cosas existen; en algún momento todas  cayeron en la trampa y han sufrido  infinitas decepciones, traiciones y humillaciones. Pero aun así continúan en la brecha porque ya no hay marcha atrás. Han entrado en una vorágine de la que es imposible escapar, serenarse y pensar que todo ha terminado, que solo queda aguantar, que no habrá alfombra roja para ellas y que jamás escucharán su nombre detrás de la célebre frase “And the winner is…”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La mayoría hace ya muchos años que no logra conciliar el sueño lo cual las lleva a tener que consumir también píldoras para dormir. A media voz se escuchan entre ellas historias sobre la depresión, que es la dolencia profesional de las cincuentonas solitarias, como la silicosis lo es de los mineros. Se cae en  esa enfermedad cuando las ideas de la muerte y la derrota llegan a educar la mente de tal modo que esta rechaza cualquier otro pensamiento. Todas creen que eso jamás les va a suceder a ellas; por eso nunca se dan cuenta de los primeros síntomas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Abandonaron el nido de sus padres para meterse en el nido de su esposo, sin saber lo que hacían y sin vocación ni conocimientos para hacerlo. Siempre protegidas y dirigidas se encontraron, casi sin darse cuenta, con un par de hijos y una responsabilidad que pesaba sobre ellas hasta ahogarlas. Un día despertaron y quisieron abandonar esa infancia eterna para ser ellas mismas, para vivir su propia vida sumergiéndose directamente en el mundo que ellas imaginaban  de libertad y bienestar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora saben que nada de eso existe. Y también son conscientes de que la libertad se paga a un alto precio y en el fondo hay algo en esa palabra que no las convence, porque lo que realmente siguen buscando es alguien en quien apoyarse, que las cuide, que las quiera y que valore su tortilla de patatas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para la gente que las conoce y las ha visto crecer desde pequeñas, viven en un mundo de cuanto de hadas y para ellas mismas también fue así durante algún tiempo: imaginaron que iban a conseguir casi todo lo que habían envidiado de las mujeres que aparecen en las revistas y en los anuncios de bombones, cosméticos, perfumes o ropa interior. En algunos de sus más locos sueños se veían habitando una inmensa mansión, casadas con un ex ministro millonario, anunciando una marca de bombones y con hijos cantantes o famosos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hasta que un día, a través del examen cotidiano y minucioso de su piel ante el espejo, descubren que la crema que se dan en el contorno de ojos ya no puede disimular las patas de gallo. Tienen cincuenta y cinco años, su curriculum está desfasado y las cuarentonas con hijos recién emancipados están agazapadas en la sombra esperando tomar el relevo en los escaparates, las pasarelas nocturnas y las ofertas de empleo. A partir de ese momento saben que es una simple cuestión de suerte el que un problema de salud las sumerja directamente en la ancianidad. Sus días están contados, el final se acerca y una nueva generación irrumpe en el Porta Coeli.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2800972276707580433?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2800972276707580433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2800972276707580433' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2800972276707580433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2800972276707580433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/04/escaparates-y-pasarelas.html' title='Escaparates y pasarelas'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8289046041474559546</id><published>2010-03-29T06:31:00.000-07:00</published><updated>2010-03-29T06:58:49.345-07:00</updated><title type='text'>Just a come-on from the whores on Seventh Avenue</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La gente de tierra adentro piensa que el mar es libre, o sea que es como una especie de gigantesca súper autopista por la cual se puede circular a la velocidad que se desee y en el sentido que se quiera. Y verdaderamente en teoría es así, pero los capitanes prudentes siempre navegan por las zonas más frecuentadas y controladas. Es por eso que cuando zarparon de St. Pierre et Miquelon que está en latitud 46º norte, no pusieron de inmediato rumbo al este, lo cual les habría llevado casi directamente a su destino, si no que se dirigieron al sur, bordeando Nueva Escocia, con la intención de navegar en torno al paralelo 40º que es una zona mucho más transitada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie habrá dejado de observar que el más perfecto sistema mecánico puede estropearse y la probabilidad de que esto ocurra es directamente proporcional a la complejidad del sistema. Obedeciendo a esta regla, cuando navegaban a 50 millas al este de Halifax se bloqueó la bomba de extracción del condensador y no había modo de repararla a bordo. El consignatario más cercano estaba en Nueva York y hacia allá pusieron rumbo, lo cual produjo una alegría general en la tripulación, pues todo el mundo se imaginaba entrando por Upper Bay, entre la estatua de la Libertad y la isla Governors y atracando en el mismísimo Manhattan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nada más lejos de la realidad, porque ni siquiera subieron por la bahía; los amarres en Manhattan o en Hoboken eran carísimos y la compañía no estaba dispuesta a contribuir a las visitas turísticas de su personal.  Les asignaron un muelle cochambroso en una dársena medio abandonada al sur de Brooklyn y lo único que vieron antes del atraque fue la playa de Coney Island que es como cualquiera de las nuestras, con arena, mujeres al sol y niños jugando, sin ningún encanto especial. Una vez atracados lo que se ofrecía a su vista era una media docena de naves desmanteladas, nada que ver con el conocido perfil de Manhattan y sus edificios suntuosos.  Porque a la hora de la verdad ellos no estaban haciendo un crucero tipo vacaciones en el mar, sino que se ganaban el sustento con una actividad ruda y peligrosa que requería fortaleza de cuerpo y de espíritu pero que estaba muy bien pagada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La vida a bordo de un buque en la mar, al menos por aquellos años, era dura y monótona sin paliativos. La jornada de trabajo se prolongaba doce horas y había dos turnos: el de día, desde las ocho de la mañana a las ocho de la tarde y el de noche que abarcaba el resto de la singladura. Pero no se cambiaba cada semana o cada quincena. El personal más antiguo elegía el turno que le convenía (generalmente el de día) y permanecía en él toda la navegación. Tampoco había descansos de fin de semana ni puentes porque aunque en la mar existen los sábados y también los domingos y días festivos, los buques no lo saben; están empeñados en continuar navegando hasta llegar a puerto porque en alta mar no se puede parar y tampoco los armadores están por esa labor, pues atracar supone dejar de ganar dinero y eso para un empresario, armador o de cualquier índole, es sinónimo de perderlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tripulación estaba formada por un grupo de poco menos de dos docenas de hombres, el más joven de los cuales acababa de cumplir los 17 y el mayor quizá no llegara a los cincuenta. Mayoritariamente  procedían del norte de España, gallegos, asturianos, vascos y santanderinos que se habían embarcado igual que habían hecho  sus padres, sus abuelos y sus bisabuelos y es que en sus pueblos jamás hubo otra alternativa porque eran lugares en los que incluso mirar a tierra resultaba difícil, pues solo se podían contemplar altos cerros y montañas cercando el pueblo y casi empujándolo hacia el mar y hacia el horizonte formado por el agua y el cielo. Algunos optaban por embarcar pensando que ese era el único medio de ganar un buen dinero sin  tener que emigrar a Alemania; otros,  porque creían que la felicidad comenzaba a cincuenta millas de cualquier costa y la mayoría por una mezcla de ambas consideraciones. Después de tres meses, estaban regresando a casa, de manera que a la hora de la verdad la entrada en un puerto que no fuera el propio resultaba una fatalidad que alargaba el tiempo, ya excesivamente dilatado, de volver a abrazar a las novias o a las esposas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero nuestro hombre no tenía novia ni esposa y sí 19 años, lo cual, después de noventa días sin ver a una mujer más que con la imaginación y sin tocarla de ningún modo, lo convertía en un auténtico contenedor de testosterona, controlado a medias por el cansancio que acumulaba después de los largos y sudorosos trabajos del turno de noche. Porque a pesar de que aquella era su tercera campaña, todavía no era la suficientemente veterano como para poder elegir turno, y así su vida consistía en bajar a la máquina a las ocho de la tarde, subir a las once a cenar, volver a bajar a las once y media, subir otra media hora en torno a las cinco de la mañana para un café y volver a bajar hasta que llegaba el relevo a las ocho, hora en la cual nuestro personaje, después de desayunar, ocupaba su lugar en la litera y dormía hasta las dos. Entonces se levantaba para ducharse y comer pero luego trataba de estudiar o al menos leer un poco si es que no se le volvían a cerrar los ojos lo cual sucedía con más frecuencia de la que a él le  gustaría. A las ocho bajaba de nuevo a la máquina y vuelta a empezar, sin día de descanso, ni domingo, ni fiesta durante dos, tres, cuatro y hasta cinco meses. Aquella experiencia le dejó incapacitado, ya de mayor, para comprender la frase “Es que los jóvenes tienen que divertirse”, como si la diversión fuera un derecho inherente a la juventud y además contrapuesto a la madurez. Pero también hay que decir que en general, todos los miembros de la tripulación incluido él, estaban ganando casi cinco veces más de lo que podían aspirar a ganar en tierra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es verdad que de vez en cuando se entraba en puerto, bien por una avería como era el caso, bien a tomar combustible (600 toneladas de fuel nº 1) o a embarcar y desembarcar víveres o género; pero el atraque no duraba más allá de un día (detenerse es perder dinero), durante el cual había tanto qué hacer que con frecuencia se daba el caso de estar en puerto y no tener tiempo ni siquiera para pisar tierra y menos todavía el personal de máquinas, que tenía que aprovechar la parada de la planta propulsora para corregir averías o realizar mantenimientos que resultaban imposibles de llevar a cabo en la mar, con la instalación funcionando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando se enteró de que iban a atracar en Nueva York, decidió que eso de no tener tiempo para pisar tierra  no le iba a ocurrir porque no podía desaprovechar la oportunidad de visitar una ciudad tan importante. Quizá atracaran por el día, con lo cual él estaría libre hasta las ocho de la tarde, e incluso si llegaban a puerto por la noche estaba dispuesto a vender la guardia. Para quien lo ignore, diremos que esto de vender la guardia quería decir cambiar tu trabajo (y tu salario) con alguien que estuviera interesado en ganar más dinero a costa de no visitar Nueva York. Al principio sus intenciones eran turísticas y culturales, pero poco a poco, conforme se iban aproximando al puerto, cambió su idea de en qué invertir el tiempo de visita a la ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los hombres que andan en la mar están predestinados a ser puteros, porque eso de que en cada puerto un amor es una solemne estupidez. Ni siquiera Adonis sería capaz de conseguir una relación con una mujer si para lograrlo tiene unas horas o como mucho un par de días, porque la visión romántica del hombre de mar con su gorra, su pipa, su barba y su jersey a rayas horizontales es exclusiva de la televisión y el cine, fabricada para el consumo de las mujeres de tierra adentro que nunca han visto un marino más que en la pantalla. Las chicas que viven en los puertos saben perfectamente la clase de calaña que anda embarcada y no se fían lo más mínimo de un sujeto que a las pocas horas se va a marchar para quizá no regresar jamás. Por eso el hombre de mar está condenado a ser putero. ¿De qué otra forma podría aliviar sus más apremiantes instintos si para hacerlo dispone de poco tiempo y mucho dinero?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También dicen que es común una especie de homosexualidad encubierta, entendida más bien como solución transitoria y de compromiso, algo parecido a lo que cuentan que ocurre en las cárceles; pero a fuer de sinceros tenemos que manifestar que él jamás tuvo atisbo de semejantes prácticas, aunque también podría darse el caso de que los adeptos a tales liturgias fueran tan escrupulosamente discretos que solamente el círculo de los iniciados tuvieran conocimiento de su existencia. Porque no hay que olvidar que hablamos de un  buque español y en aquellos años la homosexualidad en España no es que estuviera mal vista, es que era un delito penado con la cárcel en aplicación de una ley de nombre tan tétrico como Peligrosidad Social. El caso es que sea por lo que fuere, él jamás tuvo constancia de nada de eso; sin embargo eran bastante habituales a bordo las explosiones incontroladas de ira con una desproporción manifiesta entre el motivo del enfado y su consecuencia. Personalmente y para que sirva de ejemplo, él fue testigo de una pelea que comenzó por una causa nimia pero que terminó con relucir de navajas y un herido por arma blanca. Dicen que esto también es frecuente en las prisiones, donde numerosas  personas están obligadas a convivir durante mucho tiempo, sin apenas intimidad y sometidas a la monotonía. De todos modos y sin entrar en disquisiciones psicológicas que nos resultan especialmente impertinentes, hay que dejar claro que la vida a bordo revestía una extraordinaria dureza, tanto en su vertiente física como mental.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Amanecía cuando se encontraron en posición de entrar en puerto y él acababa de terminar su turno, con lo cual consideró que ni siquiera sería necesario vender la guardia, pues tenía el día libre hasta las ocho de la tarde. Sin embargo se puso un poco nervioso cuando después de pedir permiso a la autoridad portuaria para entrar, les ordenaron mantenerse en stand by  a la altura de Breezy Point y allí estuvieron durante dos horas, tiempo que aprovechó para gestionar el asunto del dinero. Como realmente era un paleto, pensó que con veinte dólares tendría suficiente porque utilizaba la forma de razonar de su pueblo: veinte dólares eran 1.400 pesetas, es decir, casi lo que ganaba un obrero en España en un mes. En cualquier caso debería ser suficiente para unas horas, es más, tendría que sobrar. Así que solicitó esa cantidad a cuenta de su sueldo y en cuanto comenzaron a tensar los largos y el través, él se fue a duchar, a afeitar y a cambiarse de ropa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A bordo subieron el consignatario, con un maletín y el técnico de Laval, que era la casa fabricante de la bomba averiada y casi se cruzó con ellos en cubierta, pues la necesidad de una mujer le apremiaba tanto como para ser el primero en abandonar el buque una vez amarrado. Ya era casi mediodía y quería aprovechar al máximo el tiempo. Este deseo, aunque él no lo sabía, no era estrictamente sexual. También buscaba un abrazo, una caricia, una señal de intercambio de afecto, gestos totalmente ausentes en la vida a bordo pero necesarios para cualquier individuo. Aunque si le hubieran preguntado por entonces, habría negado fervientemente que él, un hombre duro, buscara caricias y abrazos. Pero bueno, el caso fue que entre las necesidades conscientes y las subconscientes la prisa era tanta que ni siquiera había tenido en cuenta la dificultad que entrañaba el desconocimiento absoluto que por entonces tenía del inglés; pero quiso su buena fortuna que los encargados de encapillar en tierra fuesen chicanos y pensó, no sin razón, que putas las había cerca de cualquier puerto y que no tendría más que preguntar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Seguía razonando con mentalidad de pardillo, porque no era consciente de la enorme dimensión de la ciudad en la que estaba y el diferente concepto de la proximidad que tenían los neoyorquinos y los de su pueblo. Ciertamente fue informado de que existía una zona cercana donde las busconas esperaban a sus clientes, pero cercana quería decir a diez paradas de metro, o lo que es lo mismo, a más de cinco kilómetros. Le explicaron con mucho detenimiento el camino a seguir, que tenía que descender en la estación de Church Avenue y dirigirse hacia el Prospect Park y que allí las vería que eran inconfundibles como en todas partes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En este caso no es que fuera valiente, es que era temerario. Porque  por mucha necesidad de mujer que tuviera, sumergirse en el metro de Brooklyn con 19 años, extranjero y solo, no tiene más justificación que la ignorancia, que es muy atrevida. Hasta aquél día, la única referencia que él tenía del metro, era el de Madrid y lo primero que le llamó la atención en cuanto descendió en la estación de Sheepshead Bay fue la impresionante variedad de razas y tipos humanos que se dejaban transportar bajo el asfalto de Brooklyn. Por entonces en España no había negros, ni latinos, ni marroquíes porque eran los españoles quienes emigraban para eludir la miseria y el hambre de su país. Pero para un palurdo de una ciudad de provincias, resultaba impactante observar que en el vagón en que viajaba era el único rubio de ojos claros, en medio de una marea de razas oscuras que iban desde el moreno de los latinos al negro casi absoluto. Había también algún chino y se podían escuchar conversaciones mayoritariamente en inglés pero también en español y en algún otro idioma desconocido. Los estibadores le habían explicado que por los altavoces se anunciaba el nombre de la parada siguiente, algo que tampoco tenía por entonces el metro de Madrid. Así, él debería estar atento y cuando escuchase “Next station: Church Avenue” quería decir que en la próxima parada tenía que bajarse y buscar un cartel que le indicase la dirección a tomar para llegar caminando a Prospect Park, pero que estaba bien indicado y muy cercano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Iba muy atento y no se equivocó de estación;  además podía seguir perfectamente el itinerario en el plano situado en un lateral del propio vagón. Como le habían explicado, justo frente a la salida en Church Avenue había un cartel que indicaba hacia donde estaba Prospect Park que era por la calle 16 este y por allí se encaminó mirando a todas partes. Al llegar a Caton Avenue, entre la 15 y la 16 justo al lado del parque, las vio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se acababa de inventar la minifalda y todavía no se había descubierto el SIDA, con lo cual el regocijo de los hombres y mujeres del planeta era general. Concretamente aquello era una explosión de minifaldas, medias y botas o botines, generosos escotes y bolsos en bandolera. Eran mujeres jóvenes, altas, atractivas y elegantes sobre todo contempladas desde la perspectiva de un pueblerino recién desembarcado en la capital del mundo y procedente de lugares donde las prostitutas eran muy diferentes y su oficio se ejercía casi de puertas para adentro, con discreción, en callejuelas y edificios alejados y con poco tráfico. Sitios a los que “había que ir”, es decir que no se pasaba por allí. En Ferrol había visitado alguna vez el barrio de San Pedro, en torno a la iglesia del mismo nombre porque ya se sabe que detrás de la cruz está el diablo. Era un lugar tan tercermundista e inmundo que ni siquiera había agua corriente en muchas de las casas que se dedicaban al lenocinio, de modo que todavía existía aquella figura entrañable del palanganero, que era un hombre generalmente anciano, lisiado o deficiente, que acudía con su jofaina, su jarra y su toalla cuando alguna de las mujeres quería lavarse antes o después de terminar su trabajo, de modo que todavía podía escucharse “¡Palanganero, agua!” célebre llamada que ha constituido una de las señas de identidad de todos los lupanares del mundo durante siglos. El barrio de San Pedro era también aquél de la copla que se cantaba el día antes de zarpar y que decía:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;                                             Adiós Ferrol y la Graña&lt;br /&gt;                                             Mugardos y la bahía;&lt;br /&gt;                                             adiós barrio de San Pedro&lt;br /&gt;                                             donde yo me divertía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a su ciudad, estaba acostumbrado a las prostitutas apenas entrevistas en los portales de la calle Padilla y la calle Empecinado o disimulando en las mesas del bar Sevilla; mujeres generalmente bajitas, culonas y algunas con bigote, vestidas con refajo y medallita de la virgen del Carmen, las más jóvenes con 40 años y las más viejas contemporáneas de la república. Incluso le habían contado de una que trabajaba en un conocido lupanar de la calle Comunidades, que tenía por costumbre, después de quitarse la ropa y tenderse en la cama, santiguarse murmurando “Dios me perdone, que lo hago por mis hijos” y a continuación, en voz más alta y dirigiéndose al cliente añadía:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-           ¡Dale!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y para qué hablar de los espectáculos eróticos de la España de entonces: el teatro chino de Manolita Chen en donde una vedette con voz aguardentosa se buscaba una supuesta pulga por debajo de la ropa ante el regocijo de los rijosos clientes, en medio de un ambiente miserable y aplastado por los convencionalismos y la falta de libertad. O el Alaska, cabaret situado en la plaza de Cantarranas, con aquella súper vedette sevillana de un metro sesenta de estatura y noventa kilos de peso que cantaba y se movía lastimosamente interpretando un trasunto de baile flamenco. Aquella que una noche, durante la actuación, escuchó los gritos de parte de los asistentes pidiéndole que se subiera algo más la falda y ella, que se debía a su público, accedió. Pero ya se sabe que el cliente de estos sitios es de difícil conformidad y en seguida pidieron más y más, a lo que la buena mujer accedió también aunque ya un poco molesta, imaginando que solo venían a verla por su cuerpo y que realmente no se estaba apreciando su arte, su ronca voz y los gráciles movimientos de sus noventa kilos sobre el escenario.  La falda ya estaba solamente unos centímetros por debajo de las ingles dejando ver unas piernas que nada tenían que envidiar a las de un elefante macho; pero el público era insaciable, no tenía sindéresis ni consideración y seguía pidiendo más en medio de copas de Veterano, humo de Farias y ginebras con limón. La diva, no pudiéndolo sufrir, explotó. Paró la orquesta y con un acento andaluz como recién llegada de Triana, se dirigió con descaro a las vociferantes vasijas de testosterona que la contemplaban absortos:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Pero ustedes qué queréis ¿Verme el coño?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¡Sí!  ¡Sí! –rugió la masa enfervorizada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Pues se lo vais a ver a vuestra puta madre –espetó la diva dando por finalizada la actuación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La rebelión fue de tal calibre que tuvo que intervenir la policía y alguno de los miembros de la distinguida clientela acabó con sus huesos en el cuartelillo que había en la Rinconada, detrás del Ayuntamiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto era lo más erótico, depravado y atrevido a lo que él había tenido acceso hasta entonces. Nada que ver con el espectáculo que contemplaban ahora sus ojos: mujeres elegantes, altas, espigadas, provocativamente vestidas, rubias, morenas, mulatas, paseando por la calle con descaro, no escondidas en los portales ni disimulando en las mesas de los tugurios, sino luciendo sus veintitantos años por la acera, paseo arriba, paseo abajo. Los coches paraban un momento y tras una breve negociación la mujer se subía al automóvil y partía discretamente, con el cliente al volante, para realizar su trabajo en algún lugar ignorado. De pronto le asaltó la posibilidad de que fuera necesario el vehículo para cerrar el trato y que todo se fuera al traste. Pero tampoco tuvo tiempo de darle vueltas al asunto, porque ya una joven mulata, delgada y alta, se le aproximaba contoneándose envuelta en perfume y humo de tabaco.  Era la primera vez en su vida que tenía tan cerca a alguien de otra raza haciendo excepción de los gitanos. Así de pardillo era.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La chica se dirigió a él en inglés pero no tuvo necesidad de comprenderla, pues sus palabras sonaron lo suficientemente insinuantes y lascivas como para que todo el proceso que en el ser humano conduce a la reproducción se pusiera en marcha. Realizando el gesto internacional de contar dinero,  frotándose dos dedos de la mano derecha contra el pulgar, le preguntó en correcto castellano:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¿Cuánto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La chica, dándose cuenta de las dificultades idiomáticas mostró los cuatro dedos estirados de su mano derecha y dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Forty  -y añadió- Ok?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Le costó unos segundos hacer el cálculo. El dólar estaba a setenta pesetas por lo tanto le estaba pidiendo doscientas ochenta, algo similar a lo que cobraban en España, pero con la diferencia de que esta era una exótica mulata de unos veinte años, atractiva y vestida con minifalda de color lila, suéter negro y botas negras de charol, que olía muy bien, no tenía pelo en los sobacos y parecía muy dulce y profesional. No lo dudó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Ok –dijo. Y la chica, imitando con las manos el gesto de asir un volante y conducir preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Car?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          No, no tengo coche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Ok. Don’t worry. Italian? Viene at me, viene con me. Follow me.- Y echó a andar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los gestos con las manos fueron lo suficientemente explícitos como para la siguiera un par de pasos por detrás, admirando el movimiento de sus piernas, el balanceo de las caderas y las prietas nalgas bajo la minifalda. Al poco entraron en un edificio y subieron por una escalera. Su posición, cuatro peldaños por detrás de ella, era de privilegio. Podría haber continuado subiendo aquella escalera justo debajo de la mulata por tiempo indefinido. Solamente por aquél espectáculo merecía la pena la visita a Nueva York y podemos imaginar que con 19 años y largas semanas de abstinencia forzosa, todo aquello había desencadenado en él, de modo imparable y alarmante, el volumen suficiente como para que resultase prácticamente imposible no concluir el negocio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entraron en un apartamento, no recuerda en qué planta. Era un lugar limpio, aseado y bien decorado; con un salón, una cocina y una cama todo en una pieza, sin tabiques, lo cual resultó totalmente novedoso para él. Había flores en la ventana y por una puerta abierta se veía un cuarto de baño, con ducha, taza y bidé, este último utensilio también desconocido prácticamente en su país. Desde luego nada que ver en absoluto con el barrio de San Pedro. Desenfrenado, se lanzó a abrazar a la chica por detrás, pero ella se volvió rápidamente y repitiendo el gesto de contar dinero le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Money. Pay me first.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En esto no se diferenciaba en absoluto de todas las que había conocido hasta entonces. Solo las putas y los abogados piden dinero antes siquiera de comenzar el trabajo. Buscó en su cartera cuatro billetes verdes de un dólar y se los alargó a la joven.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¡Oh no! Not. It’s not enough.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ante la cara de pasmado y de no comprender nada que puso él, la chica recurrió de nuevo a la mímica y extendiendo su mano izquierda simuló escribir un 4 y un 0 sobre la palma con el dedo índice de la derecha, mientras recalcaba:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          For… ty, for…ty&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El muchacho no tardó en darse cuenta de lo que ocurría y entonces sintió como que las puertas del infierno deberían tragarle en aquél preciso instante ¡40 dólares! Se supone que por esa cantidad en España quizá pudieras follarte incluso a un obispo. ¡Qué desmesura! ¡Qué atraco! Además, él no tenía 40 dólares, de modo que era absolutamente impensable concluir el trato porque una de las partes era insolvente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          No los tengo –dijo mostrando a la chica los entresijos de su cartera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Allí se acabó la dulzura de la mulata y entre “fucking boy”, “bastard”, “stupid of shit” y “clear off” lo empujó escaleras abajo y pensándolo después llegó a la conclusión de que había tenido suerte de salir tan bien librado, porque lo habitual en estos casos suele ser que alguno de los chulos te deje un recuerdo en la cara o entre las costillas. Desde ese día no cree para nada en la renta per cápita ni en el PIB ni en ninguno de los indicadores que los expertos utilizan para valorar el bienestar económico de una nación. Lo único que le sirve es el precio de una puta: cuanto más cara sea, mejor se vivirá en ese país.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Regresó a tomar el metro a la estación de Church Avenue, dando así por finalizada su experiencia sexual neoyorquina. Cuando por fin volvió a subir a bordo acababan de dar por reparada la avería y ya habían pedido permiso a la autoridad portuaria para zarpar. “Put in movement and leave the port”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Le quedaba media hora para entrar de guardia hasta las ocho de la mañana y permaneció en cubierta presenciando la maniobra y sintiéndose feliz de regresar a un país en donde las putas cobraban 300 pesetas. Escuchaba la conocida voz de Don Manuel por el megáfono: “Proa larga el largo y el través. Popa larga el largo y cobra el sprint.” El buque comenzó a moverse muy lentamente separando la proa del muelle. “Popa, larga el sprint. Máquina avante despacio”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se quedó unos minutos contemplando como Brooklyn se iba haciendo cada vez más pequeño, perdiéndose en luces y sombras en el horizonte. Cuando Don Manuel ordenó avante media, entró para cambiarse de ropa y bajar a la máquina. Nunca más regresó a los Estados Unidos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero mientras descendía las escaleras que le sumergían en el infierno de calor y ruido que supone una planta propulsora de un buque a pleno rendimiento, iba tarareando The boxer, la conocida canción de Simon y Garfunkel:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;                Just a come-on from the whores on Seventh Avenue &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;                I do declare, there were times when I was so lonesome &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;                I took some comfort there.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8289046041474559546?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8289046041474559546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8289046041474559546' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8289046041474559546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8289046041474559546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/03/just-come-on-from-whores-on-seventh.html' title='Just a come-on from the whores on Seventh Avenue'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-6943619180792523094</id><published>2010-03-22T10:03:00.000-07:00</published><updated>2010-03-22T10:06:51.438-07:00</updated><title type='text'>El águila y la liebre</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Volaba un águila bajo el sol y sobre la inmensa estepa castellana cuando allá abajo, al pie de una pimpollada vio una liebre. Lo indicado hubiera sido iniciar un picado fulgurante que terminara con las terribles garras atenazando el cuello del lepórido, pero en esta ocasión la reina de las aves decidió resolver una inquietud que venía atormentándola desde hacía tiempo, así que descendió lentamente de las alturas y fue a posarse sobre el más alto de los negrales de la pimpollada. Luego de componer sus plumas se dirigió al joven lebrato preguntando:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¿Dónde están tus alas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las liebres forman parte del menú habitual de las águilas, lo cual tiene por consecuencia que entre ambas especies se haya generado una manifiesta hostilidad y todo el mundo sabe que los enemigos no se entienden, hablan diferentes idiomas o simplemente ni siquiera son capaces de escucharse mutuamente, que a lo mejor por eso, por no escucharse, es por lo que son enemigos.  Sea esto como fuere el caso es que tampoco oyó la liebre lo que el águila le decía pero se quedó mirándola expectante, porque nadie dejará de estar de acuerdo en que a veces a los jóvenes les domina la curiosidad en detrimento de la prudencia.  El joven lebrato, inmóvil, estaba asustado por encontrarse al alcance de su enemigo y extrañado también porque todavía no se había producido el ataque mortal que suele constituir la única relación entre las águilas y las liebres. “Este animal debe tener alguna enfermedad” -pensó la liebre-. “Quizá algún trauma de la infancia que le impide comportarse como se espera de ella”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El águila se dio cuenta de la mirada fija de la liebre, una mirada a medias entre la extrañeza y el espanto. Nunca había podido comprender por qué las liebres no tenían alas para escapar  volando, raudas como el viento, cada vez que eran agredidas y aquél día decidió salir de dudas, porque es del dominio público que quien pregunta queda por ignorante una vez, pero quien nunca pregunta permanece siempre en la ignorancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¿Qué ocurrió con tus alas? ¿Te las comió el raposo y te dejó muda y sorda del susto?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El águila, que para la mayoría de los habitantes de la estepa representaba  simplemente la muerte con plumas, era un animal sensible y tenía buen corazón. Compadecida de la desgracia de la liebre, la cogió delicadamente entre sus garras y emprendió con ella el vuelo. Quería llevarla a pasear sobre los tesos y altozanos. “Al menos contemplará el mundo desde otra perspectiva” se dijo “y con esto también mataremos la nostalgia de las alturas si es que la tiene”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y subieron, apoyándose en las corrientes térmicas, con ligeros aleteos para enderezar el rumbo, casi sin esfuerzo, hasta que alcanzaron la cota suficiente como para ver el mundo desde arriba y llegaron a sobrevolar una playa donde la liebre quedó impresionada por el mar, pues la mayor acumulación de agua que había visto en su vida fueron unos bodones con los que se topó un día en hora menguada, huyendo de un par de galgos que Dios confunda. Pero desde el cielo pudo contemplar la inmensidad, de color azul turquesa, los barcos y las personas que parecían hormigas allá abajo y que no le darían miedo aunque llevaran escopeta y pensaba que el águila no debería tener nunca desconfianza, mirando el mundo desde allá arriba, el mar, los montes, las colinas el horizonte.  “¡Qué suerte la del águila! Siempre que sea posible” –se dijo el joven lebrato, que iba para filósofo- “hay que contemplar el mundo desde arriba porque solamente así podremos observar su verdadera dimensión, su pequeñez y no le tendremos miedo”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En  esto el ave comenzó a descender en un fulgurante picado para lucir sus habilidades voladoras ante la aterrorizada liebre que observaba como el suelo parecía acercarse velozmente y pensaba que a poco que su improvisada avioneta abriese sus garras habría llegado el fin de sus días. Aquello ya la estaba poniendo nerviosa y a pesar de lo excitante y adecuado que resultaba todo, comenzaba a extrañar la sombra de sus pinos para seguir pastando tomillo, romero y salvia. Pero el águila, que era una de las más hábiles voladoras de su especie, subía y bajaba, iba y venía, mostrando sin palabras a la liebre una nueva visión del mundo, otra perspectiva, para que supiera que no todo se reducía a los cuatro surcos de allá abajo, al borrajo y al tierno alcacer,  sufriendo el calor abrasador de la canícula castellana y las inclementes heladas de sus interminables inviernos. Había otros mundos, otras visiones que era necesario descubrir, experimentar, tener conciencia de que existían, para de este modo relativizar el minúsculo universo que la naturaleza había reservado a las liebres simplemente por no tener alas, siempre con el hocico pegado a la tierra, orientando las largas orejas a todas partes por temor al zorro y mirando con un ojo por encima del hombro para dar un ágil salto en el momento en que percibieran a la muerte con plumas descendiendo en un picado suicida desde las nubes. Esta era la vida de las liebres, pero había otros mundos, y nuestra liebre voladora los estaba descubriendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de un largo discurrir sobre litorales, montañas, bosques,  hazas de cereal, viejos pueblos de adobe, torres de iglesias, arroyos, ríos y lavajos, descendió el águila y depositó con muchísimo cuidado al aterrorizado lebrato justo a la sombra de la pimpollada donde lo había recogido. Y hecho esto, emprendió de nuevo la subida a las alturas convencida de que había realizado la buena obra de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y el lebrato lo primero que quiso hacer fue compartir con su familia y amigos la extraordinaria experiencia, ponerles al corriente de lo que le había ocurrido para que ellos también supieran que otros mundos existían más allá del horizonte y que cabía la posibilidad de subir lo suficientemente alto como para no tener miedo a nada. Oculta tras un majano, convocó a todos sus familiares y vecinos y comenzó a contar su aventura, pero inmediatamente se escucharon unos sonoros abucheos que obligaron al matacán a poner orden en la reunión.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          ¿Quieres que nos creamos que un águila te ha llevado de paseo por el aire en lugar de despedazarte y alimentar con tu cuerpo a sus pollos? No nos tienes el menor respeto si piensas que vamos a ser tan ignorantes como para tragarnos esa fábula. O a lo mejor has estado pastando de las hierbas que están prohibidas ¿Has comida belladona, muérdago, mandrágora? ¿Qué te has metido, desdichado?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El lebrato juró que era verdad cuanto decía y que solamente pretendía que los demás lo supieran para tratar de que cambiaran su timorata actitud ante la vida, pero el viejo matacán, que había sobrevivido a galgos y escopetas, era un escéptico y más aun cuando el lebrato le aseguró que existían extensiones de agua mucho más grandes que los bodones y con mayor fuerza aun que el arroyo en época de deshielo y estaba dispuesto a llamar de nuevo al águila para que corroborase cuanto decía. El matacán no pudo sufrir tanta mentira y menos aun el desvarío que a su sensato juicio suponía llamar nada menos que a la peor de sus enemigas y resolvió prohibir terminantemente al aventurero continuar con aquellos chismes y le reconvino diciéndole que más le valiera dejarse de pendejadas y buscar pareja, que la obligación de las liebres es tener todos los lebratos posibles y cuanto antes mejor. Y como el lebrato, convencido de que le asistía la verdad y la razón, insistiera todavía una vez más, el matacán le propinó un par de mordiscos en las patas con sus enormes y cortantes incisivos y dictó contra él una orden de alejamiento castigándole a permanecer apartado de todos, en la linde misma del territorio hasta que dejara de tratar de soliviantar al grupo con ideas raras y se comportase como debe hacerlo una liebre de bien y de buena familia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La joven liebre aventurera, durante muchos, muchos meses, se convirtió en un animal profundamente triste e infeliz. Había conocido un mundo vasto, imponente, sin límites y se veía compelida de nuevo a deambular entre los surcos, huyendo del zorro, del cazador, de los galgos y del águila; incomprendida por todos y maltratada por los suyos. Una insondable frustración llenó su alma y de haber sido humano en lugar de liebre, sin duda habría pedido consulta con un psicólogo o hubiera dado en el alcoholismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero con el paso del tiempo admitió de nuevo su destino, que era vivir escondida, tratando de alimentarse a ras de suelo, sin poder volar y sin apenas moverse unos metros de su territorio. Y después de unos años, cuando ya era un talludo matacán padre de una veintena de lebratos, incluso dudaba de que su aventura con el águila hubiera ocurrido de verdad. Quizá no había sido más que un sueño, un producto de su imaginación.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-6943619180792523094?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/6943619180792523094/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=6943619180792523094' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6943619180792523094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6943619180792523094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/03/el-aguila-y-la-liebre.html' title='El águila y la liebre'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-9162560210972958623</id><published>2010-03-14T16:20:00.000-07:00</published><updated>2010-03-14T16:22:27.621-07:00</updated><title type='text'>La adaptación al medio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Su padre se pasó toda la vida trabajando y soñando con oportunidades que jamás tuvo y cuando murió, él se dio cuenta de algo muy importante: las transformaciones siempre se dan bajo presión o en tiempos de conflicto, de modo que como su padre no vivió coaccionado y tampoco sufrió, que se sepa, una crisis existencial, nunca se vio obligado a grandes cambios y así cumplió con sus obligaciones sin desviarse ni un milímetro de aquello que se suponía que debía hacer y esto todos y cada uno de los días a lo largo de su existencia. No es que la vida de su padre no le pareciera admirable, pero él buscaba otras cosas, quería experimentar, correr riesgos, protagonizar aventuras, en definitiva pretendía vivir bajo presión, generar su propio conflicto para de ese modo verse obligado a transformarse a cada momento. El punto de partida de todo esto estuvo, desde luego, muy bien elegido porque no hay mayor presión ni peor conflicto para un adolescente que ver morir a su padre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No le gustaría llegar al final pensando en las cosas que quiso y pudo haber hecho pero que no hizo por falta de valor, por ausencia de la suficiente motivación, por acomodarse, aburguesarse, conformarse. De momento decidió desterrar de su vocabulario y de sus apreciaciones las palabras “no puedo” y aceptó el primer desafío que la vida le brindaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al contrario que la mayoría de adolescentes que se limitaban a capear el temporal viviendo lo mejor posible al calor del hogar y soñando con aventuras de vida y libertad cada noche, él decidió vivirlas, porque la juventud solamente ocurre una vez y estaba resuelto a demostrarse a sí mismo que un muchacho sano e inteligente sale adelante sin miedo a nada, transformándose cada día, adaptándose y mirando siempre al frente. Porque hay que vivir en el presente pero pensando siempre en el futuro, exactamente al contrario de lo que ahora le ocurre que vive en el presente pero pensando en el pasado. Por entonces su sueño, su gran sueño era romper con todo aquello para lo cual parecía estar predestinado y experimentar una existencia diferente que le permitiera conseguir de inmediato una sobrada independencia económica  a la vez que vivir en constante conflicto y consecuentemente en perpetua mudanza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su gran ejemplo era el Che Guevara, un hombre que imprimió un giro radical a su vida, y en lugar de languidecer como un médico acomodado en cualquier provincia de Argentina, rompió con todo, movido por un ideal, para vivir en continuo conflicto y en perpetua transformación otra existencia distinta de aquella que le correspondía,  adaptándose cada mañana a diferentes situaciones y expectativas pero llevando a cabo la tarea que se había propuesto hasta sus últimas consecuencias. Seguro que lo fácil y lo cómodo para el Dr. Guevara habría sido proveerse de alguna plaza de médico en su Rosario natal, sin embargo decidió navegar por otros derroteros. Era consciente, desde luego, que el final del Che había sido trágico, pero se decía que eso le había ocurrido por no haber acertado con la alternativa  adecuada en el momento preciso, porque el secreto de todo, la esencia de la vida, es la adaptación, el ser capaz de tomar la decisión correcta en cada momento, esto siempre y cuando lleves una vida que te obligue a tomar decisiones, que era precisamente lo que él pretendía. Sostenía Darwin que la especie que sobrevive no es la más grande ni la más pequeña, sino la que mejor sabe adaptarse a los cambios del entorno, porque en la adaptación, en la transformación, está la clave de la continuidad. Está claro que esto nunca lo comprenderá un funcionario de correos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tampoco su motivación era política o social, como la del Che, sino personal. No pretendía ninguna revolución más que la suya propia y tampoco estaba muy dispuesto a arriesgar nada por un ideal. Ya entonces comenzaba a resultar pragmático, cínico, escéptico y desconfiado, eso que todavía estaba en la primera juventud y ya se sabe que los defectos aumentan con la edad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero se puso en marcha y como acostumbró a hacer después a lo largo de su vida, concentró todo su esfuerzo físico, su energía emocional, sus esperanzas y sus anhelos en sacar adelante con brillantez su primer trabajo, considerándolo como el peldaño inicial de una escalera que a golpe de conflictos y de presiones le obligaría a subir hasta el cielo. Mientras la gente que le rodeaba empleaba su tiempo libre en beber, jugar al póker y visitar regularmente la mitad de los prostíbulos del Atlántico norte, él estudiaba, leía, aprendía… Pretendía dominar cada uno de los sistemas que constituían su puesto de trabajo y no solamente se circunscribía a que la maquinaria funcionase correctamente, sino que quería saber por qué funcionaba; a qué reglas desconocidas de la física o la termodinámica obedecía todo aquél tinglado que era capaz de poner en sus manos nada menos que 62.000 CV. Así, el enunciado de Clausius o el de Kelvin, la ley de Nernst, o el teorema de Carnot, dejaron de tener secretos para él, todo lo cual le proporcionó en su momento el impulso suficiente como para subir más peldaños de la escalera, para seguir transformándose acuciado por la necesidad de hacerlo que él mismo generaba. Cuando pasaron muchos años solía decir: “A mi es que el estrés me pone”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su plan era sencillo. Por más que te esfuerces y por más lejos que hayas llegado, por más alto que subas o por más importante que seas, a los cincuenta tienes que tener todo hecho, porque a partir de ahí tu vida se conjuga en pasado y con mantenerte donde estás tienes suficiente tarea. Llegada cierta edad pasas a ser “el que fue director” o “el que fue jefe” o “el que tuvo tal empresa” y en el plano personal o familiar, simplemente eres el padre de fulanito, porque el importante ya es tu hijo, no tú. Eso no quiere decir que no sigas apareciendo todavía durante cierto tiempo por los ambientes que te han sido propios, participando en alguna fiesta o asistiendo a comidas de hermandad, pero todo ello es en plan testimonial, simplemente para mantener vivos los recuerdos. A veces también te divorcias provocando un seísmo en tu vida, pero que suele ser de corta duración aunque  en ocasiones de gran intensidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como todo esto lo tenía claro, jamás dijo que no a la posibilidad de ganar dinero, de vivir algo diferente conociendo otras tierras y otras gentes, experimentando situaciones y extrayendo de la vida absolutamente todo lo que esta podía darle, asegurándose de ese modo que llegada la hora de la verdad, no le iba a ocurrir lo de haber dejado muchas cosas por hacer o por experimentar. Su pretensión no era superar a nadie que no fuera a sí mismo porque no le  movía el deseo de ascender en la escala social ni siquiera quería hacerse millonario. Solamente ponerse a prueba aceptando diferentes retos y emprendiendo un nuevo proyecto cada cinco años, lo cual absorbía su capacidad emocional y física hasta tal extremo que las jornadas de doce horas no eran algo inusual en su vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que nunca se planteó fue tener que parar antes de tiempo. Eso simplemente no entraba en sus cálculos, no lo tenía previsto, con lo cual, en caso de parada forzosa no existía un plan alternativo para canalizar toda su energía. No es que creyera que él iba a ser eterno, pues siempre tuvo muy presente la indefectibilidad de la muerte, quizá demasiado presente para la atolondrada forma de vivir actual. Lo que jamás contempló fue qué hacer con su capacidad, con su energía y con su tiempo en caso de no poder llevar a cabo ninguna actividad profesional, porque su vida siempre había girado en torno al trabajo y a la familia y en ningún caso pensó que se podían perder ambas cosas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así que él, un apóstol de los escenarios de conflicto, un abanderado de la iniciativa, de la lucha, del movimiento, del cambio, no supo qué hacer ni cómo cambiar para adaptarse a la nueva situación que llegó cuando se vio sin trabajo y sin familia. Anduvo dando tumbos simulando que se transformaba durante un par de años solamente para terminar constatando que no sabía cómo transformarse ni a qué rumbo virar. Pero si la especie que sobrevive no es la más fuerte ni la más grande sino la que mejor se adapta a los cambios ocurridos en su entorno y él se reconoce incapaz de adaptarse a esos cambios, no le queda otra más que extinguirse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de eso, de nada se arrepiente, ni en el pasado ni en el presente. Solo espera que algún curioso paleontólogo, alguna vez dentro de muchos años, encuentre el fósil de su alma y sea capaz de desentrañarlo y explicar al mundo por qué las cosas no salieron como tenían que haber salido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-9162560210972958623?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/9162560210972958623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=9162560210972958623' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/9162560210972958623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/9162560210972958623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/03/la-adaptacion-al-medio.html' title='La adaptación al medio'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-4161453111291540769</id><published>2010-03-07T22:23:00.000-08:00</published><updated>2010-03-07T22:24:53.954-08:00</updated><title type='text'>El triunfador</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Los  asistentes comienzan a llegar y el recinto se va llenando de gente y de humo de tabaco y él piensa que estaría mucho mejor en su casa leyendo un libro o escuchando música, pero las comidas o las cenas de negocios entran dentro de las obligaciones a que se ve sujeto. Es una especie de impuesto que hay que pagar por haber llegado a lo más alto de la escala social pero también es el único modo que existe de mantenerse allí, porque si no te ven no haces negocios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Profesionalmente tenía todo aquello a lo que razonablemente podía aspirar, su opinión y su criterio eran considerados por todo su entorno, era conocido y en cierto modo famoso y conseguía casi todas las mujeres  que deseaba, a pesar de su aspecto desmañado y su torpe aliño indumentario pero la época de tener que vestir bien por obligación había pasado y estaba entrando en otra etapa superior, en aquella  reservada exclusivamente para los triunfadores de verdad, para las élites. Cuentan que hace algunos años una revista nombró a  la Duquesa de Alba como la mujer peor vestida de España. Preguntada la Duquesa sobre el particular, respondió diciendo que cuando una se llama María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva y es cinco veces duquesa y dieciocho veces marquesa, puede vestir como le dé la gana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aunque tiene que reconocer que hubo un tiempo en que la asistencia a una reunión o comida de negocios suponía para él un acontecimiento excepcional que requería la más adecuada preparación, hoy esa actitud está claramente superada porque sabe casi exactamente cómo se va a desarrollar el evento y de este modo todo resulta previsible y aburrido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Qué hace en reuniones como esa? En realidad no lo sabe. Irán llegando y se acercarán a saludarle. Le comentarán algunas de sus decisiones o los últimos problemas relacionados con el trabajo, procurando siempre recalcar que están particularmente de acuerdo con él en todo. Como respuesta, él se esforzará por hacer sentir a cada uno de sus interlocutores que son únicos en su consideración personal y que ocupan un puesto de privilegio en cuanto a sus afectos. Alguna mujer, de esas que no se dejan engañar por las apariencias, notará el pequeño alboroto que se genera a su alrededor y buscará la forma de acercarse, convencida de que lo único que realmente le interesa, como a casi todos los hombres, es el sexo. Pero todo el mundo, en el fondo, lo que quiere es pedirle algo y piensan que lo conseguirán con elogios y adulación y además están seguros de conocer lo que realmente él necesita y se lo ofrecen solícitos y reiterativos. Sin embargo, la verdad es que todo cuanto él desea es estar solo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ha asistido antes a cientos de reuniones parecidas, vinos españoles, comidas de negocios o de hermandad, cenas con socios o amigos y final en algún prostíbulo recomendable y la verdad es que la única razón por la que se decide a presentarse en esos eventos es el aburrimiento, porque no encuentra nada interesante en ninguna parte. La gente cree que ha triunfado, que vive bien, veranea en buenos hoteles, cambia de coche cada tres años, se rodea de bellas mujeres. Pero él se aburre y ya no le encuentra sentido a nada aunque esto solamente lo reconoce las pocas veces en que se para a hablar consigo mismo porque parece una obligación continuar ofreciendo la imagen de feliz triunfador, de hombre absoluto que todo lo puede y que todo lo controla, duro, racional, infatigable, estricto. Quizá en algún momento lo fue, pero ahora tenía que hacer verdaderos esfuerzos por dominar determinados pensamientos y por eso, por aburrimiento y por miedo, acudía a fiestas y reuniones en donde le decían que tenía mucha suerte, que había vivido siempre muy bien y que había triunfado. A pesar de sus problemas mantenía un alto nivel de vida y tendría que sentirse muy satisfecho de haber llegado donde llegó, sin más apoyo que su propio esfuerzo, pasando por encima de fatigas, cansancios, miedos y desasosiegos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto piensa la gente, quienes le rodean y quienes le conocen. Es un triunfador, tiene mucha suerte, la verdad es que se lo ha ganado, le ha costado pero lo consiguió.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo él, aunque no dice nada, sabe que ha perdido. Ha perdido el partido y la competición, porque daría la mitad de sus triunfos por un poco de lo que tienen todos cuantos le admiran y le envidian. Algo tan simple como una familia, unos hijos, unos nietos. Incluso se conformaría con un método efectivo para vencer a la soledad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ese es realmente el triunfador&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-4161453111291540769?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/4161453111291540769/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=4161453111291540769' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4161453111291540769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4161453111291540769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/03/el-triunfador.html' title='El triunfador'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8115198675617027948</id><published>2010-03-01T06:54:00.000-08:00</published><updated>2010-03-01T06:57:12.630-08:00</updated><title type='text'>La actividad y la contemplación</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Las personas nunca están satisfechas con nada. Si tienen poco, quieren mucho y si tienen mucho quieren todavía más. Pero si llegan a tener más, pretenden ser felices con poco, aunque son incapaces de hacer ningún esfuerzo en este sentido y así, ambicionando siempre lo que no tienen y diciendo no puedo, es como todos consiguen permanecer insatisfechos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Parece que nadie entiende que la felicidad es algo muy simple, porque básicamente se trata de tener buena salud y vivir un día más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Caminaba lentamente por el paseo central del Campo Grande cuando pasó apresurada una chica vestida con tejanos azules y camiseta blanca ¿Qué puede ser tan urgente que le impida contemplar un hermoso día de sol, el cielo azul, los niños jugando en los columpios y el verde de los árboles?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“No corras muchacha” pensó.  “Nunca podrás huir de las dos presencias más importantes que condicionan la vida de cualquier ser humano: el tiempo y la muerte. El tiempo determinará tus pasos y por una razón o por otra siempre conseguirá que no le prestes excesiva atención a las cosas interesantes como el atardecer, la lluvia, el canto de los pájaros y el olor a tierra húmeda. El tiempo también te impedirá valorar lo suficiente el milagro de la vida cada día. En cuanto a la muerte, vas corriendo por el paseo central del Campo Grande con un futuro cadáver: tu cadáver”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero no es posible tener siempre pensamientos tan trascendentes; es mejor tomárselo  todo con más tranquilidad y hacer lo mismo que la mayoría: seguir paseando y estar atento a lo que sucede en esta mañana soleada de finales de invierno, aunque sea consciente que mientras barzonea entre los árboles, su itinerario en el tiempo no cesa; es un viaje que no tiene estaciones intermedias ni posibilidad de retorno. El paseante no sabe exactamente lo que siente pero se da cuenta de que su mundo desaparece a su alrededor; sus amigos y conocidos se mueren, sus edificios son derruidos, sus posibilidades se desvanecen y sus paisajes cambian radicalmente. Todo lo que ha constituido su entorno cotidiano y conocido se va transformando y él no es capaz de asimilar esas mutaciones como tampoco asimila su deterioro o su senectud.  Ya sabe que a la vez surgen otros mundos, pero ninguno de ellos será nunca el suyo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“No pienses más en esto, déjalo estar no es de tu incumbencia y nada puedes hacer para evitarlo o modificarlo; debes estar preparado para avanzar, para seguir más lejos y más adelante porque nadie entenderá que todo ha sido inútil. Tienes que mirar a tu alrededor, observar lo que ocurre en la ciudad e integrarte en ella, como si nada pasara, como si jamás hubiera ocurrido nada ¿Acaso no has recibido ya tu ración de sufrimiento y de soledad? Estadísticamente no puede corresponderte nada más. Permanece atento y aprovecha la vida que te queda”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Abandona el Campo Grande y cruza hacia la acera de los pares del Paseo Zorrilla, en busca del sol reconfortante de la mañana. Es otro mundo. El Campo Grande y el Paseo Zorrilla son dos universos que a pesar de estar contiguos no se superponen, ni siquiera son tangentes o limítrofes. Pasa del piar de los pájaros y del lento caminar de los patos a la gente apresurada vestida con sobrios atuendos: ellos traje,  camisa coloreada y corbata a juego; ellas falda recta, zapatos de tacón y alguna joya. Gafas de sol para ambos sexos y una íntima necesidad morbosa de destacar, aunque aparentemente se trate de pasar desapercibido. El teléfono móvil es el elemento primordial de la indumentaria porque parece trascendental recibir llamadas o mensajes a cada momento: por la calle, en el transporte público, en la cafetería… Es necesario interrumpir cualquier conversación para atender una llamada que verdaderamente no es urgente o teclear largos textos para enviar SMS, porque todo el mundo parece haber olvidado que esas siglas son las iniciales de servicio de mensajes cortos (short message service) y utilizan el minúsculo teclado con la misma velocidad y profusión que el propio ordenador de casa o de la oficina. Es un modo de comunicarse lento e incómodo que además puede provocar serias lesiones en los pulgares, pero es perfecto para hacer creer a todo el mundo que eres alguien importante, que necesitas informar, dar órdenes o pedir instrucciones y así, las cafeterías de las zonas comerciales de la ciudad están repletas de jóvenes ejecutivos que cuando no reciben una llamada están absortos moviendo frenéticamente los pulgares sobre su teléfono móvil, llenando el ciberespacio de estupideces como “Buenos días amor mío, pienso en ti” “Llegaré tarde a comer” “La reunión es aburridísima”… Cosas que se tardan cinco minutos en escribir y cinco segundos en leer y que además no interesan a nadie. Pero el mundo del Paseo Zorrilla es así. Es necesario dar una imagen, el teléfono tiene que sonar y hay que sacarlo rápidamente del bolsillo para responder la llamada o leer el mensaje de texto. De ese modo el interlocutor se siente importante y el negocio del que está tratando avanza con rapidez porque todo el mundo sabe que está ante una persona ocupada. Se retoma la conversación que vuelve a ser interrumpida a los tres minutos con una nueva llamada o un nuevo mensaje, mientras en el Campo Grande, apenas a doscientos metros, ha llegado la hora de que una pata conduzca a sus patitos al estanque.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El paseante continuó su deambular, disfrutando del sol de la mañana y rodeado de gente apresurada con gafas oscuras, teléfonos móviles y carteras. El  desocupado paseante se preguntaba a cuál de los dos mundos pertenecería él, si al del Paseo Zorrilla o al del Campo Grande, porque la verdad es que ninguno de los dos le gustaba demasiado. Sin embargo tenía el propósito de participar en algo porque aunque hacía años que había descartado  totalmente la posibilidad de emparejarse con alguien, también había llegado a la conclusión de que era preciso formar parte de algo y ahora solamente necesitaba saber de qué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Buscaba, aunque no sabía cómo llamar a lo que buscaba. El nombre hace que las cosas o los individuos se concreten y se transformen en entes únicos y especiales, con pasado y con futuro, con antecedentes, antecesores, descendientes y consecuencias, con logros y fracasos, conquistas y derrotas. Por eso, lo que él sentía o lo que él necesitaba era tan vago y sutil, que todavía estaba innominado en su mente, porque en el subconsciente nada tiene nombre, solamente existe la verdad pura, escondida en los recovecos del cerebro que vive allí por un período de tiempo y se marcha cuando los deseos o las frustraciones son superados o satisfechos. Pero el nombre que damos a las cosas o a las personas no es importante porque la esencia de la vida es la capacidad de amar. Quizá entonces debería buscar a alguien, pero siente que ya no puede, que no le quedan fuerzas, ni deseos, ni necesidad, ni ganas y que si la esencia de la vida es la capacidad de amar, en ese sentido él lleva ya años muerto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo tan esperado, tan previsible: el mundo de la actividad y del futuro y el de la contemplación y del pasado. Si decidiera incorporarse a cualquiera de esos dos mundos nadie se atrevería a pedirle la entrada porque supuestamente todavía estaba a tiempo de optar por la acción o por la pasividad y seguro que no desentonaría en ninguna parte. Dentro de algunos años, sin embargo, quizá ya no tuviera espacio donde encajar, por lo tanto era perentorio decidirse y a pesar de eso llevaba meses dándole vueltas sin saber qué camino tomar. Porque la verdad… La verdad era que ninguno de las dos opciones le interesaban, porque realmente no había ya nada que llamase su atención. Y si por su incapacidad para amar llevaba varios años muerto, su absoluta carencia de interés por el presente o por el futuro no hacía más que extender, para quien quisiera verlo, su certificado de defunción.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8115198675617027948?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8115198675617027948/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8115198675617027948' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8115198675617027948'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8115198675617027948'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/03/la-actividad-y-la-contemplacion.html' title='La actividad y la contemplación'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-6231259815985553321</id><published>2010-02-21T22:12:00.000-08:00</published><updated>2010-02-21T22:14:47.590-08:00</updated><title type='text'>Camino equivocado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Sus padres siempre quisieron que fuera a la universidad. En concreto a su madre le encantaban las carreras técnicas y una ingeniería la hubiera colmado de satisfacción sobre todo porque consideraba que esas profesiones eran básicamente masculinas, lo cual otorgaba a su valiosa e inteligente niña la posibilidad de demostrar que podía brillar con facilidad en un ambiente de hombres. Su padre, sin embargo, parecía no dar demasiada importancia a que estudiase una cosa u otra y cuando el asunto se suscitaba solía decir que prefería una cajera feliz que una ingeniera desgraciada y que lo que buscaba para su hija era la felicidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El caso es que cuando terminó el bachillerato la enviaron a la mejor universidad privada que pudieron permitirse y así, casi sin darse cuenta, se encontró antes de cumplir los veinte, matriculada en Ingeniería Química. Como siempre fue una chica obediente y seria, por el día asistía a clase y estudiaba la estructura molecular de los hidrocarburos, pero las  noches las pasaba dejándose cortejar por quien quisiera hacerlo, siempre que el posible acompañante no mostrara un excesivo deterioro físico, tuviera una regular cultura y una sobresaliente cartera. Porque ya hacía un par de años que había aprendido a considerar el sexo como una posibilidad para solucionar problemas de dinero o para obtener aquellos objetos que su economía normal jamás le permitiría alcanzar. Todos sabemos que esa forma de pensar, ese tortuoso modo de utilizar el sexo es peligrosísimo y generalmente letal a los veinte años, pero ella no lo sabía. Las pocas barreras éticas que pudiera haber tenido habían caído hechas pedazos y ahora el asunto giraba exclusivamente en torno a ganar dinero, divertirse y vivir bien.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El tiempo fue pasando demostrando una vez más que no se puede engañar a todo el mundo siempre. Abandonó la carrera, porque sus dos actividades eran incompatibles y para escapar del torrente de reproches que sus padres siempre tenían preparado, abandonó también la ciudad y como no dio a nadie noticias de su nueva residencia, técnicamente desapareció; al menos renunció al papel de hija brillante de familia burguesa estudiando en prestigiosa universidad privada. Su vida quedó reducida a su otra actividad, es decir, puta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se apuntó en una agencia y le iba muy bien: apenas pasaba de los veinte, era alta, atractiva, educada, culta, sabía estar y comportarse tanto en la cama como fuera de ella. Al menos la estricta educación y los modales que le enseñaron sus padres y el colegio de monjas estaban sirviendo para elevar su categoría y consecuentemente  su precio, que llegó a ser extraordinariamente elevado aunque  ninguno de sus clientes parecía discutirlo porque tampoco ninguno de ellos daba la impresión de atravesar por problemas económicos. Buenos hoteles, paradores y restaurantes de lujo; desplazamientos en vehículos de gama alta, algunos de ellos con chófer,  generosas propinas… Y todo por hacer algo que realmente le gustaba, porque como solía ella decir, desde los catorce se había follado a la mitad del instituto, simplemente por morbo y por placer. Un día, el dueño de un bar donde solía reunirse con las amigas, la requirió. Era un hombre de la edad de su padre y ella tenía dieciséis años. Al principio dijo que no, pero el hombre fue insistente, persuasivo, le dirigía miradas que la hacían sentirse aturdida y el que un señor de esa edad la desease, era para ella como obtener una  matrícula de honor en seducción. Acabó accediendo y pasó una tarde con él en un hotel de carretera. Ella había disfrutado muchísimo, más que con cualquiera de los inexpertos de su edad. Cuando se despidieron, su amante le metió en el bolso un sobre con dos mil pesetas y ahí descubrió ella su verdadera vocación: me pagan por hacer algo que me gusta, de modo que si necesito dinero ya sé dónde encontrarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de abandonar los estudios y trasladarse a otra ciudad, lo primero que hizo fue alquilar un apartamento en un edificio céntrico y exclusivo y comprarse un Audi TT. Ambas cosas eran caras y realmente no servían para nada, pero ella se encontraba en la cresta de la ola, en la cima, ganabas tres veces más que cualquier profesional liberal de prestigio y cinco veces más que su padre y si quería un Audi TT, tenía un Audi TT y si quería un apartamento de lujo, tenía un apartamento de lujo, porque para eso estaba en la cima. No era consciente, casi nadie lo es, de que a partir de la cima empieza la decadencia y la actitud inteligente es prepararse un buen colchón cuando estás arriba, pues inevitablemente acabarás necesitándolo cuando comiences a descender.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al fin y al cabo era una niña caprichosa. Con veintiún años se enamoró  de alguien a quien bondadosamente podríamos calificar como truhán, pero si queremos ser estrictamente sinceros deberíamos llamar proxeneta. Obviamente las posibilidades de enamorarse se circunscribían a los hombres de su entorno, ninguno de ellos con una ética recomendable y muchos incluso con alguna estancia en prisión. Entre los clientes sí que había varios que merecerían que ella les amase, pero eran clientes y para ellos su relación no representaba más allá de un servicio por el cual pagaban y jamás, aunque pasasen mil años, dejarían de ver en ella otra cosa que una puta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de unos meses y comprobando que estaba loca de amor, le propuso que vivieran juntos, a lo cual el hombre accedió encantado, pues no tenía trabajo ni ganas de buscarlo y también se le estaba terminando el dinero, con lo cual se aferró a ella como a tabla de salvación, diciéndole todo lo que valía, lo que representaba para él, lo que la quería y lo feliz que era a su lado, para terminar pidiendo mil duros o sugiriendo que podía trabajar un poquito más que total, los domingos, que ella se los había reservado siempre, se podían hacer uno o dos servicios y que a ella no le costaba nada “hazlo por mi cariño”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En este ambiente, donde cada vez le exigían más y cada vez era menos libre, se vino a quedar embarazada. Estaba segura de que era de su amante porque con nadie más practicaba sexo sin protección, pero él le ordenó que abortara y después de pensarlo varios días entre angustias sublimes y lágrimas amargas, ella decidió que quería tener a su hijo, a pesar de todo y contra todos, que estaba loca, pero que quería tenerlo, que era un hijo del amor y que tenía derecho a venir a este mundo. Ciertamente era un hijo del amor, pero del amor de ella, no del amor de sus padres.&lt;br /&gt;El truhan le insistió en que podía ser de cualquiera de sus clientes y ella lo negó; le argumentó diciendo que un niño acabaría con sus posibilidades de trabajar, pero ella dijo que no, que mientras estuviera haciendo un servicio él cuidaría de la criatura. Y aquí ya estalló el problema, porque él recibió esa petición como un insulto a su masculinidad y la amenazó diciendo que si tenía el chico él se largaba y ante la decisión inamovible de ella, él se marchó en mala hora, dejándola con una tripa de seis meses y el corazón destrozado, que así terminó la historia de su primer amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y en su tiempo parió una niña que nació y se crió, porque casi todo lo que nace se acaba criando, bien o mal. En este caso mal, porque a su madre le faltaba motivación, madurez y responsabilidad para hacerse cargo de la educación de su hija y la niña iba creciendo en edad y en problemas, siempre en manos de cuidadoras y de niñeras mientras su madre atendía a sus clientes noche tras noche. Todo esto le producía mucha angustia y comenzó a dormir mal, a beber y a meterse una rayita de vez en cuando. La cuesta abajo había comenzado y acababa de cumplir los treinta años.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La expulsaron de la agencia después de que un cliente importante se quejara de su comportamiento agresivo y de su borrachera. La verdad es que era pendenciera porque la cocaína le producía agresividad y en cuanto al consumo de alcohol, pues ciertamente resultaba desmesurado. Con esas referencias no podía trabajar para una agencia de élite, porque realmente ella ya no era una prostituta de lujo, de manera que se vio obligada a entrar en un  piso de citas con otra compañera; a sus treinta años no sabía hacer otra cosa y ni siquiera se planteó la posibilidad de intentarlo, pues en alcohol y coca gastaba casi todo lo que hubiera constituido su sueldo en cualquier trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En esas estaba cuando conoció a un hombre que se interesó sinceramente por ella. No es que fuera un adonis o supermillonario; ella tenía treinta y dos años y él cuarenta. Era divorciado y un hombre galante, atractivo, extraordinariamente culto y bondadoso, que se ocupó de ella en la medida de lo posible hasta el punto de llegar al matrimonio, a pesar de que sabía cuál era la profesión de su futura esposa.&lt;br /&gt;Le costó mucho adaptarse  a la nueva situación, de hecho nunca se llegó a acomodar del todo. No sabía cocinar, ni limpiar, ni planchar, ni controlar o administrar el dinero, pero su marido no quería que siguiese con su trabajo y la apoyaba siempre tratando de comprenderla y ella al principio se sintió agradecida, valorada y querida por primera vez. El peaje a pagar por esta relación fue la pérdida del contacto con su hija, que jamás admitió pasar a segundo lugar en las preocupaciones de su madre, pero ella pensaba que con el amor y la compañía de su esposo tendría suficiente y así fue en verdad durante algunos años, aunque el recuerdo de la niña jamás desapareció del todo, porque ni un solo día, ni uno solo, dejó de pensar en ella durante todos los años que vivió y poco a poco, además del recuerdo, comenzó a aflorar un sentimiento de culpa, un remordimiento por no haber sabido dar a su hija todo lo que se merecía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ese desasosiego la turbaba cada vez más y crecía en su interior como una bola de nieve hasta el punto de hacerle volver poco a poco a la coca y al alcohol y como  la situación económica de su esposo, con ser buena no era suficiente como para sufragar tales vicios, necesitaba hacer algún servicio de vez en cuando. Su marido estaba engañado, pues pensaba que su mujer se encontraba totalmente rehabilitada, que por su amor y sus cuidados había abandonado su antigua vida y se había convertido en una esposa, si no perfecta, al menos normal, más o menos como todas las de su entorno. El hombre, en su simpleza, ignoraba el viejo refrán que dice “la que es puta lo es siempre”; proverbio cierto en la mayoría de los casos, porque una vez traspasada la barrera ética y comprobado lo sencillo que resulta conseguir dinero con el cuerpo, es fácil volver a caer en la tentación, pues problemas económicos o necesidad de fondos todos los tenemos alguna vez y para las mujeres que han probado ese tipo de vida, resulta muy cómodo volver a hacer un servicio para pagar la hipoteca, o la letra del coche, o la raya de coca. Al menos mucho más fácil que ahorrar, suprimir gastos o trabajar más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un día su marido la vio salir de un portal y le preguntó de dónde venía. Ella no lo supo explicar de un modo coherente y el fingió que quedaba convencido, pero posteriormente investigó y descubrió la verdad: en aquel edificio había una casa de citas donde su mujer acudía un par de tardes a la semana para conseguir el dinero suficiente que le permitiera mantener sus adicciones ocultas. Sabido esto, aquella misma noche la encaró con sinceridad, pero con cierta violencia y le advirtió que esa actitud era incompatible con el mantenimiento del matrimonio. Ella no supo reaccionar, porque si hubiera estado totalmente sobria y no hubiera esnifado nada en las últimas cuatro horas, quizás hubiera llegado a pedir perdón, a prometer, a jurar y a hacer propósito de enmienda. Pero ya decimos que la coca le endurecía el corazón y le producía agresividad mientras que el alcohol embotaba su capacidad para razonar con inteligencia, de modo que sin considerar lo que podía perder, se dejó vencer por el orgullo y se puso chula, lenguaraz y mal educada, contestando improperios en un ataque imperdonable de jactancia. A partir de entonces, escenas como está se repitieron con demasiada frecuencia y tras seis meses de tormentosas discusiones, por exigencia de él acabaron divorciados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su marido era bueno, pero no tonto. El tinglado económico del matrimonio estaba  montado de tal modo que la dejó literalmente en la calle y sin ningún medio  para subsistir, absolutamente ninguno. Iba a cumplir cincuenta años y después de dilapidar miles de euros y varias oportunidades se encontraba sola, abandonada por todos, necesitada, desorientada y prácticamente llegada a su término y fin. Intentó, después de tantos años, apoyarse en su hija, pero la niña le cerró sin compasión la puerta. Forzada a abandonar lo que había sido su hogar, donde convivió con su marido y donde había puesto su vida y sus ilusiones, tuvo que alquilar una habitación en un piso compartido y su precio había caído tanto que a sus cincuenta años se veía obligada a practicar felaciones en el interior de los vehículos a cambio de veinte euros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de diez años de arrastrar el SIDA y la hepatitis, limpiando por horas en las casas ha sido enterrada en la fosa común antes de cumplir los sesenta y dos. Nadie acudió a su entierro y entre sus pertenencias no se halló nada del suficiente valor como para pagar una sepultura.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-6231259815985553321?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/6231259815985553321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=6231259815985553321' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6231259815985553321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6231259815985553321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/02/camino-equivocado.html' title='Camino equivocado'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1551142184089199807</id><published>2010-02-14T15:24:00.000-08:00</published><updated>2010-02-14T15:25:18.595-08:00</updated><title type='text'>La moda</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sinceramente, la moda, las tendencias y la modernidad han sido conceptos que nunca le preocuparon lo más mínimo. Hay gente que cree que moda es esa costumbre en el uso de la indumentaria que cambia cada temporada o como mucho cada año y que pretende y a veces consigue, obligarnos a consumir determinadas marcas de ropa, vestuario y complementos.  En la fiestas y reuniones de los pudientes se establece una competencia, sobre todo entre las mujeres, mostrando sus zapatos, sus bolsos, sus vestidos, para que todo el mundo se entere de que van a la moda o están a la moda porque ellas piensan que comprar y exhibir lo último que sale a la venta cada temporada significa vestir bien, estar en la onda. Pero la cosa es algo más complicada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La moda es mucho más que eso. Es una forma de decir a los demás en qué tipo de sociedad te incluyes,  de qué clan formas parte, algo como la bandera o el uniforme: “Mira, visto como tú, pertenezco a tu ambiente, a tu mundo, no me ataques, apunta en otra dirección”. Desde que la especie existe como tal, moda es la forma de transmitir a todos un mensaje sin palabras pero universalmente comprensible: me visto del mismo modo que tú, pertenezco a tu misma tribu, no somos enemigos, estamos juntos para conseguir un fin y así sobrevivimos mejor. Puede que estemos unidos para aprovecharnos del débil o para atacar al fuerte, pero si nos vestimos igual no somos enemigos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo este mensaje, nítido y coherente se ha desdibujado con el paso de los siglos y por ahí cada vez hay más gente que cree que la moda lo es todo y así, cada medio año se gastan una pequeña fortuna para cambiar algún detalle y de este modo poder seguir anunciando ostensiblemente que pertenecen a la tribu exclusiva de los ricos ociosos, con lo cual su propia auto estima de mantiene intacta. También existen ricos laboriosos pero son de otra forma. Los multimillonarios modernos, dueños de valiosas empresas informáticas llevan relojes de plástico y tejanos rotos, porque el mundo ha cambiado, aunque la tribu de los ricos ociosos parece no haberse dado cuenta. En torno a las actividades de los parques tecnológicos se acumulan verdaderamente las pequeñas fortunas de hoy, como las de hace cien años se acumulaban en torno a los silos de cereal. Pero entre los modernos ricos informáticos parece tener todo el mundo el mismo nivel social; nadie presta la menor atención al tamaño de un diamante, la marca de una corbata o el modelo de una cartera de cuero. Incluso diríamos más porque en los parques tecnológicos, poderosas máquinas emergentes de hacer dinero, ni siquiera hay corbatas o carteras de cuero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Detrás del parque tecnológico está el casino, igual que detrás de la cruz está el diablo. El casino también es una máquina poderosa aunque en decadencia, pero que aun es capaz de lograr que los ingenuos crean en los vestidos de alta costura, en los collares de esmeraldas y en los coches de lujo. Y como toda esa gente es la que aparece en las revistas, mientras que los esforzados pequeños empresarios del parque no lo hacen, el asunto de la moda y de la fama sigue funcionando. A nadie le interesa destruir una gigantesca empresa publicitaria, que mueve millones de euros de forma gratuita y que es capaz de vender objetos inútiles, cambios innecesarios de tendencia, liposucciones, aumento de senos y cremas de la eterna juventud.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es ridículo. No puede esconder su desprecio hacia aquellos cuyas decisiones influyen en la vida de millones de hombres y mujeres, honestos y laboriosos trabajadores, que llevan su existencia cotidiana con dignidad porque tienen salud, el amor de su familia, un lugar donde vivir  y un poco de suerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es perverso. Cuando todo está en orden y la familia se reúne en torno a la mesa para cenar, aparece en la televisión el fantasma de los famosos, vendiendo sus sueños imposibles: lujo, belleza, poder, dinero… Alguien se lo cree y la familia se desarraiga, pierde el norte y la estructura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El padre comienza a hacer horas extras para comprarles a sus hijos las últimas zapatillas de deporte tratando de evitar que se vean marginados en el colegio. La esposa maldice su suerte amargamente porque tiene amigas que visten ropa de marca y ella carece de dinero para adquirirla. Y los adolescentes, en vez de conocer los verdaderos valores del trabajo, la solidaridad y la esperanza, sueñan con convertirse en artistas o simplemente en famosos, que es como se llaman ahora las putas y los truhanes. Las chicas de los pueblos pierden su identidad y empiezan a considerar como posible la idea de trasladarse a la gran ciudad para aceptar cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, con tal de conseguir un determinado vestido, una cierta joya, una foto en una revista o cinco minutos en un obsceno programa de televisión. Y así la sociedad, que debería caminar hacia la justicia, pasa a girar en torno a lo material, en torno a objetos e incluso a personas que al cabo de seis meses ya no sirven, se han quedado obsoletos, no están en la onda, no son fashion, hay que renovarlo todo, incluso la chica de pueblo ya está amortizada. Y así se consigue que la gente despreciable que manipula toda esta maquinaria continúe estando en la cima del poder y de la riqueza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero él nunca se había dejado subyugar por esa influencia destructiva. Continuaba ejerciendo lo que le parecía un trabajo envidiable, ganando suficiente dinero para cubrir con creces sus necesidades y desde luego bastante más que muchos de los famosos o famosas, truhanes o putas que aparecían a diario en la televisión y en las revistas. De momento, jamás le había resultado difícil seducir a una mujer incluso antes de que ella supiera que era un hombre con posibles y con la suficiente capacidad económica como para que el dinero no supusiera una contrariedad. Estaba a punto de cumplir los cuarenta y se encontraba en plena forma; en su chequeo anual no se había detectado absolutamente ningún problema de salud y ni uno solo de los parámetros arrojados por sus análisis estaba fuera del rango considerado como normal y saludable. Carecía de deudas y no necesitaba llevar una determinada marca de ropa, frecuentar un restaurante de moda, pasar las vacaciones en la playa “donde va todo el mundo” o comprarse determinado reloj porque lo recomendaba un cantante de moda o un deportista de éxito. Solía firmar contratos con un bolígrafo de veinticinco pesetas y usar chaquetas cómodas adquiridas en un almacén cercano. Podía hacer lo que le daba la gana, sin tener que demostrar nada a nadie, excepto a sus clientes y a sus subordinados y estrictamente dentro del ámbito laboral. Por eso se sentía privilegiado y libre; porque no estaba constreñido por nada, salvo por sus obligaciones profesionales, dentro de un trabajo interesante que le entusiasmaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Verdaderamente se ilusionaba con todo lo que hacía no sólo con el trabajo, porque siempre fue un hombre absolutamente entregado a la tarea de conseguir aquello que se proponía. Por entonces vivía como si la salud o la vida misma fueran para él inagotables, no necesitaba la moda para fingir o aparentar; no era famoso, aunque sí conocido por su capacidad profesional, por sus amistades y por sus contactos. Estaba en la cresta de la ola, en lo más alto a lo que podía aspirar personal y profesionalmente, en el punto culminante de la parábola.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ignoraba que había llegado a la cima y consecuentemente a partir de aquél momento no le quedaba más que descender, porque de la cima, igual que de la vejez, nadie pasa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1551142184089199807?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1551142184089199807/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1551142184089199807' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1551142184089199807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1551142184089199807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/02/la-moda.html' title='La moda'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-7281660296939117810</id><published>2010-02-07T15:10:00.000-08:00</published><updated>2010-02-07T15:13:26.272-08:00</updated><title type='text'>Algo único, excitante y personal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Durante todos estos años no se pudo quitar de la cabeza el recuerdo de las madrugadas en la churrería del barrio. A las seis y media de la mañana la churrería del barrio estaba llena de gente y olía a tabaco, a sudor y a colonia barata. Aunque recién levantado, el camarero parecía tan extremadamente cansado como sus somnolientos clientes que conversaban en voz baja; algunos acababan de salir de trabajar y otros fumaban el primer cigarrillo del día y tomaban una copa de anís, antes de comenzar la nueva jornada. Pero tanto los que venían como los que iban trataban de posponer en lo posible la hora de marcharse; parecía que unos no querían recomenzar la faena cotidiana y otros se resistían a regresar a casa para meterse en una cama fría y solitaria, aunque hubiera una mujer durmiendo entre las sábanas. Había que aguantar en el bar, acunados por el sonido del entrechocar de platos y tazas y por los gemidos de la película porno que astutamente pasaba el patrón para atraer clientela. Nadie quería volver a casa y nadie quería marchar al trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de todo, muchos de ellos hacía ya más de veinticinco años que habían empezado esa vida: casa, trabajo, bar, supermercado los sábados, camping en vacaciones… Y todavía no les había ocurrido nada de importancia, nada único, excitante y personal. En cada una de las diferentes mesas de la churrería el pensamiento era el mismo aunque casi nadie fuera consciente de ello: todos deseaban que alguna vez les ocurriera algo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la tele un negro estaba haciendo cosas increíbles con dos jóvenes rubias, adoptando posturas que la mayoría de los clientes ni siquiera sabían que se podían adoptar. Los parroquianos hablaban entre sí y sonreían a veces sin quitarle un ojo a la pantalla de la televisión. Precisamente eso mismo podía ser la cosa importante y única que les ocurriese en la vida: tener a dos bonitas mujeres a su disposición, dos jóvenes rubias con las cuales poder hacer todo aquello que estaba haciendo el negro. Algunos, a la vista de las representantes del sexo femenino que les rodeaban en la vida real, pensaban que mujeres como aquellas de la tele no existían efectivamente, porque las tías, ya se sabe, al poco de casarse engordan, nunca tienen ganas de sexo y de la posición del misionero no hay quien las mueva. Valdría la pena una experiencia como la del negro, sería, desde luego, eso que todos ellos esperaban sin saberlo, esa situación única, excitante e irrepetible y sobre todo propia, que les sucedería a ellos mismos, en primera persona.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algún día llegaría.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algún día algo ocurriría, tendría que ocurrir. Algo como lo del negro estaría bien, pero también podría ser participar en un atraco, como atracador o como atracado, que eso realmente no tendría demasiada trascendencia, porque lo que de verdad importaba es que pasase algo. También podría ser salvar una vida, acudiendo en auxilio de las personas que se hubieran quedado atrapadas en un edificio en llamas; incluso  servirían sucesos tan poco románticos como que les tocase la lotería… Algo, cualquier cosa diferente a la fábrica, la casa, la parienta, los chicos, el supermercado de los sábados, la churrería por las mañanas y el camping de las vacaciones, plagado de cucarachas, cerca de una playa, Luis José no te vayas a lo hondo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuanta ingenuidad. Si alguna de esas cosas sucediera, lo último que querrían realmente los parroquianos del bar es participar en ella y en esto incluimos la experiencia del negro con las dos rubias. ¿Qué iban a hacer con aquél par de mujeres si apenas eran capaces de desenvolverse correctamente con la Pili? ¿Cómo su espíritu monótono, conservador y patológicamente previsor iba a cambiar de golpe para arrojarse a salvar vidas en un edificio en llamas? ¿De dónde sacarían la fuerza y el valor, la decisión y el empuje para participar en algo diferente a la espantosa monotonía en la que estaban inmersos? Porque si no lo hicieron a los veinte, cuando todos somos valientes o debemos serlo, está claro que a los cuarenta no lo iban a hacer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Además, esas cosas eran para privilegiados. A los currantes no les pasaba eso, aunque soñaban con que alguna vez les ocurriera un poco de lo que otros parecían disfrutar a diario, unas migajas de sus emociones, de sus sensaciones, de sus viajes y experiencias y aunque razonablemente existían muy pocas posibilidades de que una cosa así viniera a dar un vuelco a sus vidas, ellos no perdían la esperanza, pero tampoco movían un dedo por poner algo en marcha, por dar el primer paso, por arrancar el motor inmóvil. Con frecuencia la desesperación suele engañar al desesperado porque si algo imprevisto e importante ocurre, siempre le ocurrirá a quien esté en movimiento, que por las vías muertas no pasan los trenes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El negro había acabado su trabajo a la perfección y los parroquianos apuraban el cortado o la copa de Castellana. No quedaba más remedio que reincorporarse a la realidad, ya no había excusa para nada más. No habían sido ellos, de momento, los elegidos para hacer el amor con las chicas dispuestas a todo que acaban de ver en la tele. A los que regresaban a casa, muertos de cansancio, les esperaba entre las sábanas el marchito cuerpo de Pili que se habría tomado su inevitable pastilla para dormir y estaría fría e inmóvil como una estatua.  A los otros, a los que se disponían a comenzar una nueva jornada de trabajo, les esperaban unas alienantes siete horas y cuarenta y cinco minutos en una cadena de montaje, tiempo durante el cual algunos realizarían más de quinientas veces los mismos movimientos, exactamente los mismos y a idéntico ritmo, igual que ayer, igual que el mes pasado, que el año pasado o que el año que viene. Decididamente todavía no era el momento de que ocurriera algo, pero tarde o temprano algo sucedería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos los clientes de la churrería habían olvidado aquel viejo refrán de “A Dios rogando y con el mazo dando” y no se daban cuenta de que las cosas no ocurren exclusivamente por desearlas, que la suerte solo habla con quien la busca y no siempre y que del mismo modo que habían pasado veinticinco años podían pasar otros veinticinco fingiendo que eran felices aunque siguieran prisioneros de su propia mediocridad, luchando para llegar a fin de mes, esperando que los chicos estudien, que la parienta no les riña y que a la niña le baje por fin la regla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Han pasado esos veinticinco años y una buena madrugada de insomnio y frío, decidió regresar a la churrería del barrio, hacer una visita a sus antiguas querencias, comprobar los cambios, las novedades y tomarse un chocolate con churros y una Castellana, porque el cigarro de Celtas no quedó más remedio que suprimirlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El local no ha cambiado sustancialmente, aunque en la tele dan un partido de rugby en diferido, que ya no está el negro con las dos rubias ni nada similar porque lo que parece después de todos estos años es que el sexo ya no tiene el tirón que tenía. El camarero es el mismo, con más arrugas y menos pelo y en lugar del lleno absoluto de entonces, ahora solo media docena de clientes ocupan la barra, que esto está muerto amigo, le dijo el camarero, que ya no es lo que era y estoy pensando en echar el cierre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pudo reconocer a dos parroquianos de los de entonces, ambos con más kilos y menos vitalidad. Entablaron una conversación transmitiéndose mutuamente las novedades: cómo te ha ido, qué tal los chicos, dónde vives ahora, como van las cosas en la fábrica, la niña se casó, qué ha sido de Fulano…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre todos los amigos y conocidos hay muchos jubilados y algunos muertos. Preguntó con interés si a alguien le había ocurrido algo único, excitante y digno de mención; si alguno, aunque fuera uno solo de ellos había vivido por fin una experiencia insuperable y apasionante; pero por más que lo intentaron repasando mentalmente la lista de amigos y conocidos,  no consiguieron encontrar a nadie que se hubiera salido ni un solo día de la monotonía aplastante, de la rutina, de la frustración y el desengaño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El encuentro fue demasiado breve para resumir un cuarto de siglo pero sus amigos tenían que entrar a trabajar y como no quedaba nadie conocido en la churrería, él decidió regresar a su casa. En el último vistazo al local, desde la puerta, lo comprendió todo. Por supuesto que a varios de los antiguos conocidos de entonces les había sucedido algo verdaderamente importante y lo que es mejor, a los demás les iba a suceder también tarde o temprano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque la muerte es realmente algo importante, personal, intransferible y único que todos tenemos garantizado independientemente de que roguemos a Dios, demos con el mazo o no hagamos ninguna de las dos cosas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-7281660296939117810?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/7281660296939117810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=7281660296939117810' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/7281660296939117810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/7281660296939117810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/02/algo-unico-excitante-y-personal.html' title='Algo único, excitante y personal'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-171009234038338442</id><published>2010-01-31T15:04:00.000-08:00</published><updated>2010-01-31T15:06:45.110-08:00</updated><title type='text'>Pesadillas</title><content type='html'>Las madrugadas rompen ilusiones&lt;br /&gt;en crueles sobresaltos que revuelan&lt;br /&gt;y que mis negras noches sobrevuelan&lt;br /&gt;desgarrando recuerdos y emociones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como nieblas enturbian mis visiones,&lt;br /&gt;alejan bellos sueños, me desvelan,&lt;br /&gt;me atormentan y a gritos me revelan&lt;br /&gt;todas mis dolorosas frustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La solitaria noche me tortura,&lt;br /&gt;y lucho como náufrago en la ola&lt;br /&gt;para nunca acabar la singladura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi corazón, envuelto en escayola,&lt;br /&gt;me empuja con su peso hacia la hondura&lt;br /&gt;donde la soledad está aun más sola.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-171009234038338442?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/171009234038338442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=171009234038338442' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/171009234038338442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/171009234038338442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/01/pesadillas.html' title='Pesadillas'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-39460608999117624</id><published>2010-01-25T02:45:00.000-08:00</published><updated>2010-01-25T02:47:27.791-08:00</updated><title type='text'>La circunferencia y la parábola</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Lo primero que salta a la vista en ellos, es su alejamiento de las cosas del mundo; y es que aquellos a quienes la soledad estrecha en su puño, se ven arrancados de la realidad. Ninguno suele tener mujer ni hijos (como tampoco los tuvieron Beethoven ni Miguel Ángel), muy pocos poseen hogar propio y la mayoría tampoco ejerce una profesión fija o un empleo duradero porque lo normal es que se dediquen a varias cosas a la vez sin llegar a sobresalir en ninguna. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Son nómadas por naturaleza, eternos vagabundos, externos a todo, extraños entre los suyos y menospreciados con frecuencia; su existencia suele ser completamente anónima. No poseen muchos bienes; nada es suyo; alquilado es incluso el sillón en que se sientan, la mesa en la que comen o escriben y la cama sobre la que, a veces, duermen.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tampoco son capaces de echar raíces en ninguna parte, porque ni aun el amor logra atarlos de modo duradero, que esto sucede con aquellos que han encontrado en la soledad una compañera de vida. Sus amistades son frágiles; sus posiciones poco fijas; su trabajo no es remunerador; están como en el vacío, y el vacío los rodea por todas partes. Su vida tiene algo de meteoro, de estrella errante que durante unos segundos brilla con maravilloso fulgor para desaparecer luego en la oscuridad, en eterna caída.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario, la existencia de aquellos que siempre tienen compañía forma una línea clara y definida. Saben arraigar y arraigan profundamente y sus raíces se hunden cada vez más hondas. Tienen mujer y tienen hijos, y lo femenino florece siempre a su alrededor; en cualquier hora de su vida hay siempre unos pocos pero buenos amigos que están a su lado. Habitan una vivienda amplia, bien puesta, repleta de colecciones diversas y de mil curiosidades; viven rodeados de su vasta fama y la celebridad coexiste con ellos más de medio siglo; a veces son importantes consejeros, algunos tienen incluso el tratamiento de Excelencia y sobre su noble pecho brillan los distintivos de varias condecoraciones. En ellos aumenta cada día la fuerza para el vuelo y paradójicamente esto les hace volverse más y más sedentarios, con más base, con más miedo a arriesgar, a perder lo que tienen; mientras que aquellos esclavizados por la soledad, eternos fugitivos, corren como animales acosados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Donde esté una persona condescendiente, allí mismo estará el centro de su propio yo, que es a la vez el punto fijo en torno al cual giran cuantos le rodean; sus vínculos crecen y se extienden como las raíces, cada vez más lejos y cada vez más hondas. Al final de su vida están más afianzados que nunca en su propio ser, su existencia se ha dirigido a la conquista del mundo y toda su estrategia tiende a ello, mientras que la vida de los solitarios acaba desplazada por su propia jauría, es una continua lucha heroica sin plan alguno en la que acaban por ser arrojados del mundo para hundirse en la infinita nada del olvido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario los sociables no necesitan dar un solo paso fuera de este mundo, sino que saben atraerlo hacia ellos lenta y pacientemente. Su sistema es perfectamente igual al sistema capitalista: cada año consiguen poner a buen recaudo una porción de la existencia que han adquirido; es su ganancia espiritual. Como buenos comerciantes, lo suelen registrar a veces al final del ejercicio en un diario porque su vida les produce ganancias, como el campo produce frutos. Los otros, en cambio, siguen el método de los jugadores y ponen, con una magnífica indiferencia hacia las cosas del mundo, todo su ser, toda su existencia, en una sola carta, ganando así infinito o perdiendo infinito, pues aborrecen el lento ahorro hecho moneda a moneda. Cosas que unos asimilan como esenciales, no tienen para los otros ningún valor; así, nada aprenden en el mundo si no es a aumentar su sensibilidad, y van hacia la perdición absortos como santos. No se interesan por otra cosa que no sea el espíritu o la cultura y en lugar de adquirir siempre conocimientos útiles consideran la vida como un libro abierto en el que quieren leer renglón por renglón, curiosos eternos, para al fin poder pronunciar aquellas misteriosas palabras: “después de aprender a vivir, necesito tiempo para hacerlo”. Para ellos la realidad no es un valor incontestable; por eso ponen el arte por encima de la vida y la cultura por encima de la realidad. Ellos, como Miguel Ángel, abren a martillazos, a través de los duros bloques de piedra, la galería de su vida que va hacia el turbio país adivinado en sus sueños y allá se queda profundamente enterrada porque sienten el Arte como una de las miles y miles de hermosísimas formas de la vida, que ellos tanto aman; el Arte es sólo una parte, como la Ciencia, como la Filosofía, pero, al fin, sólo una parte de la vida. Por eso el interior de unos es cada vez más intensivo, mientras en los otros es cada vez más extensivo. Aquéllos convierten su ser en un grandioso exclusivismo, una entrega sin condiciones, y estos, por el contrario, son cada vez de una más amplia universalidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo amor a la existencia como conjunto universal de vidas hace que en las personas volcadas hacia afuera apunte todo contra el riesgo, es decir, hacia su propia seguridad y conservación.  Pero los otros, los solitarios,  por el desprecio a esa misma existencia real, tienden al juego peligroso, a su ensanchamiento, para acabar de esta forma en su perdición. Así como en unos se reúnen todas las fuerzas en una sola fuerza, la centrípeta, en los otros obra la fuerza centrífuga; en unos, del exterior al punto central; en otros, del centro de la vida al exterior, y este empuje hacia fuera los rasga, los desgarra inexorablemente. Esa tendencia hacia lo abstracto se sublima en el espacio definido por la inclinación a la música. En ella les es dado derramarse en su elemento, ese elemento sin orillas, sin forma, que atrae con su magia precisamente al llegar a su muerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con la música, la razón se transmuta en éxtasis, y el idioma en ritmo. Cuando se extingue un espíritu solitario, sus recuerdos siempre van apoyados en la música. Los otros temen a la música, son cautelosos ante su atracción que arrastra a lo quimérico y, cuando están en momentos de fortaleza, se defienden hasta de Beethoven; sólo en los momentos de debilidad, de enfermedad o de amor, se abren para la música. Su verdadero elemento es realmente el dibujo, es decir, lo plástico, lo que presenta formas definidas, lo que limita toda vaguedad y evita la propia difusión. Aquéllos, pues, aman todo lo que desliga y conduce hacia la libertad, hacía el caos primitivo del sentimiento, pero estos tienden siempre hacia todo lo que pueda fomentar la estabilidad del individuo, esto es: el orden, la norma, la forma y la ley.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay cien imágenes apropiadas para representar esa contraposición creadora entre quien es dueño de su propio yo y quien es siervo del mismo. Entre todas las imágenes escogeremos las que nos brinda la geometría por ser las más claras. La forma de la vida de unos es la circunferencia: una línea cerrada, completa, que abraza todo su ser; una eterna vuelta hacia ellos mismos; la misma distancia desde su inconmovible centro hacia el infinito; crecimiento armónico de todas sus partes a partir del centro. Por eso no hay en su existencia lo que pudiera constituir un punto culminante, una inflexión, una cumbre de producción, sino que su crecimiento es por igual hacia todas las direcciones. La vida de los solitarios tiene forma parabólica, esto es, una subida brusca e impulsiva hacia una dirección fija que es siempre la superior, lo infinito; después aparecen una curva rápida y la caída repentina. El punto más alto (poéticamente y como momento de vida) está junto a la caída, misteriosamente va unido a ella. Así se comprende que sus muertes formen parte integrante de sus destinos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin su desplome no se ve la forma completa de su existencia, así como no hay parábola sin la caída brusca de la línea. La muerte de unos no es más que una partícula insignificante en la historia de su vida; nada nuevo esencial añade la muerte a su existencia. Verdaderamente no mueren, como aquéllos, de muerte mística, heroica y legendaria, sino que su muerte es la de un patriota pues en vano se busca algo profético o simbólico en sus palabras. La vida se ha cumplido por sí misma y la muerte es sólo su fin; pero en los otros, en los solitarios, la muerte es caída, es llamarada. La muerte les indemniza de la pobreza de su existencia y llena sus últimos momentos de un poder místico. Y es que quien vive la vida como una tragedia, suele tener la muerte de un héroe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una entrega vehemente del propio ser, incluso hasta el aniquilamiento, una defensa pasional de la propia conservación: ambas formas de lucha con uno mismo exigen el más alto heroísmo, y ambas recompensan al corazón con magnífica victoria. La vida de unos está tan llena de plenitud como la muerte de los otros, es lo mismo, pero en sentido contrario; es la misma meta del individualismo espiritual: pedir a la existencia lo inconmensurable. Si colocamos esas figuras una junto a otra, es para hacer resaltar más ese doble aspecto de la belleza; no lo hemos hecho para sacar de ello conclusiones, ni menos aún para afirmar aquella interpretación clínica, trivial por lo demás, de que unos representan la salud y otros la enfermedad; estos lo normal y aquéllos lo patológico. La palabra patológico sirve tan sólo en el mundo inferior, en el mundo de lo infecundo; pues si la enfermedad puede crear cosas inmortales, ya no es enfermedad, sino que será una fuerza, un exceso de salud, la más alta salud. Y cuando estemos al borde extremo de la vida y ya nos inclinemos hacia afuera, hacia lo inaccesible, no dejará de ser por ello algo inmanente a lo humano y comprendido dentro del círculo de la naturaleza. Pues hasta la misma naturaleza, ella que desde los principios fija exactamente el plazo durante el que el niño vive en el cuerpo de la madre, también ella, prototipo de lo inexorable de las leyes, conoce esa catarsis y tiene erupciones, y en sus exuberancias -tormentas, ciclones, cataclismos- pone en peligrosa tensión todas sus fuerzas y lleva hasta el extremo su tendencia a la propia destrucción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella también interrumpe a veces, raras veces, es cierto, su tranquila marcha, y es entonces cuando, al pasar de las medidas normales, nos damos cuenta de su fuerza ilimitada. Sólo lo raro ensancha nuestros sentidos, sólo ante el estremecimiento crece nuestra sensibilidad. Por eso lo extraordinario es siempre la medida de toda grandeza. Y siempre, aun en las formas más complicadas, el mérito creador queda por encima de todos los valores, y su sentido por encima de nuestros sentidos. El ser es parábola y el no ser es circunferencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-39460608999117624?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/39460608999117624/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=39460608999117624' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/39460608999117624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/39460608999117624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/01/la-circunferencia-y-la-parabola.html' title='La circunferencia y la parábola'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-9001952969668067708</id><published>2010-01-17T15:17:00.000-08:00</published><updated>2010-01-17T15:18:49.771-08:00</updated><title type='text'>La virginidad social</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Antes de entrar en la estación, el tren en el que viajaba había atravesado, durante casi cuatro horas, un paisaje suave y lánguido de montañas pintadas del verde oscuro de los pinos entre puentes y túneles. Esporádicamente circulaban cerca de alguna pequeña aldea, con sus prados color esmeralda, donde pastaban diseminadas  las vacas rubias propias de la región, indolentes, lentas y apáticas, que apenas se dignaban levantar pausadamente la cabeza al paso estrepitoso del tren. Se notaba que estaban acostumbradas a aquél tráfico y a aquél bullicio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las casitas dispersas ponían el toque humano en el panorama de bosque encantado, bañado por una lluvia finísima que envolvía todo en una neblina húmeda y tranquila. Aun antes de ver el mar al que se aproximaban, pudo notar su olor por la ventanilla. El mar se huele desde lejos y pensó que tendría que acostumbrarse a ese olor, con el cual iba a convivir de ahora en adelante, no sabía por cuánto tiempo, años quizá.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estaba agotado después de un viaje que en aquella época duraba casi doce horas, desde la medianoche hasta el mediodía siguiente. (“Tren expreso procedente de Madrid Chamartín con destino La Coruña, Ferrol y Avilés”). Le había dado tiempo a leer, a dormitar, a intercambiar unas frases con cada uno de los vecinos de asiento que había tenido, porque solo él permanecía inmutable hasta el final del recorrido mientras que sus compañeros de viaje iban cambiando en cada estación; dio buena cuenta de un bocadillo que llevaba de casa; por entonces los trenes no tenían restaurante. Había fumado más de medio paquete de tabaco, porque todavía se podía fumar en los transportes públicos y en todas partes. Pero después de tantas horas se le acababan ya los recursos para entretenerse y solamente le quedaba la contemplación del paisaje. A pesar de su mortal cansancio, cuando salieron de la estación de Betanzos se asomó por la ventanilla pues tenía la seguridad de que el mar se podría divisar en cualquier momento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Apenas un sutil cambio en el color de la neblina que todo lo envolvía y el vuelo de una gaviota le confirmaron que el Atlántico estaba allí; las vías del tren serpenteaban en torno a la ría de Betanzos primero y luego a la de Ferrol: Miño, Pontedeume, Cabanas, Fene, Neda… Con el mar como una mancha de color gris claro a la izquierda y la montaña cubierta de arboles a la derecha, la locomotora avanzaba zigzagueando entre curvas y túneles, arrastrando media docena de vagones renqueantes y acercándose por fin al término de un viaje que había comenzado en Valladolid doce horas antes y que para él significaba el inicio de una vida diferente y desconocida, de una vida nueva, a la cual se enfrentaba con decisión y con seguridad, sabiendo que un  muchacho inteligente, sano y con ganas de trabajar sería capaz de superar cualquier contratiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ferrol era una ciudad provinciana, beata y militar, tradicional y tradicionalista, mojada siempre por la lluvia y azotada frecuentemente por los fuertes vientos del oeste que casi cada invierno llegan a alcanzar los 120 Km/h. Un lugar no demasiado agradable según la consideración mayoritaria, pero tampoco es que él pensase vivir allí, simplemente lo consideraba un punto de partida, y si dijo algún sabio que partir es morir un poco, consecuentemente también es nacer un poco en el sitio al que uno  se dirige cuando parte, porque realmente cualquier lugar es bueno para zarpar, pues lo importante no es desde donde se comienza sino hacia dónde se va y sobre todo donde se concluye. Para no desmerecer de su fama, llovía en Ferrol mansamente cuando descendió del tren, cargado con una pequeña maleta y sin paraguas, porque venía de una tierra donde la lluvia no acostumbra a ser un problema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Apenas llevaba equipaje físico, nunca le gustó acumular demasiadas pertenencias. De proyectos, sin embargo, iba bien cargado. Porque todavía conservaba intacta la virginidad social, emocional y política: creía que todo el mundo por naturaleza era bueno y amable y que la sociedad española sería perfecta, el día en que alcanzase el grado  de libertad y de democracia que le correspondía. Estaba seguro de que el amor existía y desde luego que él lo iba a encontrar en su momento, aunque eso no le corría prisa. Por supuesto que también pensaba que la felicidad era un estado perdurable incluso como derecho individual de las personas; es más: imaginaba a veces que la mayoría de los seres humanos eran, básicamente, felices. En cuanto a él, una vez alcanzado el amor, la felicidad vendría consecuentemente y se mantendría allí, sobre su persona, abrigándole con sus alas durante años y años, pobre iluso. Desde luego que no pensaba en todo esto mientras bajaba por la calle del Sol en dirección al puerto procurando guarecerse de la lluvia caminando deprisa bajo los balcones y los aleros; a decir verdad no pensaba en nada porque cada neurona de su cerebro estaba ocupada con una ilusión, con un proyecto, con una esperanza. Así  trataba de dejar atrás dolorosos y recientes acontecimientos que de otro modo le sumirían en la más profunda tristeza. Para olvidar hay que tener proyectos y para tener proyectos hay que tener futuro y emplear el tiempo en pensar en él. Pero ¿quién no tiene futuro a los dieciséis años?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Incluso ni siquiera valoraba lo que estaba haciendo; cómo era posible que hubiera tomado esa decisión, casi un niño. Ahora, tras haber rebasado ampliamente la barrera del medio siglo es cuando se da cuenta del mérito que tuvo en su momento, sobre todo observando a su alrededor como la inmadurez se extiende peligrosamente hasta cerca de los cuarenta años porque los chicos de dieciséis lo más que saben hacer solos, sin el apoyo de sus padres, es enchufar la Play Station. Pero él tenía esa edad cuando tomó la decisión de hacerse responsable de su propia existencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El barco estaba amarrado en Curuxeiras, con dos largos y un través y cuando subió a bordo sintió lo mismo que César en el Rubicón: “Alea jacta est”. Pasó de niño sin infancia a adulto y nunca disfrutó de la libertad y la irresponsabilidad de la adolescencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De allí a poco perdió todo atisbo de virginidad y en media docena de años dejó de creer en la bondad de las personas, en el amor, en la felicidad eterna, en la evolución de la sociedad, en la democracia… Incluso dejó de creer en Dios&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-9001952969668067708?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/9001952969668067708/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=9001952969668067708' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/9001952969668067708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/9001952969668067708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/01/la-virginidad-social.html' title='La virginidad social'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2708755282197391748</id><published>2010-01-10T15:06:00.000-08:00</published><updated>2010-01-10T15:08:37.951-08:00</updated><title type='text'>Algo irreparable</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando le asaltaba la añoranza, dejaba lo que estaba haciendo para concentrarse en los recuerdos. Incluso a veces, si estaba comiendo, era capaz de parar de masticar unos instantes para permitir que la memoria se tomara el tiempo que necesitase para reconstruir imágenes, palabras, sensaciones, olores… Lo primero que solía evocar no era el día en que la conoció, sino la mañana en que se levantó sabiendo que acababa de finalizar su última noche juntos. Conforme los años pasaban, todos los recuerdos de su vida en común se iban concentrando en aquella mañana como si el resto del tiempo compartido no hubiera significado otra cosa más que el preludio del final. Recordaba que todo parecía estar igual que siempre; aparentemente no había ningún signo de que estuvieran a punto de ocurrir acontecimientos trascendentales e irreparables. Sin embargo algo difuso se percibía en la disposición de los objetos, en la forma en que quedaron en el fregadero la taza y el plato del desayuno, en el modo en que la luz que entraba por la ventana se filtraba sobre ellos. Había algo que lo dejaba estático y con el alma en vilo, consciente, con claridad abrumadora, de que todo estaba a punto de terminar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se había levantado temprano, como siempre y había abandonado el dormitorio evitando mirarla, que dormía a su lado con un brazo descarnado fuera de la sábana y apretándola, con el puño cerrado, como si estuviera asiéndose a algo, como si, incluso en sueños, sintiera la necesidad de agarrarse a algo, de permanecer unida, suspendida, conectada por ese puño cerrado que aprisionaba una porción de la sábana arrugada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La miró al fin con ojos cansados. No podía evitarlo. Pensó que anoche había tardado mucho en conciliar el sueño y que al final, de puro agotamiento, había conseguido caer en un agitado duermevela plagado de pesadillas a cual más tétrica. Entró en la cocina sintiendo la necesidad de hacer algo, de emplear su mente en alguna cosa o de trabajar, hacer deporte, cansarse, no pensar, dar martillazos, poner bombas, gritar por la ventana… Sentía una angustia nueva, desconocida, que le atenazaba la garganta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bebió un par de vasos de agua de pie, en el medio de la cocina y se preparó su desayuno habitual: cereales en un tazón de café con leche. Cuando ella se despertara tenía que fingir que nada ocurría, que todo estaba bien, controlado, todo era bonito, como una vez dijo ella expresando un deseo: “me gustaría que todo fuera bonito”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo todo había resultado más feo de lo que humanamente se podía prever.  Se notó tirante la piel de las mejillas debido a dos lágrimas que furtivamente se le habían escapado secándose al final en la cara. Se enjuagó en el grifo de la fregadera y se secó con un paño que había en un cajón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Miró por la ventana. La mañana estaba gris y fría, como su propio ánimo, aunque lo más probable era que a mediodía saliera el sol porque eso era lo que solía ocurrir en la época del año en que estaban. En un día como este le hubiera gustado poder hacer cosas normales, las cosas normales que hace la gente normal, como salir en la bici, jugar con el niño, reparar una puerta o terminar de pintar la valla del jardín; aquellas cosas que se supone que hacen todos los maridos en un día de fiesta: ir a por el pan y el periódico, entretener a los hijos o a los nietos, comprar pasteles para el postre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En esto apareció ella, o más bien su espíritu, enmarcada en el quicio de la puerta, sujetándose en el picaporte quizá para poder sostenerse en pie. Tenía la muerte escrita en la cara, los negros ojos hundidos tras las mejillas pálidas, el pelo lacio, los labios sin color, extraordinariamente delgada, débil, moribunda. La saludó con un beso que quiso ser cariñoso, pero quizá fue desesperado y la ayudó a sentarse iniciando una conversación intrascendente mientras le calentaba un vaso de leche que ella rechazó:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            _ Vámonos –le dijo- No puedo más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La perfumó y la vistió con una blusa, unos tejanos y un suéter. Toda la ropa le quedaba grande, había perdido quizá dos tallas y él solía animarla para que un día se fuese de compras a adquirir nuevo vestuario que le quedase bien pero ella nunca encontraba el momento, aunque realmente lo que no encontraba era la motivación porque en los últimos dos meses las cosas habían empeorado con rapidez, su salud se quebrantaba de día en día, comenzó a sufrir dolor y a no tolerar la comida y a raíz de eso dejó de alimentarse, con lo cual  el deterioro se hizo irreversible. Dormía plácidamente, arropada en la dulce manta del potente analgésico que  el Port-a-Cath introducía en su vena subclavia cada vez en mayor cantidad, pero había perdido totalmente la energía y la motivación para realizar cualquier actividad o simplemente las mas elementales tareas cotidianas, como calentarse un café o ducharse. Y en la última semana el dolor había regresado, a pesar del chorro de clorhidrato de morfina que entraba a intervalos en sus venas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que él habló con el doctor varias veces desesperado, buscando una solución, un último intento, un milagro; pero la respuesta de la ciencia era siempre la misma: el final se acerca irremisiblemente, las diversas metástasis avanzan y está a punto de producirse el colapso multiorgánico que desencadenaría el coma. Sería mejor evitarle más sufrimiento, ingresarla, sedarla y dejarla dormir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por eso, porque él sabía eso y quizá ella también, aquella mañana, cuando se levantó, tenía la certeza de que había sido su última noche juntos. Sujetándola por la cintura la ayudó a bajar al garaje y a sentarse en el coche. Teóricamente ella debería creer que iban al hospital para suministrarle un nuevo y revolucionario tratamiento que todavía estaba en pruebas pero del cual se obtenían extraordinarios resultados. Con inmenso cariño y con delicadeza depositó aquel cuerpo, tantas veces amado y deseado, en el asiento trasero del coche.  Entonces se dio cuenta de que había cometido un terrible error: ni siquiera se había preocupado de llevar su cepillo de dientes, su peine, una muda para ella o un camisón de dormir. El subconsciente le había traicionado porque él sabía que no iba a necesitar ninguna de aquellas cosas y ni siquiera se planteó que debía llevarlas para hacerle a ella más creíble lo del tratamiento nuevo y revolucionario. Intentando enmendar el error y a modo de excusa le dijo mientras arrancaba el vehículo y sin apenas mirarla:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Luego, a mediodía, vendré por tus cosas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ella, poniendo su mano de dedos largos y descarnados sobre la de él mientras accionaba la palanca de cambios respondió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Es igual. El viaje que voy a hacer, lo tengo que hacer sola y sin equipaje.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, a aquella misma hora, se estaba celebrando su funeral.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2708755282197391748?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2708755282197391748/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2708755282197391748' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2708755282197391748'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2708755282197391748'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/01/algo-irreparable.html' title='Algo irreparable'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2677946225383829427</id><published>2010-01-03T15:02:00.000-08:00</published><updated>2010-01-03T15:04:23.477-08:00</updated><title type='text'>Peligrosidad emocional</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante mucho tiempo habíamos sido unos convencidos marxistas, es decir, mantuvimos la certeza de que el desarrollo de la sociedad en general y de cada vida personal en particular está determinado por factores políticos y sobre todo económicos, más bien que por los hechos o el carácter de los individuos tomados particularmente. Siempre pensamos que los grupos y las personas  actuaban movidas por impulsos relacionados con el dinero, aunque a veces también con el sexo o la ambición de poder, pero fundamentalmente con el dinero. Y esta forma de razonar la conservamos  incólume a lo largo de gran parte de nuestra vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la experiencia personal de los últimos años ha venido a probarnos la inmensa y en algunos casos decisiva, influencia ejercida en la marcha de los acontecimientos vitales por las personalidades individuales, con sus taras, sus frustraciones y sus carencias, que nada tienen que ver con motivaciones económicas ni sexuales y mucho menos con ansias de poder, sino más bien con la pura psicopatología, con alguna de las siniestras lacras mentales que todos llevamos dentro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ocurre que resulta difícil conocer los efectos que unos individuos producen en otros porque  solo en raras ocasiones nos es dado enterarnos de esto. Podemos leer los escritos de alguien, escuchar sus palabras, estudiar su biografía, salir a tomar café o a comer con esa persona, practicar sexo con ella y presumir de que la conocemos a fondo, pero solamente somos capaces de intuir de qué modo esa persona ha influido, está influyendo o puede influir en los demás,  en su entorno afectivo, quizá de un modo definitivo, dejando huella en alguien para siempre con resultados muchas veces catastróficos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos gustaría estar al corriente de la verdadera historia de cada uno, escrita con materiales vivos y auténticos, pero nunca logramos saberla del todo y lo que es peor, no podemos ni siquiera entreverla, porque lo que de verdad buscamos no es realmente el conocimiento de las personas por el simple placer de saber o porque nos  asalte la curiosidad morbosa; lo que queremos averiguar es el modo de prevenirnos de los posibles efectos perniciosos o devastadores que la relación con esas personas nos puede ocasionar. Sería perfecto que cada ciudadano estuviera obligado a portar, junto con el documento de identidad, un informe, escrito en papel oficial, en el que se detallaran las posibles consecuencias que pudiera acarrear para los demás la relación con cada uno de nosotros, porque la verdad es que a estas alturas de la vida, ya no nos sirve el análisis simplista que atribuye todo a  estrictas motivaciones económicas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Debería haber una sección en la administración, una más, que entre tantas como hay apenas se iba a notar, entregada con entusiasmo a la labor de descubrir, uno por uno, todos los defectos, traumas, psicopatías y carencias de cada individuo, aunque esa tarea le llevara décadas. Podría llamarse Departamento de Peligrosidad Emocional (DPE). Una vez puesto en marcha y al cabo de unos años produciría un trabajo social activo y certero tan monumental como lo requiere la necesidad de prevenirnos eficazmente los unos de los otros.  Ya sabemos que los juristas pondrían el grito en el cielo alegando la intimidad, los derechos humanos y Dios sabe cuántas cosas más, pero es preciso reconocer que esta iniciativa nos libraría de muchísimos sufrimientos, producidos cuando nos damos cuenta de que aquella persona tan maravillosa, única y definitiva es, simplemente, víctima de una psicopatía, de una frustración o de un trauma infantil que la lleva a producir un daño inconmensurable a todo aquél que se cruza en su camino. Solo tuvimos noticias de esa persona por fuera, la escuchamos, nos escuchó, nos proporcionó la imagen que queríamos ver y solo quisimos ver la imagen que nos interesó. Todos las pesadumbres derivadas de ese desconocimiento se evitarían con el Departamento de Peligrosidad Emocional que aquí proponemos.  Aunque para algunos de nosotros esto ya sería ineficaz por llegar demasiado tarde, pero  como las angustias de la humanidad siguen activas e inmutables, muchos otros se beneficiarían del trabajo de este departamento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y una vez concluida tan ingente labor, sería obligatorio para todos los ciudadanos obtener un certificado en el que se especificase sus aptitudes emocionales. Dicho documento tendría que llevarlo siempre encima y mostrarlo a requerimiento de cualquier persona interesada en entablar una relación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De este modo, después del célebre “¿Estudias o trabajas?” seguido del “¿Vienes mucho por aquí?” podría exigirse:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_          Enséñame tu certificado de peligrosidad emocional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sería raro encontrar a alguien que no saliera corriendo inmediatamente después de leerlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2677946225383829427?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2677946225383829427/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2677946225383829427' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2677946225383829427'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2677946225383829427'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2010/01/peligrosidad-emocional.html' title='Peligrosidad emocional'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-7697647298188466937</id><published>2009-12-27T15:18:00.000-08:00</published><updated>2009-12-27T15:20:14.382-08:00</updated><title type='text'>El centro comercial</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hemos oído decir que existe un proyecto para instalar un centro comercial en el lugar donde estuvo la antigua cárcel de Carabanchel, de dolorosa recordación. Sería una gran superficie dedicada a la venta y rodeada por pequeñas tiendas en número cercano al centenar, es decir una especie de basílica vaticana del consumo.&lt;br /&gt;Por supuesto que todos hemos vivido la experiencia de caminar entre las repletas estanterías de un centro comercial. Algunos,  cada vez que lo hacemos sentimos la angustiosa sensación de estar en el interior de un laberinto y la verdad es que nunca hemos entendido por qué. Quizá todo sea debido a nuestra falta personal de evolución en los hábitos de consumo, es decir que continuamos ligados a la tienda del barrio, al bazar de la esquina, al colmado del pueblo o a la tienda de abarrotes, como dicen en América. Aunque también puede ocurrir que el mundo de infinita variedad, de posibilidades casi sin límite que nos ofrecen los anaqueles del centro comercial, nos imposibiliten para ubicar adecuadamente los puntos cardinales, no los geográficos, los del sentido común y quizá eso nos produzca la angustiosa percepción de encontrarnos perdidos, de no saber hacia dónde dirigirnos, de ser incapaces de encontrar la puerta de salida que nos permita escapar de todo ese maremágnum de consumo. Aunque a decir verdad la variedad no es tanta como parece, al fin y al cabo llega un momento en que incluso una gran superficie de venta es un lugar de repetición, de rutina, en donde siempre vamos a los mismos sitios para adquirir las mismas cosas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como se ha dicho, el centro comercial y la posibilidad de comprar a crédito  son los dos principales dispositivos que han venido a facilitar el consumo. Entre las múltiples significaciones, del centro comercial hay una que enfatizaremos aquí: el centro comercial como incitador del deseo y no queremos que se piense mal, porque no son deseos concupiscentes los que se tratan de potenciar, sino deseos de compra, de consumo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Verdaderamente es un espacio privado con aspecto de espacio público, con acceso en apariencia libre, pero sometido a discreto control, con sus entradas, salidas y circulación vigiladas por cámaras invisibles. Pero esos guardias taciturnos parecen estar allí para cuidar de nosotros, en ningún caso para proteger las instalaciones. Sin embargo ni un solo movimiento escapa a su mirada. Esa vigilancia, silenciosa pero eficiente, puede considerarse una metáfora del control social, cada vez más sofisticado, de las sociedades en que vivimos y en el caso de Carabanchel, se adaptará perfectamente al pasado y a la experiencia del lugar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dentro del centro comercial los objetos se muestran, se exhiben, realizando la simulación de su disponibilidad para quien quiera tomarlos. Los objetos se ponen en escena en medio del cuidadoso diseño de las vitrinas, en un ambiente climatizado de música suave, caras sonrientes y retretes en los lugares estratégicos.&lt;br /&gt;El sitio está concebido para erotizar. Los objetos se insinúan, se ofrecen, parecen cobrar movimiento y vida. El espectáculo de la muchedumbre agitada, con los ojos brillantes por el juego de procesar posibilidades, opera como incitador, presiona a los clientes vacilantes. Estos, después de múltiples vueltas innecesarias, terminan por comprar lo menos pensado, pero algo siempre compran para sentirse en condiciones de finalizar el rito. En el interior de ese espacio se produce el contagio de comprar, casi todos sienten la sensación de estar siguiendo una corriente irresistible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los compradores compulsivos agarran cualquier cosa que se ponga a su alcance en una estantería y la depositan en su carro exhibiendo una sonrisa de satisfacción y de triunfo: no voy a ser yo menos que los demás y si los demás comparn yo compraré el doble.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los clientes meticulosos discuten, deliberan y calculan, todo lo revisan con orden y sistema. El centro comercial les viene como anillo al dedo, les seduce por la multiplicidad de oportunidades que maximizan la posibilidad de consumir razonadamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre los extremos de los clientes compulsivos y los meticulosos, se ubican múltiples arquetipos. Para todos ellos el centro comercial tiene algún recurso, alguna carta bajo la manga, alguna coquetería: desde las tiendas exclusivas que venden exquisiteces gastronómicas o trajes de Armani y camisas de Lacoste, hasta librerías, ferreterías, múltiples negocios de calzado y ropa, discográficas y grandes tiendas organizadas por departamentos, cuya agitación errática asemeja la de un hormiguero. La variedad es absoluta: se puede comprar desde unas exclusivas zapatillas de deporte hasta las más vulgares alpargatas; desde un calcetín nacional, hasta otro de seda china.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los centros comerciales pertenecen al orden de los simulacros: producen la idea de un paraíso generalizado del consumo. No obstante, todos aquellos que compran a crédito, después del placer instantáneo conseguido con la credencial de cliente confiable, deben enfrentar el sacrificio y muchas veces el purgatorio de los pagos mensuales. Como es obvio, el consumo es un verdadero paraíso para aquellos cuyos salarios están más allá de la escasez. Ellos pueden consumir sin tomar en cuenta el valor, considerando sólo los objetos en sí mismos o aspectos tales como los espacios de sus casas o el uso del tiempo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-No compro ese cuadro porque no me cabe en el muro encima de la chimenea.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-No nos vamos a Las Bahamas porque Begoña está dándoles catecismo a los niños pobres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los centros comerciales lindan con la obscenidad. En ellos puede constatarse, mejor que en parte alguna, la lógica capitalista del despilfarro. En ellos se observa palpablemente que la producción no se rige sólo por necesidades, sino también por la competencia siguiendo los vaivenes de la moda. Esto fuerza a la continua renovación de objetos que no han terminado su ciclo de vida, pero que son desplazados por cambios en el gusto o, en el mejor de los casos, por cambios marginales de utilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; En los centros comerciales se ve cómo se malgastan recursos sin considerar la miseria de millones, sin tomar en cuenta los problemas internos que puede producir la inducción del deseo de consumir en personas que no pueden satisfacer ese impulso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La obscenidad consiste en escenificar esa agobiante abundancia a pocos miles de metros de la miseria, en exhibirla ante los ojos de los parias sin dinero ni crédito, que tienen el derecho de peregrinar hacia esos templos para mirar, incluso para tocar, pero sin poder adquirir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El futuro centro comercial de Carabanchel será sin duda un edificio con una arquitectura impecable, espléndida y bella, tratándose de ese tipo de inmuebles con una estética estandarizada y estará construido en el mismo lugar donde tantas personas padecieron tantas injusticias y privaciones durante el franquismo y de donde algunas de ellas fueron sacadas para ser fusiladas al amanecer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Indudablemente se trata de un acto premeditado, porque uno de los aspectos principales en la elaboración de un proyecto de centro comercial es la elección de su localización y seguramente se piensa que sólo una construcción así puede reescribir la historia del lugar y borrar de la memoria su pasado. Probablemente la elección sea acertada porque ningún edificio contemporáneo tiene para la muchedumbre la magia que tiene un gran centro comercial, que es un lugar donde uno puede olvidarse de todo abrumado por la posibilidad de consumir hasta reventar y donde, por unos instantes, uno puede soñar que es rico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; A pesar de que los españoles estamos ya acostumbrados a este tipo de transmutaciones de la Historia, a nosotros esto nos parece un insulto a la memoria de tantos presos políticos que en su día pasaron por allí y que luego, algunos de ellos, llegaron a ocupar importantes puestos dentro del poder del Estado en una España democrática: ministros, sindicalistas, diputados…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero esto no es lo grave, al fin y al cabo ellos son los que consienten. Lo grave es que dentro de unos años un abuelo visitará con su nieto el centro comercial de Carabanchel y tratará de explicar al niño las cosas que allí ocurrieron:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mira Jonathan –dirá- creo que ahí más o menos estaba la celda donde nos torturaban: ahí, donde está la estantería del papel higiénico.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-7697647298188466937?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/7697647298188466937/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=7697647298188466937' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/7697647298188466937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/7697647298188466937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/12/el-centro-comercial.html' title='El centro comercial'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2180541985855425758</id><published>2009-12-20T15:54:00.000-08:00</published><updated>2009-12-20T16:00:13.858-08:00</updated><title type='text'>Toda una vida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Se despertó de la siesta con angustia expectante. Ese viernes tenía reservada hora en la peluquería, pero decidió no acudir: los nervios la dominaban, a pesar de que todavía eran poco más de las cuatro de la tarde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde que supo con certeza que su marido estaría de viaje todo el fin de semana, una mezcla de alegría y preocupación se había ido apoderando de su cuerpo y de su mente. El jueves llamó a Pedro, para comunicarle que a partir de la tarde del viernes tendría libre. Le propuso que acudiera por fin a su casa, a su propia casa, tanta era la necesidad que sentía de tenerlo cerca, de escuchar sus palabras y de sentir sus abrazos y caricias. Quedaron en confirmarlo el viernes por la mañana y cuando él le aseguró que iría sin falta, una oleada de temor y deseo la invadió. Tendría que revisar lo que había estado preparando la tarde anterior.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana, después de hablar con Pedro, compró un frasquito de perfume, una botella de Juvé i Camps, un ambientador en espray y una docena de pasteles. Comprobó que el Cd de Bob Dylan sonaba perfectamente porque ella pretendía que aquella primera vez en la que su amante  acudía a su casa resultase todo tan perfecto para ambos que llegara a alcanzar la categoría de inolvidable. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se habían conocido hacía ya seis meses a través de Internet, en un chat de estos que se anuncian para buscar amistades pero en donde realmente lo que pretende la mayoría, sobre todo ellos, es simple y llanamente un ligue, algo de sexo gratificante y distinto que rompa con la corrosiva rutina habitual.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ella entraba en esos chats abrumada por la incomunicación y la monotonía de un matrimonio que duraba demasiado, sin ilusión, sin expectativas y sin amor. Tenía cuarenta y dos años y comenzaba a entrar en esa edad peligrosa en la  que las mujeres se dan cuenta de que el tiempo se está acabando, que ya apenas les quedan oportunidades y que probablemente van a pasar por la vida sin pena ni gloria, preparando comidas, planchando ropa, pariendo, amamantando y limpiado mocos; y todo eso lo perciben como un drama, sin darse cuenta de que la inmensa mayoría pasamos por la vida sin pena ni gloria y solamente una exquisita porción de privilegiados son capaces de dejar alguna huella que perdure algo más de dos generaciones. Pero Luisa, como casi todas las mujeres de su edad, pensaba que quizá se estuviera perdiendo cosas importantes; la existencia debería ofrecer otros alicientes a una mujer inteligente y sensual y creía que todo eso se encontraba oculto tras algún apodo masculino de cualquier chat de IRC.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El, por su parte, era un divorciado cincuentón, que había vivido una tristísima experiencia y  comenzaba a levantar cabeza agarrándose también a veces a la ilusión de que la nueva oportunidad podría encontrarse en cualquier parte, no solamente en un local nocturno o en una cafetería, sino incluso  a través de las insulsas conversaciones de un chat. Quizá fuera posible encontrar allí a una mujer adecuada que también estuviera tratando de superar la soledad y la frustración. Así entraron en contacto y después de interminables conversaciones en Messenger, envío de fotos y larguísimos correos electrónicos, un día por fin ella cedió a las presiones de él y permitió que se conocieran. Le horrorizaba que alguien pudiera verlos de modo que con la ayuda de una amiga planeó una rocambolesca estrategia, más propia de un general que de un ama de casa solitaria y aburrida, pero de resultas pudieron pasar gran parte de la tarde juntos en un pub irlandés discreto y apartado, en el ensanche de la ciudad. Este encuentro se había repetido cuatro veces en seis meses y a partir de la segunda vez que se vieron ya intercambiaban besos y caricias. Pero aquello se les quedaba corto a ambos, sobre todo a Pedro, que siempre le proponía ir a un hotel sin lograr que ella, muerta de convencionalismos y de vergüenza, consintiera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo se amaban, eso estaba claro. Porque parecerá difícil de entender y lo es sin duda, que una pareja de adultos, hechos y derechos, que se conforman con media docena de correos electrónicos diarios y solamente cuatro castos encuentros en seis meses, se amen. Pero era así, porque ninguno de los dos concebía el futuro sin el otro. Quizá de aquella manera tan especial y perentoria, pero ambos tenían la seguridad de que había una persona, oculta y alejada, de difícil acceso y llena de virtudes, que pensaba en ellos, que les amaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Habían quedado a las seis de la tarde y Luisa trazó uno de sus impresionantes planes estratégicos para impedir que nadie supiera lo que estaba sucediendo, porque en esta ocasión no se trataba de un encuentro en un lejano local musical de las afueras de la ciudad, se trataba de que Pedro iba a entrar en su casa y le iba a hacer el amor en la misma cama donde cada noche se deshacía con su marido en tedio y aburrimiento. Pensaron en un hotel, pero Luisa lo descartó inmediatamente por inseguro. Si alguien les viera, no habría ninguna justificación, no cabrían razones lógicas para explicar por qué estaba ella con un desconocido en un hotel a media tarde y sin su marido. Sin embargo en su propia casa, si las cosas se hacían bien, no tenía por qué enterarse nadie. A ello dedicó Luisa todas sus neuronas durante dos días. Pedro esperaría fuera, en el portal, sin siquiera llamar al timbre, porque de este modo se evitaba la contingencia de que alguien pudiera verle pulsando el botón del 4º B y escuchar la voz de ella invitándole a subir. Pedro, al llegar, debería hacerle una llamada perdida al móvil y ella, prevenida, pulsaría el botón de apertura de la puerta del portal desde su casa, sin mediar palabra. El subiría y si se encontrase la puerta del piso de ella entornada, querría decir que podría pasar con sigilo y rapidez, pero si la puerta estuviera cerrada, era señal de que el descansillo no estaba tranquilo, que alguno de sus vecinos salía o entraba en aquél momento y ante esta eventualidad Pedro debería regresar al portal y esperar a que ella volviera a abrir el portero electrónico. Una estrategia digna de todo un estado mayor, como de costumbre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Así que después de todas estas esperanzas, zozobras y preocupaciones, era casi normal que se despertara de la siesta con angustia expectante e incapaz de permanecer simplemente esperando tranquila, comenzó a revisar la ropa que había preparado el día anterior.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Había escogido solamente aquellas prendas que le parecieron suficientemente sexys y que además le quedaban bien. Ella ya sabía que Pedro consideraba extraordinariamente excitante la lencería femenina, siempre que se ajustase con una cierta obscenidad al cuerpo de la mujer. Tenía preparadas unas medias negras, unos pantys, unas minúsculas braguitas negras y otras blancas, un tanga, un body... Extendió todo cuidadosamente sobre la cama, para poder  seleccionar con mayor facilidad la vestimenta apropiada que a su juicio pudiera resultar más excitante para Pedro; quería gustarle, volverle loco. Necesitaba sentirse ella misma amada y deseada. Miró y remiró todo mil veces pero, incapaz de decidirse y después de un último vistazo, resolvió asearse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se bañó, utilizando una buena cantidad de un gel oloroso. Después se perfumó todo el cuerpo con una colonia cara y a las cinco y media estaba lista. Los minutos se le hacían horas, las manos le sudaban y fumaba sin parar. Decidió llamar a su marido al móvil. Cabía la posibilidad de que él estuviera pasando por Valladolid en el autocar que los llevaba no se sabía aún a dónde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Hola ¿Dónde estás? - le preguntó tratando de aparentar normalidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- A 50 Km. de Medina del Campo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Socorro” pensó Luisa. Pero dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y a dónde vais por fin?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No lo sabemos, pero vamos a pasar por Valladolid y quizá paremos a descansar ahí veinte minutos. Pensamos que nos llevarán al norte de Palencia, pero tenemos que parar antes por eso del tacógrafo...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La angustia se desbocaba en su pecho ante la posibilidad de que su marido estuviera tan cerca. No podía seguir manteniendo la conversación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bueno - cortó - Dentro de media hora te llamaré para saber dónde estás y a dónde os llevan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquello amenazaba con ponerse feo. “Qué mala suerte” - pensó - Con la infinidad de lugares que hay en España y tienen que traerle a las proximidades de Valladolid.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La siguiente media hora la llevó al borde del infarto. Imaginaba que mientras los minutos corrían aproximándola a la hora de su cita, el autocar de su marido también corría aproximándose a Valladolid. Encendió un cigarrillo y otro y otro más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A todas estas ya eran las seis de la tarde. La hora señalada, el comienzo de la entrega, del deseo, del amor, del placer. Lo que llevaba buscando tantos años, a veces inconscientemente pero de un tiempo a esta parte de forma consciente e intencionada iba por fin a suceder: se había enamorado de un hombre que no era su marido y pensaba entregarse a él y amarle hasta el límite de sus propias fuerzas, hasta más allá de todo, del modo más salvaje y apasionado que pudiera. Terminó de ponerse unas medias con liguero, una minúscula tanga y un sujetador de media copa cuando sonó la llamada perdida. Pedro estaba abajo. Había llegado el momento, era preciso decidirse. Se puso por encima un excitante salto de cama de raso, comprobó que en el descansillo no había nadie y pulsó el botón de apertura de la puerta del portal, dejando la de su propia vivienda entornada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se quedó detrás de la puerta esperando, casi escondida. Cuando Pedro llegó, le invitó a pasar con premura, mirando para todos los lados con el rabillo del ojo tratando de averiguar si alguien había visto algo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entraron en casa y le explicó desolada el problema que tenía con su marido. Pedro escuchaba pero no abría la boca. Era lógico. La decisión debería tomarla ella exclusivamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Voy a volver a llamarle” - se dijo. Cogió el teléfono y marco:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por dónde te llegas? - preguntó temblando. Estaba segura de que otra persona más perspicaz que su marido se hubiera dado cuenta de que algo ocurría. Afortunadamente no fue así.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Estamos pasando por el Montico y han dicho que pararemos veinte minutos al llegar a  Valladolid.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Mierda y mil veces mierda”. Había albergado la esperanza de que al llegar a Tordesillas hubieran continuado en dirección Benavente. Era necesario solucionar ese contratiempo con celeridad pero con calma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Mira - le dijo - como no sabéis cuándo ni dónde vais a parar, es mejor que nos olvidemos del asunto. Yo voy a subir a la piscina a hacer un poco de ejercicio, estiramientos de espalda y demás porque hace una buena tarde y ya te llamaré, o me llamas tú cuando llegues.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pedro escuchaba sin articular palabra ni pronunciar ningún sonido. El marido, a través del teléfono insinuó que, sabiendo que iban a parar en las proximidades de Valladolid, podrían verse y tomar un café juntos. Solamente quedaba por saber el lugar exacto en el que el autocar se detendría los famosos veinte minutos que marcaba la ley.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La situación se ponía complicada, pero al final la resolvió favorablemente, haciéndole notar, muy pegada al teléfono que le quería mucho pero que no merecía la pena tenerla pendiente media tarde solamente por la posibilidad teórica de tomar un café juntos porque:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ...imagínate que luego paráis en Palencia - le decía fingiendo un cierto fastidio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por fin él lo comprendió y quedaron en que llamaría cuando llegase.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo podía por fin comenzar. Pedro insinuó que si ella no estaba a gusto, era factible suspender el encuentro, pero Luisa mentalmente mandó a mal sitio toda consideración y decidió seguir adelante: a esas alturas estaba ya lo suficientemente excitada e inquieta como para que ninguna trivialidad, como la posible presencia de su marido en Valladolid, la hiciese desistir de su deseo, de su anhelo, de entregarse a su amante,  de amarle y de ser amada por él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Que se joda” pensó refiriéndose a su marido. Y acto seguido se volvió hacia Pedro y así, medio desnuda como estaba, se fundió con él en un abrazo interminable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y se amaron durante dos días con pasión, con entrega, con deseo, con delectación, con cariño y con violencia; con sexo y sin él, deteniéndose casi exclusivamente para comer y dormir, hasta no poder más, recuperando los años perdidos, las sensaciones no vividas, luchando por salir del tedio y la frustración, sintiéndose jóvenes, pensando que todo era posible, rebosantes de felicidad, de alegría, de salud y de expectativas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luisa experimentó el especial morbo que se registra cuando una habla con su marido estando en brazos de su amante y se sintió asustada de su propia perversidad mientras mantenía, con toda tranquilidad, una larga conversación telefónica con su hijo, que estaba en Madrid, en la universidad. Luisa fue feliz aquellos dos días, apreció sensaciones que le habían contado, pero que para ella formaban parte del reino de los sueños e incluso fue capaz de elaborar algún tímido intento de futuro, de perspectiva de vida en común con su amante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a Pedro, simplemente estuvo seguro de que había vuelto a encontrar una mujer con la que compartir su existencia, con la que construir de nuevo un futuro y que por lo tanto todo podría volver a comenzar. Cuando llegó la hora de separarse, el domingo después de comer, fue duro para ambos que solo podían consolarse pensando que algo nuevo acababa de comenzar y que por fin el amor se había instalado en sus vidas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nunca más volvieron a verse. El marido de Luisa regresó de la convención con un ascenso bajo el brazo y de resultas era necesario instalarse precipitadamente en otro ciudad. Pedro le pidió que se quedara. Primero lo demandó tratando de ofrecer razonamientos; después suplicó y finalmente amenazó, pero todo fue inútil. Los convencionalismos de Luisa pudieron más y resignadamente siguió a su marido a la gran ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada uno de los días de los siguientes treinta y cinco años recordó a Pedro y cada vez con mayor frecuencia se arrepintió de la decisión tomada, hasta el punto de que en alguna ocasión intentó volver a ponerse en contacto con él, sin conseguirlo: o había cambiado de domicilio, o de teléfono o ambas cosas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, Pedro agonizó de soledad y de recuerdos durante todos esos años interminables, herido de muerte en sus más íntimas esperanzas e ilusiones, sin volver a pretender jamás otra cosa que no fuera sobrevivir.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2180541985855425758?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2180541985855425758/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2180541985855425758' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2180541985855425758'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2180541985855425758'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/12/toda-una-vida.html' title='Toda una vida'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-4050598517969163732</id><published>2009-12-13T22:14:00.000-08:00</published><updated>2009-12-13T22:16:28.704-08:00</updated><title type='text'>La mediocridad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En ese punto decidió pararse y no continuar adelante; podría haber seguido durante un buen rato, sin embargo prefirió animarnos a todos a seguir solos, hasta que se nos abriera el suelo bajo los pies. No necesitaba nada, él ya no nos necesita porque desde hace mucho tiempo tiene el pensamiento de la muerte más cerca de su cuerpo que su propia vena yugular. Si consiguiéramos en algún momento hacerle llorar, sus lágrimas quemarían como el ácido sulfúrico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La conclusión de todo esto es que, como decía Sófocles, “Lo que debes preferir por encima de todo es no haber nacido”. Y Schopenhauer varios siglos después mantiene la misma opinión: “Más valdría que no hubiera nada. Como hay más dolor que placer en el mundo, cualquier satisfacción no es sino transitoria, fuente de nuevos deseos y nuevas desesperaciones. Y la agonía del animal devorado es siempre mayor que el placer del que lo devora”. Estas son simplemente dos citas, él lo sabía y todos lo sabemos, pero se trata de la misma idea conservada a lo largo de los siglos. Por supuesto que ha terminado su lucha; al menos por el momento, él espera haber aprendido por fin las miles de lecciones que la historia de su propia vida le ha ofrecido y pretende poder dar por definitivamente concluida la asignatura esa de las lucha por la búsqueda de la felicidad; la materia  de los sufrimientos masivos y desconsiderados o de las injusticias flagrantes. Pero ¿cómo desterrar las congojas íntimas, particulares, individuales, mínimas? Incluso ¿está realmente seguro de que se han acabado los grandes propósitos, de que ciertas cosas no volverán a suceder? En cierto modo la búsqueda jamás termina, la esperanza finaliza con la propia existencia del esperanzado, por mucho que este se empeñe en no sentir nada.  O mejor dicho, la ilusión se habrá acabado el día en que pueda enterrar, muerto de muerte natural, el último pensamiento nacido el último día del último sueño marchitado, y a pesar de eso probablemente la expectativa de la felicidad seguirá en sus hijos, hasta que por fin la triste herencia de las congojas cotidianas se diluya, los recuerdos se deshilachen y el dolor mengüe, incluso si en ese momento ya nadie se acuerda de nadie desde hace muchísimos años  y todo se considere historias pasadas que no valen ni para meterles miedo a los niños y menos aun a los hijos de los muertos y a quienes hubieran deseado estarlo. Estar muertos quiero decir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que sabe que todos estamos pensando  que él es un hombre negativo, un ser específicamente pesimista, perverso, un inadaptado que debería estar pudriéndose en el olvido en lugar de soltarnos esta filosofía suya tan confusa, tan derrotista y melancólica, tan depresiva y meridianamente triste. Pero que quede claro una vez más que él no intenta exculparse de tal o cual hecho aislado de este o el otro error que cometió y comete. Será culpable de muchas cosas y nosotros lo seremos de otras, eso es estupendo. Pero pese a todo quizá deberíamos ser capaces de decirnos a nosotros mismos que lo que él hizo en la vida lo hubiéramos hecho nosotros exactamente igual si nos hubieran entrado sus cartas y quizá aun lo habríamos hecho peor pues muchos de nosotros no somos tan valientes y decididos  y no hay nadie especial ni único, nunca se puede decir “yo jamás haría eso; esas cosas ya no ocurren; esto aquí no pasa”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nuestros tranquilos barrios de clase media, nuestras urbanizaciones pijas, nuestras cafeterías y restaurantes de  moda, rebosan de pedófilos, de psicópatas, de sádicos y de asesinos en serie que solamente están a la espera de una oportunidad que les permita, en el delicado filo de la vida, inclinarse del lado nefando. Algunos de estos, incluso en circunstancias normales, se convierten en una contrariedad y matan a seis o a ocho; violan a una niña o acuchillan a una anciana, pero en época de paz, cuando las circunstancias son las habituales, el mismo estado que en época de conflicto se aprovecharía de sus instintos y les otorgaría una condecoración, los aplasta ahora como a mosquitos atiborrados de sangre. Pero este no es el problema porque trastornados los ha habido siempre en todas partes y estos hombres enfermos no tienen importancia. Sin embargo las personas corrientes, los probos ciudadanos que forman el Estado, esos son el auténtico peligro. El auténtico peligro para el hombre soy yo, es él, somos todos nosotros y si no entendemos esto nunca entenderemos nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como la mayor parte de la gente, él no pidió convertirse en lo que es. Si hubiera estado en su mano, y esto me lo dijo muchas veces, se habría dedicado a la literatura. A escribir si hubiese tenido capacidad para ello y si no a la enseñanza, que los maestros de literatura no son más que escritores frustrados y sin talento. En cualquier caso se hubiera rodeado de cosas hermosas y serenas, las mejores creaciones artísticas del alma humana; una mujer, unos hijos, cosas vulgares, cotidianas, al alcance de cualquiera. El no eligió lo que tuvo porque  ¿quién elige la mediocridad, la soledad y el abandono por propia iniciativa a menos que esté loco? Además, le habría gustado tocar algún instrumento, el piano quizá. Un día lejano, en un concierto, una señora de cierta edad se inclinó hacia él: “Es usted pianista ¿no?” “Por desgracia no, señora” tuvo que contestarle con gran sentimiento por su parte. Incluso ahora, cuando ni toca el piano ni lo tocará nunca, le parece indignante no hacerlo, teniendo en cuenta su melomanía; no le parece adecuado haber pasado por la vida sin ser un virtuoso de algún instrumento, sin ser un virtuoso de algo. La verdad es que no se lo puede creer. Cuando era pequeño, más o menos de nueve años, se apuntó a unas clases de solfeo, pero no duró mucho porque le tiraba más la lectura, los juegos en el patio o, simplemente, el no hacer nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Este, este ha sido realmente su pecado: el no hacer nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-4050598517969163732?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/4050598517969163732/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=4050598517969163732' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4050598517969163732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4050598517969163732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/12/la-mediocridad.html' title='La mediocridad'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2942547110022424234</id><published>2009-12-06T15:24:00.000-08:00</published><updated>2009-12-06T15:26:13.927-08:00</updated><title type='text'>El futbol</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En nuestra infancia había un momento en que se pasaba de las batallas a pedradas contra los chicos de otro barrio a los partidos de futbol. Era una transición importantísima, casi como la que va del paleolítico superior al neolítico, de la cultura trashumante y cazadora a los asentamientos poblacionales que dieron origen a las ciudades, a las naciones, a los estados. El paso de las canteas al futbol era la primera manifestación del abandono de la infancia, de la llegada de la adolescencia, de la confiada espera en la madurez. Ignoramos si ahora ocurre algo parecido y existe un salto entre la Playstation y la Wii, pero mucho nos tememos que no, que la infancia está ahora más desdibujada del mismo modo que lo están la adolescencia y la madurez, dando lugar a lo que algunos llaman “adolescencia eterna” que consiste en mozuelos de más de treinta primaveras que apenas saben atarse los zapatos sin la ayuda de sus mamás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero nosotros no; nosotros dábamos claramente el paso que nos introducía en la adolescencia el día en que sustituíamos las canteas por el futbol. La agresividad innata se ennoblecía en deporte, se encauzaba y los niños pijos, que antes se llamaban niños de familias bien y que solían vestir de un blanco escrupuloso, tenían incluso un balón de reglamento. Los demás niños, que vestíamos de diversos colores y que a veces íbamos un demasiado recosidos, no llegábamos al balón de reglamento pero no nos importaba mucho porque teníamos una pelota de goma, de trapo, de papel de periódico, maciza o no maciza, o le dábamos patadas a un balón blando y desinflado como una pasa con el cual chutábamos a gol.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El fútbol siempre ha presidido la vida nacional dándole argumentos a la existencia de los niños y de los mayores. A nosotros alguna vez, raras veces, nos llevaban al estadio de la ciudad a ver jugar al equipo local, que casi siempre era de segunda división y luchaba por subir a primera para una vez allí seguir luchando por no descender a segunda y así sucesivamente. Tuvimos que aprender a distinguir a los jugadores de los equipos contrarios para poder odiarlos mucho inmediatamente, pero esta distinción era sencilla porque conocíamos perfectamente a nuestros propios jugadores, de modo que todo aquel que en el campo no iba vestido a rayas blancas y violetas, ya fuesen de rojo, de azul, de blanco o de negro, como el árbitro, eran los enemigos y pasaban a ser inmediatamente odiados, insultados y abucheados por el coro de voces infantiles que trataban de desenvolverse en la misma tesitura que sus mayores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero el futbol nos aburría un poco en general, porque lo que realmente queríamos era jugar nosotros. El niño entiende la vida como participación y no sabe ser espectador de nada: o participa o se aburre. La contemplación pasiva es solo una primera toma de contacto con algo nuevo y desconocido tras lo cual hay que pasar inmediatamente a la acción. Se es joven en la medida en que la necesidad de pasar de la contemplación a la acción, de la potencia al acto, es más perentoria y se produce como en dos tiempos, en dos fases de un mismo movimiento. La contemplación pura y pasiva es acción atrofiada y todas aquellas personas mayores que acuden al estadio los domingos por la tarde son otros tantos futbolistas atrofiados, unos miles de delanteros centro abortados que gritan y se debaten torpemente dentro de sus gabardinas verdes pero en quienes la acción está muerta para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nosotros éramos niños todavía y por lo tanto aun éramos geniales porque un genio es simplemente un adulto a quien no se le ha atrofiado  la capacidad de participación. Y lo que de verdad queríamos era nuestro partido en la plaza del Museo o nuestro encuentro de los jueves por la tarde en el patio del colegio, cuando los curas nos ponían unas camisetas viejas, sudadas, estrechas y con olor a otro niño que había pasado antes a través de las listas de aquella camiseta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo los mitos particulares, los dioses manes del balompié, los extremos derecha e izquierda del equipo local se paseaban a veces por la ciudad o se sentaban en las terrazas de los bares, con sus elegantes chaquetas a cuadros, su bigote y su pelo cortado a navaja. Los chicos entonces les hacíamos un coro tímido hasta que el más valiente se acercaba para pedirles un autógrafo. Luego estaban los auténticos dioses, no los manes locales sino la constelación de divinidades del Olimpo nacional; los jugadores de los grandes equipos como el Madrid o el Barcelona, los internacionales que defendían nuestros colores ante las asechanzas de poderosos enemigos como Inglaterra, Francia o Rusia. A estos nosotros no los veíamos sino en los cromos y en alguna fotografía de los periódicos: di Stefano, Puskas, del Sol, Gento, los grandes. Comprábamos cromos y los atesorábamos coleccionándolos o los cambiábamos, los jugábamos y los vendíamos en la plaza de Portugalete bajo los árboles que había a la puerta del Penicilino y en las tristes y frías tardes de los domingos de invierno entrábamos en los bares o nos acercábamos al tablero que el periódico Libertad tenía en la calle Santiago para leer los resultados y seguir la marcha de la liga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En algunos bares escribían los resultados en el gran espejo de detrás del mostrador con la misma pintura blanca de escribir hay gambas a la plancha, horchata fresca, pida empanada de la casa, mejillones del día, Recreativo 2 Sporting 1. El fútbol está a la vez cerca y lejos porque es algo intemporal e inespecífico que lo llena todo. Los jueves por la tarde, en el patio del colegio, dentro de nuestra camiseta estrecha y prestada, comprendíamos secretamente, sin atrevernos a confesárnoslo a nosotros mismos, que nunca íbamos a ser el delantero centro que teórica y públicamente estábamos dispuestos a ser.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¡Cuántas fatigas, cuántas carreras, cuántos balones perdidos en las gélidas tardes de los jueves bajo la amonestación del cura, sintiendo el sonido de su silbato rebotando en nuestra cabeza y con los pulmones jadeantes a punto de estallar por el esfuerzo y el aire helado! Había también campeonatos internacionales, que lo primero en nuestra vida que vimos por la televisión fue un partido del Madrid, ya no recordamos contra quien; y en esos campeonatos internacionales se producían triunfos o derrotas de España ante las demás naciones del mundo, porque los futbolistas eran los nuevos Hernán Cortés y Pizarro que protagonizaban grandes gestas que ocurrían en el extranjero o en Madrid, en la lejanísima, inalcanzable y apoteósica Madrid. Y los mayores hablaban de futbol, desde el tendero del barrio hasta los influyentes miembros del casino, que parecía que dirigían la marcha de la liga desde sus butacones tapizados de tela roja. Los mismos que treinta años antes habían predicho todo lo que iba a pasar en el Jarama o en Brunete empleaban ahora sus facultades en tutelar esta nueva guerra civil que es el futbol y sin duda ellos tenían la solución para todo, que si un cuatro-cuatro-dos, que sin un central agresivo, y sabían quién iba a ganar la liga y quién se iba a llevar la copa del Generalísimo y cuándo nuestro equipo ascendería a primera de una vez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los periódicos también venían llenos de futbol, como ahora y todas las mañanas y todas las tardes se organizaba un partido en miniatura en el patio del colegio durante la media hora del recreo que servía para darle patadas a una pelota bajo la mirada dura del los curas y la mirada distraída de alguna niña que desde el balcón de su casa nos veía y se reía mucho cuando alguno se caía al suelo en el ardor de la jugada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ser futbolista siempre ha sido una de las maneras más serias de ser español pero a los niños de aquellos años se nos proponía el futbol como modelo de vida, como estilo de conducta y como ejemplo de hombría, por eso tuvimos que ir superando en solitario y uno por uno la decepción, el fracaso y el convencimiento de no valer. El futbol sigue siendo hoy la épica nacional, la única actividad que de verdad une a todos los españoles, pero por entonces el ideal patrio hubiera sido un país con tantos futbolistas como ciudadanos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El español lleva dentro un futbolista como antes había llevado un torero y mucho antes un conquistador porque el español siempre nace llevando dentro algo insospechado y heroico. Así como el inglés nace solo inglés y el belga nace solo belga y después, en el transcurso de la vida, con los años y con los estudios se hacen ingenieros de minas o bibliotecarios, el español nace español y algo más.&lt;br /&gt;Español y torero, por ejemplo; español y descubridor, español y poeta. En los años cincuenta ni siquiera nacían españoles: nacían futbolistas. Luego, estos futbolistas, en la inmensa mayoría de los casos se frustraban, se atrofiaban por falta de entrenamiento o de alimentación, por culpa de la grasa, de la novia, de la alopecia, de las putas, de las oposiciones o de la vocación religiosa. Pero todo niño, todo adolescente se sentía llamado desde arriba a emular la gloria de Gento, y caer luego de Gento a oficial electricista es una frustración oscura, un batacazo íntimo y silencioso, un dolor. El futbolista nato, innato y congénito que el español llevaba dentro se le iba mustiando y se iba muriendo con el paso de los días, de los meses, de los años y los colores de su camiseta a rayas le desteñían hacia afuera hasta dejarle las rayas blancas de un azul enfermizo y las violetas de un morado triste.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Quisieron hacernos héroes sin necesidad y lo que consiguieron fue una generación de frustrados prematuramente. El español, desde siempre, se ha educado en la pedagogía del heroísmo, de la lucha contra los moros, del descubrimiento y la conquista de América, del levantamiento del dos de Mayo, de la torería, de la cruzada de liberación. A nosotros nos educaron con el heroísmo del delantero centro. Pero España no podía estar habitada por treinta millones de delanteros centro, por quince millones de Zarras. Así resulta que a cambio de un Zarra que se logró, todos los demás, en número infinito nos malogramos triste y otoñalmente en nuestras oficinas, en nuestros talleres, bancos, cátedras, almacenes, pupitres de dibujo, confesionarios y sastrerías.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2942547110022424234?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2942547110022424234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2942547110022424234' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2942547110022424234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2942547110022424234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/12/el-futbol.html' title='El futbol'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-4583473372817801356</id><published>2009-11-30T02:43:00.000-08:00</published><updated>2009-11-30T02:45:06.190-08:00</updated><title type='text'>La araña y la mosca</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y así, despacio, fue cayendo en un largo túnel interminable en el que cada respuesta llegaba aun antes de que estuviera acabada de formular la pregunta, de modo que los razonamientos avanzaban, pero hacia atrás, como avanzan los cangrejos. De los últimos días que pasó allí, solo le quedaban retazos de imágenes deshilvanadas, sin sentido, confusas, pero también vivas, con la implacable lógica de los sueños, con la propia palabra del deseo, o más bien, con su áspero croar. Ahora dormía todas las noches en el lado de la cama de ella, pero no olía ya a nada y él se estiraba, tumbado boca abajo o se ovillaba, de costado y con la cabeza vacía de pensamientos. En aquella cama, cargada de recuerdos, no quedaba nada, sin embargo, que le hubiera pertenecido, ni un cabello; quitó las sábanas para ver el colchón con la esperanza de hallar al menos una pequeña mancha de sangre, pero el colchón estaba impoluto como las sábanas. En vista de eso se sentaba en el borde de la cama, con las piernas separadas, los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos. Entonces el fantasma del cuerpo de ella aparecía debajo de él, con la cabeza levemente ladeada y el pelo levantado para que se le viera aquella orejita redonda y delicada que siempre le había gustado tanto. Después, se desplomaba hacia atrás y así se quedaba dormido de repente, con la cabeza llena de sueños aún. Otras veces pretendía poseer aquella cama, pero era la cama la que le poseía a él y no le soltaba. Toda suerte de quimeras venían a enroscarse dentro de su sueño y él intentaba echarlas porque a la única a quien quería ver era a ella, pero las quimeras eran tozudas y volvían por donde menos se las esperaba. A veces, cuando se disipaban un poco los vapores etílicos, abría los ojos y una de aquellas quimeras había llegado a arrimarse contra él, se había puesto de espaldas y le apretaba las nalgas contra el vientre; los sueños voluptuosos le cercaban y se dormía así, pensando que tenía a una mujer encajada en su regazo. Incluso a veces, cuando se despertaba le metía los dedos entre los muslos, la acariciaba y la poseía poniéndole la mano en el trocánter de la cadera; vuelta boca abajo empezaban otra vez, mientras ella crispaba los puños encima de las sábanas y se movía sin hacer ruido alguno. Nunca le dejaba libre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces surgía en él otro sentimiento inesperado, algo así como una sensación dulce y desvalida. Sí, exactamente, lo recordaba bien, era rubia y llena de dulzura y desvalimiento. No se sabe hasta donde llegaron las cosas entre ellos. La otra imagen, la de la chica que duerme acurrucada en el regazo de su amante, no tiene nada que ver con ella. Aquella mujer rubia se metía también en la cama enorme, que era un sitio que no le correspondía y era algo que a él le complicaba mucho la vida, aunque al fin conseguía rechazarlas a todas, o al menos alejarlas lo suficiente como para mantenerlas inmóviles donde no hicieran daño y entonces se dedicaba con todas sus fuerzas a evocarla a ella y volvía a tenderla en el centro de la cama y a echársele encima con todo su peso, con su vientre desnudo pegado al de ella, golpeándolo en vano con rabia creciente hasta que por fin acertaba en el sitio y la mujer entera se abría bajo su cuerpo y todo él entraba por ahí y se quedaba tendido encima de ella, como se tiende uno sobre el hielo, abandonando toda su voluntad en aquella nieve blanca en que se había convertido el recuerdo del cuerpo femenino. Y entonces ella, que se había abierto para recibirle, se volvía a cerrar, atrapándole en su interior voluptuoso y frío.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un destello de sol poniente pasaba por entre las nubes y venía a dar en la pared del dormitorio, en la mesilla, en el vestidor, a los pies de la cama. Se levantó, fue a orinar y se dirigió a la cocina. Todo estaba solitario, frío y en silencio. Cortó rebanadas de una buena hogaza de miga blanca, las untó con tomate y aceite y puso encima finas lonchas de jamón. También encontró pepinillos, una tarrina de paté y huevos duros, lo puso todo en una bandeja con cubiertos, una botella de buen Rioja y un vaso, se volvió al dormitorio y dejó la bandeja sobre la cama. Se sentó mirando fijamente el sitio vacío que había en las sábanas frente a él, al otro lado de la bandeja. Poco a poco iba tomando forma allí su cuerpo con sorprendente solidez. Estaba dormida de lado, como ella solía, recogida sobre sí misma; la gravedad le tiraba un poco de los pechos e incluso del vientre hacia un lado y hacia abajo, tenía la piel tensa en la cadera saliente y angular. No era su cuerpo el que dormía sino que era ella misma quien dormía, apaciguada, acurrucada en su cuerpo. El color rojo pálido del sexo se filtraba en el arranque de sus muslos actuando para él como un imán: no podía apartar la vista de aquél punto, no podía alejarse de aquella ensoñación, de aquel recuerdo, de aquella realidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Descorchó la botella, aspiró a fondo el aroma embriagador del vino y se sirvió en el vaso. Bebió y empezó a comer, tenía un hambre enorme, se comió cuanto había traído y se bebió la botella, al principio escanciando pequeños sorbos en el vaso pero al final dando largos y ruidosos tragos acoplando los labios al gollete. Fuera ya era casi completamente de noche y la habitación se había quedado a oscuras. Se llevó la bandeja, encendió unas velas, cogió sus cigarrillos y tumbado boca arriba en la cama fumó, con el cenicero sobre el vientre. Por encima de él se oía un zumbido frenético. Buscó con la mirada, sin moverse, y descubrió en el techo una mosca. Una araña se apartaba de ella y se largaba a esconderse en una rendija de la moldura. La mosca había caído en la tela y se debatía, zumbando en vano para soltarse. Estaba atrapada, tal cual él mismo estaba atrapado en una telaraña hecha de recuerdos y melancolía. En ese momento le pasó un soplo sobre los labios, un dedo fantasma, la punta de una lengua y pudo aspirar claramente el olor del perfume de ella. Apartó el cenicero, cerró los ojos e imaginó el dulce cuerpo femenino deslizándose sobre el suyo, se combaba para meterle dentro de ella mientras notaba en las manos el peso suave de los pechos y la abundante cabellera negra formaba una cortina sobre su cabeza, enmarcándole el rostro, que iluminaba una sonrisa inmensa y radiante que le decía: “He venido al mundo solo para una cosa: darte placer”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La mosca seguía zumbando a intervalos irregulares pero cada vez más espaciados; se oía de pronto y luego se detenía para volverse a oír pasados unos minutos. Notaba entre las manos algo así como la parte de debajo de la columna vertebral de ella, precisamente un poco por encima de sus riñones y su boca susurraba, pegada a la de él: “Ay Dios… Ay Dios mío”. Volvió a mirar a la mosca. Estaba silenciosa y quieta, absolutamente atrapada, rendida, como lo estaba él mismo a sus recuerdos, a sus añoranzas. Permaneció inmóvil, esperando a que la araña volviera a asomar y quizá se quedó dormido. Le despertó un zumbar frenético y postrero, abrió los ojos y miró. La araña estaba al lado de la mosca que se debatía; la araña titubeaba, avanzaba y retrocedía y por fin se volvió a su rendija y la mosca dejó otra vez de moverse. Intentó imaginar su terror silencioso, el miedo multiplicado por mil en las facetas de sus ojos. De vez en cuando la araña volvía, probaba el estado de la presa con una pata, añadía unas cuantas vueltas más al capullo de hilo y se marchaba mientras él observaba curioso aquella agonía interminable. Horas después, la araña llevó por fin a la mosca envuelta en el capullo de hilos de seda a su rendija, para devorarla allí, en silencio y con tranquilidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces él volvió a dormirse, vencido por los efectos del alcohol, soñando con que la araña de los recuerdos le llevase también a él a una rendija del pasado, para allí acabar de devorarlo con tranquilidad y en silencio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-4583473372817801356?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/4583473372817801356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=4583473372817801356' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4583473372817801356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/4583473372817801356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/11/la-arana-y-la-mosca.html' title='La araña y la mosca'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8472038160669498090</id><published>2009-11-22T22:05:00.000-08:00</published><updated>2009-11-22T22:07:45.745-08:00</updated><title type='text'>De la bicicleta al Clío</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La velocidad, la capacidad para cambiar rápidamente de lugar, es la libertad en acto, la esencia misma de la libertad. De este concepto se derivan frases como “libre como un pájaro” o “libre como el viento”, porque consideramos que la velocidad es el verdadero indicador de la libertad. Por esto, los que comenzaron a proporcionar automóviles a sus hijos veinteañeros no sabían verdaderamente lo que hacían porque con la democratización de la velocidad se desencadenaron muchos males que hasta entonces permanecían contenidos. La velocidad es un simulacro de la libertad, como el bienestar lo es de la justicia. Pero en muchas ocasiones incluso los simulacros y los experimentos son peligrosos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nosotros nos escapábamos en bicicleta y por lo tanto estábamos constreñidos por nuestras propias fuerzas y limitados por nuestra personal tracción animal de modo que como ciclistas permanecíamos sujetos por un muelle al punto de partida y nuestro regreso al lado de la butaca de papá era ineluctable en el momento en que el muelle se tensaba demasiado. La cabra tira al monte y los mocitos y mocitas en bicicleta tirábamos al monte también, pero éramos cabras con  cuerdas; más o menos largas, pero con cuerdas al fin. Además estaba el problema de la edad porque conseguimos que nos compraran una bicicleta a los diez o doce años y a esa edad uno se conforma con dar la vuelta al mundo en ochenta minutos y a casa. Pero el Clío se lo compran a los veinte y al contrario que la bicicleta que era algo proletario y sudoroso, el Clío trae el prestigio que el cine americano otorga a los veinteañeros motorizados, con sus enormes coches descapotables, ahogando sus frustraciones y su incultura en alcohol los sábados por la noche. El Clío, más que una marca de fábrica, ha llegado a convertirse en un símbolo de todo lo que tiene cuatro ruedas, un motorcito, noventa decibelios de supuesta música y un jovenzuelo al volante. Los galanes juveniles y horteras de Hollywood se llevaban a sus novias adolescentes en sus enormes autos a los límites mismos del erotismo y los galanes españoles de provincias procuran hacer otro tanto. Incluso se han compuesto canciones al respecto que obtuvieron una cierta fama y estoy pensando en aquella que tenía un estribillo machacón en el que se nos aseguraba lo difícil que resultaba hacer el amor en un SIMCA 1.000. Pero el cochecillo y los aparcamientos en las afueras de las ciudades consiguieron en seguida y no sin razón, una leyenda erótica. Porque lo cierto es que las parejas pierden muchas inhibiciones al poner tierra de por medio entre ellas y sus familias: la moral, las costumbres, los prejuicios, los usos, el qué dirán y todo eso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gracias al Clío hemos sabido que la moral no sólo es una cuestión de tiempo sino también de espacio. Las mujeres venecianas del Renacimiento, iban escotadas hasta por debajo de los pechos para deleite y sorpresa de los visitantes extranjeros. Algunos sostienen que hay una moral natural, inmutable. Pero resulta que hubo una moral natural renacentista, otra medieval, otra de la Grecia clásica, otra del siglo XIX y otra, en fin, de nuestros días. Cada época da a luz su propia moral natural y eterna. Esto casi podemos decir que ya lo sabíamos pero lo que hemos ignorado hasta el momento  es que la moral no sólo es contingente con respecto al tiempo, sino, cosa curiosa, con respecto al espacio. No porque las negras de países lejanos vayan con los pechos al aire (hasta que llega un colonizador y les pone un sujetador después de violarlas), sino que, sin ir tan lejos, basta con cinco kilómetros de alejamiento del casco urbano para que los tabúes caigan y los preceptos se reblandezcan. Burgués es, por definición etimológica, el habitante del burgo; de modo que en cuanto el burgués abandona el burgo, pierde toda su armadura burguesa y se convierte en otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las burguesitas españolas actuales, las pijas, son consecuentes con la moral del burgo pero pronto se ha descubierto que alejándolas del burgo su moral es otra. La educación, la cultura, los prejuicios, la ética, las normas, tienen una vigencia relativa en el tiempo y en el espacio: en el tiempo histórico y en el tiempo concreto de nuestra vida, porque no se tiene la misma moral a los veinte que a los cuarenta y tampoco en el espacio geográfico universal como en el espacio provinciano local. La vigencia de la moral local tiene un área de unos cinco kilómetros desde la Plaza Mayor en dirección al campo y a veces mucho menos si la necesidad es acuciante. Una vez al aire libre, entre pinares, tomillos, jaras, montes, acequias y cardos, la moral queda atrás, definitivamente rebasada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No digo que todas, absolutamente todas, superen sus tabúes a cinco kilómetros de su casa, porque algunas lo consiguen en la propia cama matrimonial de sus padres cuando estos han ido al cine, pero lo cierto es que los controles tradicionales fuera del marco habitual pierden mucha vigencia. Lo más opresor de papá, en último extremo, no es su autoridad propiamente dicha, sino su inmediatez. A cinco, diez o quince kilómetros del olor a tabaco de papá, algunas cosas empiezan a estar mucho más claras y otras mucho más confusas. Con esto no contaron los pulcros rectores de la moralidad pública y la corrección de costumbres cuando, hace tres décadas, adoctrinaron a los papás. Cada Estado de la Unión tiene su ley, cada Comunidad Autónoma tiene la suya; cada siglo ha tenido su modo de enseñar o esconder los senos de las hermosas. A fuerza de años de inmovilismo conceptual habíamos perdido la noción de las variantes de la moral en la Historia, en el tiempo. Pero el Clío ha venido a descubrirnos la variabilidad de la moral en el espacio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si no es posible saltar a una época diferente, pasada o futura, si lo es en cambio salir con el Pioner a todo volumen por la carretera del pinar. Ya que no se puede dar un gran salto en el tiempo, demos un pequeño salto en el espacio, un corto revoloteo de ave de corral en celo. La velocidad es libertad en acto y las chicas, sentadas en el asiento del copiloto del Clío de su novio han descubierto, si no la libertad, sí la velocidad que es su suplencia más inmediata, pragmática y liberadora; que les hace sentirse como un pájaro o como el viento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque el hecho psicológico de meterse en un coche y salir corriendo tiene muchas consecuencias. No en vano se desencadena una reacción emocional porque todo viaje, aunque sea breve, supone la puesta en marcha de un proceso anímico imparable: viajar significa ir a alguna parte para allí, hacer algo. Una vez dentro del Clío la pareja tiene que ir para algo, ha de buscarle unas consecuencias y una finalidad a esa parodia de rapto; la distancia, la velocidad, el peligro, están exigiendo  su propia justificación. La pijita de provincias comprende o intuye que a tomar café con Pedro Rafael se puede ir para nada porque sólo se trata de dar un paseo hasta el bar de la esquina, intercambiar algunos “te quiero” y otras frases insulsas y regresar a casa; los novios españoles siempre han estado habituados a salir para nada, no hacían gasto de dinero ni de energías, salvo si iban en la bici. Todo consistía en darle vueltas y más vueltas a la aburrida noria del tiempo. Pero he aquí que entra en juego el carburante, el peligro, la velocidad, la mecánica, la pericia al volante de Pedro Rafael, la grandiosidad del paisaje, el cambio de latitud, de longitud, de altura, de olores, de vientos; la propia dinámica de la existencia empieza a exigir un desenlace. La inercia de los hechos empuja en ese sentido y el alejamiento de los límites del término municipal contribuye a ello difuminando las sólidas nociones de moral. La moral, por muy concienzuda y reflexiva que sea, rara vez supera los límites de su propio término municipal porque no existe una moral universal, solo hay morales locales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Clío, esa especie de huevo con ruedas pintado de verde, ha traído una evasión y una desintegración de las estructuras que habían permanecido firmes durante siglos y que ni siquiera la bicicleta había sido capaz de derrumbar. Nosotros sabíamos perfectamente hasta donde se podía llegar con el baboseo en el Orly, en el 400 o en el teatro Pradera porque todos (el guardia, el público, los camareros, los acomodadores, la familia) estaban allí presentes vigilando y encarnando la moral sempiterna. Pero en el campo, en el pinar, donde no hay público ni acomodadores ni camareros no resulta tan fácil conocer los límites, respetar las reglas de juego. La situación es nueva y hay que inventarse un reglamento sobre la marcha.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si la blusa de Luisa Alejandra en el cine o en el café no puede desabrocharse sin escándalo más de dos botones, que es lo convenido, lo establecido, lo negligente, lo inocente, pues resulta que en la naturaleza, debajo de un pino o a la sombra de la luna se pierde fácilmente la cuenta del número de botones de la blusa de Luisa Alejandra e incluso los botones en sí mismos comienzan a parecer una cosa insignificante, menuda, un asunto trivial ¿Por qué dos y no tres? ¿Por qué tres y no cinco? ¿Por qué no todos, por qué no la blusa entera, la jodida blusa? En la naturaleza es inútil que busquemos medidas para nuestra propia conducta. La naturaleza no entiende nada de los botones de Luisa Alejandra, le da exactamente igual. Y así ha sido, gracias al Clío, como muchas Luisas Alejandras se han ganado para la perversión y el vicio mientras que la generación de los papás, nuestra generación, ha empezado a tener una medida exacta, reducida, abarcable y manipulable de una moral que siempre habíamos creído que era cosa del cielo y ha resultado que solo es cosa del Ayuntamiento.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8472038160669498090?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8472038160669498090/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8472038160669498090' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8472038160669498090'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8472038160669498090'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/11/de-la-bicicleta-al-clio.html' title='De la bicicleta al Clío'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8894624928973225437</id><published>2009-11-16T04:03:00.000-08:00</published><updated>2009-11-16T04:05:32.834-08:00</updated><title type='text'>Silencio y soledad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En el fondo, cuantas más cosas sabía de las intrigas de la vida, menos le interesaba meter baza en ella, es decir, vivir. Antes de haber llegado a su actual estado de languidez pensaba, ingenuamente sin duda, que cada uno tiene el control de su propia existencia y que si toma las decisiones con criterios de racionalidad, eficacia, rigor y pragmatismo las cosas le irán bien. Ahora se daba cuenta de que, aunque el rigor y la racionalidad son necesarios, hay muchos otros factores capaces de desviar el rumbo de tu vida sin que tú puedas controlarlos; desde una simple mala suerte hasta las consecuencias de un conflicto burocrático, pasando por las ambiciones personales o intereses particulares de terceros y terminando por la multiplicación descontrolada de las células hepáticas de la persona amada. Todas estas cosas no tendrían que influir para nada en su existencia pero influían.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y estaba Dios, por supuesto, que nunca se ocupaba de sus cosas personalmente, por mucho que algunas personas de su entorno se empeñasen en pedírselo. Incluso suponiendo que interviniera a veces, no era posible negar que sus mecanismos de injerencia estaban cuando menos desajustados en lo que se refería a su propia existencia, porque podría admitir que Dios había intervenido en las existencias de los demás con prudencia y con tino, pero en cuanto a la suya propia, si no pensara en el desajuste de los mecanismos tendría que ir directamente a la blasfemia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No cabe duda de que la gente que cuenta con la ayuda de Dios o que cree firmemente en que tal ayuda existe, se maneja en muchas situaciones como pez en el agua pero a él no le había otorgado la providencia el don de la fe ni la capacidad para moverse en la sociedad con algo más de soltura que un elefante en una cacharrería. Siempre la había parecido que la vida no podía consistir en otra cosa que no fuera la búsqueda, con convencimiento, de la verdad, en compañía del resto de la especie; y esto le resultaba tanto más necesario cuanto que las circunstancias de su alterada existencia le colocaban en lugar aparte, separado de los demás hombres; pero él también quería poner su piedra en el edificio común y sentirse parte de un todo. Por desdicha, pocos pensaban igual y por eso admiraba tanto a la gente sincera, que se alejaba de intrigas y segundas intenciones aunque a veces resultase brutal en su sinceridad. Le gustaba que las personas tuvieran su propia opinión acerca de la vida, acerca de su lugar en ella y acerca de todo lo que se debería hacer, lo que habría que mantener y lo que habría que modificar. Hay gente que vive rodeada de certezas, personas que no se cuestionan el entorno, no les interesa saber el por qué de las cosas y por lo tanto son felices a rabiar. Este no era su caso, ni mucho menos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su desdicha se debía quizá a que durante toda su vida había tenido que realizar tareas que muy poco tenían que ver con su natural inclinación. Ya casi desde niño se notaba algo desfasado, perfectamente capaz de hacer lo que le pedían pero sintiéndose coartado en su fuero interno en lo tocante a la iniciativa, porque esas tareas, desde luego que estaba capacitado para estudiarlas, aprenderlas, practicarlas y dominarlas, pero nunca consiguió convencerse a sí mismo de que fueran correctas para él, adecuadas. Jamás logró percibir la necesidad profunda que le llevaba a realizar todo aquello y por lo tanto jamás pudo sentir que sabía a dónde iba y de dónde venía como les ocurre a las personas religiosas. Estaba atrapado en el medio, porque tampoco era capaz, simplemente, de no hacerse preguntas para las que no tuviera contestación, como hacen los ignorantes. Se cuestionaba todo a diario y como no encontraba las respuestas, caminaba con la ingenua seguridad de un sonámbulo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso podría haber otro ámbito de actividad en donde se hubiera sentido en terreno propio?  Es posible, pero resulta difícil saberlo puesto que no sucedió y en definitiva solo cuenta lo que ha sido y no lo que pudo ser. Las cosas no acontecieron como él hubiera querido ya desde el principio, a esa idea se había hecho hacía mucho, aunque al tiempo y de un modo extraño, nunca acabó de aceptar que las cosas fueran como son, tan falsas y tan malas; simplemente terminó por comprender que no estaba en su mano modificarlas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De joven se notaba con una lucidez transparente, tenía ideas concretas sobre del mundo, acerca de lo que debería ser y de lo que era en realidad y en lo concerniente a su propio lugar en él. Y con toda la insensatez y la arrogancia de la juventud pensó que siempre iba a ser así y que el comportamiento, fruto de su análisis, no cambiaría nunca. Pero aún no sabía nada de la fuerza del tiempo y del cansancio. Y más aún que la indecisión, más que el desasosiego ideológico, la incapacidad para adoptar una postura clara en las cuestiones que trataba y atenerse a ella era lo que le corroía, lo que hacía que se le hundiera el suelo bajo los pies. Era un cansancio que no acababa nunca, al que solo la muerte podría ponerle fin, que todavía le duraba y le duraría mientras viviera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con ella nunca hablaba de esto. Cuando la veía por las noches o los sábados, hablaban de las noticias de actualidad, de las dificultades de la existencia, del trabajo,  de arte, de literatura, o de cine. A veces conversaban sobre su infancia, su vida, pero él se guardaba de mencionarlo todo eludiendo los hechos más oscuros y difíciles. Esporádicamente le entraban tentaciones de hablarle con más sinceridad pero algo le detenía unos instantes antes de hacerlo. ¿Por qué? Nunca lo supo. Alguien podría decir que le daba miedo de que ella se escandalizara o se ofuscara, pero no era eso. En el fondo se conocían bastante poco (¿quién se conoce mucho realmente?) pero lo suficiente para darse cuenta de que forzosamente ella sabría escuchar sin juzgar. ¿Qué era pues lo que le bloqueaba las palabras en la garganta cuando por las noches después de cenar le subían hasta allí como una bocanada de cansancio y de tristeza? ¿Era el miedo a la reacción de ella o quizá el miedo a descubrirse a sí mismo tal cual era realmente? ¿O tal vez el miedo a que ella se acercase a él aún más de lo que ya lo había hecho y él mismo le había consentido?&lt;br /&gt;En esos instantes ella le miraba con una mirada prolongada y paciente y él se entristecía, le superaba aquella impotencia para ofrecerle lo que fuera o incluso para aceptar lo que ella podía brindarle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El silencio y su propia soledad interior triunfaban siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8894624928973225437?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8894624928973225437/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8894624928973225437' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8894624928973225437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8894624928973225437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/11/silencio-y-soledad.html' title='Silencio y soledad'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-472983142838565820</id><published>2009-11-08T15:01:00.000-08:00</published><updated>2009-11-08T15:04:27.428-08:00</updated><title type='text'>El enchufado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Otro tipo de fauna que reaparece alentada por la crisis es la de los enchufados. No es que esta especie haya estado nunca al borde de la extinción, pero si con una economía boyante cualquier tonto hace cestos, cuando pintan bastos se recurre con más frecuencia al enchufe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un enchufado es la antítesis de un opositor porque el enchufe y la oposición son fórmulas vitales contrapuestas y antagónicas. Son, incluso, diferentes concepciones del mundo y maneras de existir que responden a filosofías incompatibles. La oposición tiende más a Aristóteles, es tomista, tiene una concepción del universo como eternidad, inmutabilidad y armonía en el devenir de las esferas. El tiempo está por delante, el tiempo no existe para el opositor que puede perder todo el necesario, años y más años, para preparar su oposición porque la perfección soñada, el paraíso, el séptimo cielo de las exquisiteces absolutas está en alguna parte y se llega a él opositando a judicaturas. La misma fe que sirve para confiar en la armonía de las esferas y en la perdurabilidad del universo con la aspiración de integrarse algún día en él, sirve para  preparar oposiciones a Correos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario el enchufe responde a una concepción de la existencia como azar, como emergencia, una concepción existencialista y sartriana del acto como realización del individuo. Un funcionario solo puede hacerse funcionando, no estudiando funcionariado en su casa. Se llega a la esencia por la existencia, se llega al ser por el estar, se llega a la definición por la función. Es el culto a lo inmediato y detrás de todo esto están Kierkegaard, Heidegger y Jean Paul Sartre aunque la mayoría simplemente pensamos que el enchufado es un inútil y un inmoral. En todo caso son los hijos de los mismos quienes disfrutan de sustanciosos enchufes cuando dejan de ser hijos y pasan ellos mismos a ser los mismos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No todos, claro, porque algunos prefieren cursar dificilísimas carreras técnicas en Deusto, con los jesuitas, o en Navarra. Pero en cuanto un hijo de los mismos sale un poco calavera o un bastante vago o con algunas dificultades insuperables en las sinapsis neuronales, se le mete en alguna oficina de las miles que surgen diariamente por todas partes, que para eso surgen, o se le amonesta severamente para que prepare unas oposiciones, que ya alguien se encargará de que las saque. O bien simplemente un buen día aparece un amigo de la familia, de esos de toda la vida, que tiene mano en algún sitio y le da al enchufado una carta para que vaya a ver a otro señor en una oficina. Y el enchufado ese día esmera al máximo su aliño indumentario, se afeita, se peina, se perfuma, se viste de corbata, va a llevar su carta y a primeros de mes está colocado en alguna parte ganando 1.195’87 euros u otra cantidad igualmente incomprensible y caprichosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vez asentado en el enchufe, el enchufado ha de procurar con todas sus fuerzas moverse lo menos posible, vencer la tentación de la actividad, convertirse en el motor inmóvil del sistema. Todo el mundo conoce la historia de un experimentado Jefe de Sección que al tomar posesión de un nuevo destino les dijo a sus subordinados: “Señores, el único modo que existe para que esto funcione a la perfección es que no se toque jamás un papel”. Ahí está el detalle profesional, el toque maestro, la voz de la experiencia. Las oficinas que van bien, que están al día, son aquellas en las que nadie jamás mueve un papel que ya se sabe que los papeles levantan mucho polvo al moverse y si ellos están donde están habrá que resignarse, que ya son mayorcitos y saben lo que hacen. Conforme van llegando nuevos papeles hay que irlos dejando exactamente en el sitio donde  se colocaron el primer día mostrándoles un profundo respeto, como el poeta que ve caer las hojas en otoño, porque hay que tener un sentido fatalista y estético de la oficina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ha habido algún enchufado que no comprendió esto y una vez en el enchufe se puso a revolver, a incordiar, a dar malas contestaciones al público por la ventanilla (esto en principio no está mal, pero hay que tener un cierto sentido de la medida) y, naturalmente, acabó odiado por sus compañeros que le hicieron la vida imposible y tuvo que pedir el traslado. Quienes realmente progresan en sus enchufes y llegan a ser gentes  verdaderamente importantes con cargos suculentos sin que nadie recuerde ya que empezaron como enchufados, son aquellos que supieron estarse quietos desde el primer día, que para eso  se han inventado los crucigramas y los sudokus, los chats, el Messenger y el solitario de Windows.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El pueblo, con su perspicaz sentido metafórico, utiliza la palabra enchufe para definir el cargo que permite una adherencia volitiva, magnética y eficaz al sistema monetario del país, de modo que una parte del producto interior bruto, una migaja de la corriente fiduciaria, pase indefectible y perennemente por los bolsillos del enchufado quien a cambio, ha de soportar los calambres del enchufe con el estoicismo de un faquir hindú, habituándose a la oficina, al polvo, a la quietud, al público, tratando de llegar siempre por las mañanas un poquito tarde, no demasiado, pero lo suficiente como para perpetuar los usos y costumbres de la Administración. Y para mantener viva la antigua tradición española el enchufado ha de leer el periódico, responder correos electrónicos, chatear, limpiarse las uñas, comerse un Donuts, salir al bar de enfrente a tomar un café, volver a la oficina tres cuartos de hora más tarde, bostezar, mirar el reloj, reír un chiste del jefe, cambiar el cartucho de la impresora, tirarle los tejos a la enchufada, porque suele haber unas enchufadas muy ricas y marcharse al lavabo media hora antes de la salida para quitarse la corbata y peinarse un poco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si el enchufado sabe hacer esto todos los días, durante meses, a lo largo de años, de trienios, de quinquenios, metódicamente, una cosa después de la otra, sin alterarse, sin confundir el ritmo ni la secuencia de los actos, con parsimonia y dedicación,  un buen día se encuentra de pronto merecidamente ascendido a otro enchufe más importante dentro de la oficina. Entonces deja de ser técnicamente un enchufado para convertirse en un ente flotando en el escalafón, un funcionario, algo que asciende poco a poco, un cuerpo sometido a las leyes físicas de la gravedad administrativa que es todo lo contrario a la otra gravedad y que hace que los cuerpos pasivos vayan hacia arriba en lugar de hacia abajo, que asciendan, como si estuvieran sumergidos en un líquido de mayor densidad que la suya.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero no todos los enchufados tienen tanta paciencia, ni merece la pena muchas veces pasarse  años de enchufado, porque además, las novias de los enchufados son impulsivas, inquietas y exigen a sus novios que asciendan con la misma celeridad y desenvoltura que utilizaron para acceder al enchufe y quieren que ellos, a toda velocidad, se labren un brillante porvenir. Este es el problema, que las novias de los enchufados no son tranquilas ni resignadas ni esperanzadas ni suspironas. Las novias de los enchufados son chicas con mucho nervio, como yeguas de raza y quieren enseguida comprarse un coche, un piso, salir de fin de semana y marcharse de rebajas a Londres. Porque el enchufado, que es hombre contingente, elige también para novia a una chica muy contingente que ha estudiado para yupi y enseguida se meten los dos en contingencias que acaban en el matrimonio como sea. Y entonces hay que buscarles un porvenir y ahí se movilizan las dos familias, los padres, los padrinos, el tío del Opus, el primo que es el dentista de un Consejero de la Junta: los niños se van a casar, hay que buscarles algo, un destino, una ocupación, un futuro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después de algunos años el enchufado juega al golf, tiene una amiga a la que visita por las tardes y se pasea en un coche azul enorme mientras que su señora va a pilates y se compra muchas joyas y un abrigo de piel. Y el enchufado hace cosas muy raras y tiene unas cuentas corrientes en países extraños y unos negocios de maquinaria agrícola o de importación y exportación o una empresa de obras públicas y le va tan bien que alguno incluso acaba en la cárcel.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El enchufado, en una palabra, es un hombre vital, un hombre de acción y elije el enchufe por inmediato y circunstancial y solamente lo abandona para montar alguna empresa y hacer negocios. Entonces es el momento del paciente opositor, porque la plaza que cede el enchufado, sale a concurso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así los opositores llegan, pacientemente calvos, a los mismos puestos que abandonaron los enchufados hace años. Y suele ocurrir que en la época en que el opositor es ascendido a Jefe de Sección, el enchufado entra en la cárcel.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-472983142838565820?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/472983142838565820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=472983142838565820' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/472983142838565820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/472983142838565820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/11/el-enchufado.html' title='El enchufado'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2989631871129775079</id><published>2009-11-01T15:08:00.000-08:00</published><updated>2009-11-01T15:10:06.446-08:00</updated><title type='text'>El malo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El malo está en todas partes y tiene muchas caras, ojos, sombreros, atuendos, nombres, manos, voces, trajes. Pero es siempre él: el malo. A veces es un asesino, otras veces un ladrón o un timador o un terrorista o un pederasta y todo eso sin dejar de ser quien es en profundidad, en esencia, en sustancia: el malo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Puede tener sombrero negro de ala dura, traje oscuro, bastón, rostro amplio y violáceo, manos grandes, como tortugas sin caparazón, guantes negros y voz muy baja. Pero otro día el malo tiene sombrero gris de fieltro suave, estatura pequeña, vocecita, amabilidad, besalamano,  cajita de bombones y ramo de flores para regalar. El malo puede ser representante de unos laboratorios farmacéuticos y muy beato para, a la mañana siguiente, presentarse como escritor fracasado que ya no escribe y tiene cierta fama de anarquista a pesar de ir bien vestido, con el flequillo peinado sobre la frente, chaqueta azul marino y zapatos cuadrados de tacón alto. El malo es capaz de hacer cualquier cosa para que nadie sepa que es el malo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por eso mismo es el malo, la palabra misma lo dice, naturalmente, aunque a veces no podamos ver en él nada ofensivo, nada inquietante. Si es el malo, tarde o temprano su maldad saldrá a la luz, aunque aparentemente sea un señor como los demás, simpático, con caramelos en los bolsillos para regalar a los niños, ya sea bajo su forma de señor mayor enlutado, oficial de registros o viajante de farmacia. Incluso puede ser aficionado a la música o a la poesía y recitar aquello tan conmovedor de El Piyayo o cantar tanguillos de Cádiz. Pero es el malo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo huir de él, cómo descubrirle bajo todas sus formas, como protegerse de todas sus emanaciones? Muchas veces nos asombra que después de haber pasado tantos años en la vida nos hayamos podido librar de casi todos los malos con los que hemos tenido la desventura de toparnos. El malo puede también tener familia, padres, hijos, hermanos… O una madre o una tía, señoras muy respetables y ancianas a las que acompaña a los bancos de la plaza o a una mesa de la terraza del café del Norte y allí se está con ellas tomando un helado de tres gustos. Y pasamos a su lado una y mil veces pero no sabemos que es el malo y saludamos a su madre o a su tía y él nos invita a sentarnos pero declinamos la invitación porque vamos con prisa, como siempre, atareados a nuestros quehaceres. Un día nos enteramos de que era el malo y nos sorprende, porque no lo parecía, era amable, acompañaba a su madre o a su tía al banco y a la terraza del café del Norte a tomarse un helado de tres gustos. Qué asco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Después del verano, cuando ya el café del Norte no pone terraza, el malo es un joven que parece viejo, con aspecto de enfermo, estrafalario, de gran estatura y gafas John Lennon, viudo de sí mismo y heredero de algún negocio, una tintorería o un almacén mayorista. Incluso es miembro de una ONG con la cual colabora mensualmente con un discreto óbolo. Y va al círculo católico a jugar a las damas, al parchís y al ajedrez y delante del cura se pone muy circunspecto y saca una voz grave, con tesitura de bajo profundo. Pero cuando el cura se va, persigue a las muchachas diciéndoles piropos y requiebros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En otoño y en primavera el malo se viste de anciano decrépito o de viejo de pueblo para aparecer por alguna de las plazas recoletas de la ciudad con su bastón o su boina, encorvado, sonriente y amable, bondadoso, ayudando a los ciegos y a las ancianas a cruzar la calle con intenciones desconocidas pero sin duda aviesas, porque es el malo y tarde o temprano su maldad saldrá a relucir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando el malo se presenta de señor grande y gordo, enlutado, tiene unas técnicas, un protocolo, una forma de hacer sus cosas muy diferente a si aparece de chaqueta azul y zapatones, que entonces es más informal, más deportivo y habla de futbol. El malo anticuario o el malo mueblista tienen una cierta tristeza y un silencio, una manera miope y tierna de mirar, pero esto es solamente una de sus muchas apariciones, encarnaciones, apariencias, posibilidades, porque como sigue siendo el malo, al poco cambia y retorna a ser, trabajosamente, el representante farmacéutico con ramo de flores y cajita de bombones para regalar o incluso el sastre, apuesto, que canta coplas al alba en las tabernas, con las putas, que se peina hacia atrás y se fabrica a sí mismo unas chaquetas con muchas hombreras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El malo está en todas partes, es paseante, boticario, sastre, costurero, recitador, oficinista. Nos acecha desde todas las esquinas de la ciudad y su sola presencia nos hace sentirnos desasosegados si llegamos a averiguar que él es realmente el malo, porque he aquí que el sujeto y el objeto de la maldad están firmemente ligados por un hilo invisible y el objeto de la maldad no puede dejar de participar, aunque sea de forma pasiva, en la condición y en los propósitos del sujeto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De pronto un día el malo, perdido entre sus mil encarnaciones, no acierta a regresar en ninguna de ellas y deja de existir por desconcierto, como el demonio, que es el máximo exponente de la maldad. Ese día, ese mismo día en que el malo es ya incapaz de encontrarnos, nos damos cuenta de que nos hemos hecho viejos.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2989631871129775079?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2989631871129775079/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2989631871129775079' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2989631871129775079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2989631871129775079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/11/el-malo.html' title='El malo'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1670815473153443422</id><published>2009-10-25T15:58:00.000-07:00</published><updated>2009-10-25T16:13:05.758-07:00</updated><title type='text'>La propina</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ahora parece que a los adolescentes les llueve el dinero, les vienen los billetes en bandadas o les cae del cielo, como las hojas secas en otoño que les trae el viento de la vida desde que nacen, muchos antes de nacer y algunos hasta los cuarenta años. Pero a nosotros nos llegaba el dinero como un pequeño goteo de monedas y el acto mismo de recoger algunas de esas pizcas se revestía de un profundo trascendentalismo y cuando llegaba ese momento dominical de dar y recibir la propina nos producía un cierto rubor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dependíamos de ella. La propina regía nuestras vidas porque lo que nos unía aun a la familia no era el amor, ni el respeto, ni el miedo, ni las veladas colectivas, ni la enfermedad; ni siquiera el abrigo de invierno, aquél que había ido pasando por todos los hombres de la familia o más bien por el que habían ido pasando todos los hombres de la familia, a través de su paño catalán y de su forro gris, hasta adquirir el olor, el sabor, la forma y los modales de aquél gabán, que era, ni más ni menos, la horma masculina del clan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos tocaba a nosotros heredarlo para ponérnoslo todos los días del invierno, nuestras madres lo habían reformado convenientemente, recosido, quizá dado la vuelta y puesto al día. Sin embargo tampoco era el abrigo solariego y familiar lo que nos retenía unidos a nuestra casa y a nuestra casta: era la propina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La propina, aunque no exista constancia cierta de esto, debió ser instituida por Dios junto con el matrimonio y también, junto con el matrimonio, se mantuvo incólume en España hasta las postrimerías del siglo XX, constituyendo la primera educación financiera del niño, el primer contacto con el vil metal, con la sociedad capitalista y con el tanto tienes tanto vales. En la actualidad la propina ha experimentado un profundo cambio perdiendo cuanto tenía de gratificación y agasajo por parte de los padres a los hijos para convertirse en una imposición o un derecho que los hijos ejercen sobre los padres. Con ello se ha desvirtuado la esencia misma de la propina imposibilitándola también como herramienta de educación financiera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque la propina se otorgaba, se concedía en función del comportamiento o de las actitudes de su receptor, en ningún caso el chico, la chica, el adolescente tenía “derecho” a la propina sino que sus padres y en función de parámetros universalmente conocidos y generalmente aceptados, decidían de forma unilateral la cuantía de la propina y dicha cuantía tampoco era inmutable, sino que, siempre en función del comportamiento del receptor, podía variarse semana a semana o incluso, en las situaciones más graves, suprimirse temporalmente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No es necesario decir que la cuantía de la propina dependía de las posibilidades económicas de la familia, porque no recibía las mismas monedas el hijo del jornalero que el hijo del Gobernador Civil, pero lo importante no era eso. Lo importante era que la institución de la propina, el sistema, la norma, las reglas por las que se regía su concesión, se conocían perfectamente e intrínsecamente se aceptaban en todas las clases sociales. Un chico tenía más propina que una chica, porque estas cosas siempre han pasado en España, pero ambos vivían de la propina, independientemente de que trabajasen o no, hasta el día de su boda. Porque el dinero que los hijos ganaban, solía entregarse íntegro a los padres y ellos, en un claro ejercicio de altruismo, dejaban caer cada domingo en la mano del retoño trabajador unas monedas en forma de propina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En esto, como casi en todo, los chicos estaban por entonces en superioridad de condiciones, porque las chicas, aparte de recibir menos gratificación, estaban mucho más vigiladas. Los domingos por la mañana, generalmente el padre, segregaba unas monedas de su sueldo, ponía un huevo metálico de pesetas en las manos de su hijo adolescente y lo dejaba volar libre hasta donde el combustible de dichas pesetas le alcanzase. Pero a las chicas no; las chicas, además de recibir menos combustible, tenían que presentar diariamente un plan de vuelo, una hoja de ruta, un parte de incidencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El acto de entregar la propina estaba protagonizado, como digo, generalmente por el padre, aunque su concesión se entendía que era por decisión solidaria de ambos progenitores, pero su pago efectivo revestía tal trascendencia que era obligado que fuera el cabeza de familia quien lo ejecutase. A lo más que se podía llegar con la madre era a arrancarle un suplemento, más o menos generoso, pero normalmente escaso, sutil, femenino; unas pesetas ahorradas en la compra diaria, una sisa con olor a ajo y a chicharro. Los chicos de la casa le sacaban el dinerillo a sus madres mediante unas artes de amor, cariño, caricia y chantaje que estaban muy cerca de la relación meretriz – chulo, sin que ni las madres ni los hijos cayeran en la cuenta.&lt;br /&gt;Una educación burguesa, de derechas y rígida es una educación que no llega nunca a resolver dos problemas acuciantes en el adolescente: el dinero y el sexo. Se trata de un doble tabú que ese tipo de formación pretende ignorar, obviar, y entonces, a fuerza de querer hacer inexistente la relación sexual o la relación monetaria, por meras razones de hipocresía moral, lo que se consigue es que esas relaciones sean profundamente inmorales. La señora burguesa y su amada hija hablaban de amor o de dinero con los hombres de la casa, de la familia, de la clase social, de una manera sibilina, sutil, hipócrita, interesada y dócil, porque estos dos asuntos no podían ser tratados de frente y por derecho, con luz y taquígrafos. La mujer burguesa de aquella época, que solía depender del hombre tanto en el dinero como en el sexo, utilizaba el eufemismo del mal gusto para negarse a sacar a la luz y a resolver los problemas derivados del dinero y del sexo, lo cual la conducía a otra forma más grave de mal gusto que era una hipocresía lindante ya con la prostitución más descarnada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero le sacábamos el dinero legal a papá y le sacábamos el dinero extra a mamá y nos íbamos a vivir el domingo loco, de cine, peseta de pipas y cigarrillo de Celtas, con las alas remendadas de libertad y de propina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque la propina, como concepto económico, estaba a mitad de camino entre el jornal y la limosna. Era un jornal por el oficio de ser hijo, por haber sacado adelante los estudios o los trabajos, por haber obedecido y haberse sometido a la disciplina y a las costumbres de la familia. Pero también era una limosna que hacían los padres desde su omnipotencia para que no desfalleciésemos en nuestro desvalimiento y para que sobrellevásemos mejor nuestra condición de hijos, que se resumía en la conocida frase “cuando seas padre comerás huevos”. La propina marcaba las distancias, fijaba la superioridad de los padres, establecía la dependencia de los hijos y era una forma singular y periódica de colocar a cada uno en su sitio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si hablamos de la clase media y para un chaval de dieciocho o veinte años, la propina alcanzaba generalmente para jugar un rato al futbolín con los amigos, dejar una peseta en la bandeja del monaguillo, llevar a la novia a tomar un vermú, tomar café después de comer con los mismos amigos del futbolín matutino y llevar a la novia al cine, a la sesión de las 7’45 a un local de estreno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se terminaba el domingo con alguna peseta sobrante en el bolsillo, unos billetes de autobús picados y unas entradas de cine inservibles, usadas, con su color rosa o verde desencantados, desvaídos. Luego la semana pasaba en un vuelo o se hacía interminable, dependiendo de cada uno, y nos extrañaba que ocurriera eso, que unas semanas se pasasen en un tris y otras pareciese que no terminaban nunca, y eso era porque todavía no habíamos leído a Kant y no sabíamos lo que era el tiempo, ni lo que era a priori, ni entendíamos lo que quería decir sensibilidad interna o fenómeno. Pero la semana era el largo tiempo de la sisa, la rapiña, el hurto, la compraventa, el empeño, el préstamo, la deuda, la coacción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La propina, que mantenía a los hijos muy ligados a los padres, muy dependientes de ellos, era una especie de colonialismo económico que producía toda suerte de conflictos generacionales. Según las edades y las clases sociales podía variar entre un duro y veinte, lo cual, como ocurre hoy con el sueldo, resultaba siempre insuficiente y generaba la necesidad de conseguir más dinero, unas pesetillas extras, a costa, claro está, de la propia familia. Esto tenía como consecuencia un sentimiento de culpa, de delincuencia frente a los padres que producía en el hogar una tensión económica, una relación penal y un clima de delito; más o menos como ahora, con la diferencia de que entonces eran los hijos quienes se sentían culpables con relativa impunidad y ahora son los padres quienes se sienten delincuentes y reos. En medio de toda esta maraña de sentimientos continuaban hablándonos de lo necesario, de lo sustancial, de lo entrañable y de lo intangible de la familia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A todos los que un día fuimos niños dependientes de la propina nos ha quedado esa inseguridad, ese temblor de manos, ese tamborileo de dedos con el que esperamos al amigo, llamamos por teléfono, abordamos a una desconocida o pedimos trabajo. Hemos tardado demasiado tiempo en tener nuestro propio dinero. Dentro de esta civilización y de esta cultura, el sexo y el dinero son las claves de una personalidad. Lo del dinero creyeron haberlo remediado mediante la propina y lo del sexo ni siquiera pensaban que necesitase remedio. Hemos sido doblemente indigentes y menesterosos durante muchos años y eso, si nos fijamos bien, todavía se nos nota.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1670815473153443422?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1670815473153443422/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1670815473153443422' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1670815473153443422'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1670815473153443422'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/10/la-propina.html' title='La propina'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1374899246012666535</id><published>2009-10-19T02:27:00.000-07:00</published><updated>2009-10-19T02:32:42.220-07:00</updated><title type='text'>Despedida y cierre</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La llave de hierro era grande y pesada pero la cerradura, bien lubricada, se abrió con facilidad. Debían estar también engrasados los goznes, porque la puerta no chirriaba a pesar de ser notorio que la casa llevaba deshabitada varios años. Entró y abrió un postigo para que la difusa luz de Febrero iluminase el vestíbulo húmedo y frío; después miró con detalle una vez más la hermosa escalera de madera tallada, las largas estanterías cargadas de libros, el suelo de piedra que el tiempo había desgastado, las pequeñas esculturas ornamentales e incluso las vigas del techo. Lo miró todo con detenimiento una vez más, sabiendo con certeza que sería la última.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Había una llave de la luz, una de aquellas antiguas llaves de la luz, que no interruptores. La giró para comprobar su correcto funcionamiento y una lámpara sencilla se encendió en el centro de la estancia. Apagó y subió las escaleras de dos en dos sin molestarse en cerrar la puerta y sin quitarse el abrigo ni la bufanda. En la primera planta un pasillo, bordeado de ventanas, atravesaba la casa. Las entornó una por una, empujando los postigos y cerrando las hojas. Abrió luego las puertas que daban al pasillo: cerca de la escalinata principal había un trastero, un diminuto vestidor y otro pasillo más pequeño que daba a una escalera de servicio; enfrente de las ventanas un cuarto de aseo y dos habitaciones desangeladas. En el extremo del pasillo, una puerta forrada de tela daba paso a un amplio dormitorio principal que ocupaba todo el fondo de la planta. Encendió la luz. Había una cama inmensa, de columnas salomónicas, sin cortinas ni dosel; un sofá de cuero viejo, lustroso y cuarteado, un armario, una cómoda que la habían traído de México, un tocador con espejo grande y otro espejo más pequeño frente a la cama. Al lado del armario había otra puerta que presumiblemente comunicaba con el cuarto de baño, aunque esta no llegó a abrirla. Era una habitación fría e inmensa y ni siquiera olía a nada más que a polvo y humedad, pero allí habían visto la luz ocho generaciones de sus antepasados y otros varios habían entregado su alma; allí habían dormido sus padres y sus abuelos y allí, en aquella cama, habían buscado refugio para los miedos infantiles. Volvió a mirarlo todo por última vez, con detenimiento, con emoción y con melancolía. Salió y cerró la puerta sin llegar siquiera a abrir los postigos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la planta baja, desde el vestíbulo se pasaba a un gran salón con una larga mesa de comedor de antigua madera de castaño y un piano; luego venían varias dependencias y la cocina. Allí lo abrió todo y salió un momento para mirar el bosque desde la terraza. La temperatura era casi templada y aunque el cielo estaba cubierto había dejado de llover y en los charcos del suelo se reflejaba el gris de las nubes. Era Febrero y dentro de algunas semanas el ritmo de la lluvia descendería y la primavera estallaría en una magnífica explosión de olores, de colores, de zumbidos…  Un cuervo, levantando pesadamente el vuelo, le liberó de sus meditaciones por un instante; graznó roncamente y fue a posarse en un pino, unos metros más lejos. Volvió a cerrarlo todo y regresó al vestíbulo. Cerró también la puerta de entrada que había quedado abierta. Detrás de la escalera había otra puerta de madera noble, barnizada, con adornos redondos que daba acceso a los aposentos principales. Titubeó un momento pero al fin regresó al salón, donde se entretuvo mirando los muebles, los mismos muebles que había visto toda su vida, los bibelots escogidos con primor, la gran chimenea de piedra, el piano de cola. Había un retrato de medio cuerpo colgado detrás del piano, en un rincón: un hombre, joven aún, casi de perfil pero con la mirada vuelta hacia el espectador, luciendo su bigote, con la cabeza descubierta y vistiendo un traje oscuro con pajarita. Lo miró detenidamente, como si fuera la primera vez que lo veía, como si aquél día estuviera descubriendo los secretos de aquella casa donde había pasado tan largas y generalmente gratas temporadas, aquella casa que probablemente formase parte de sus propios cromosomas, del perfil genético de su familia y que él se veía en la obligación de enajenar. Examinó una vez más el retrato fijándose bien en el alfiler de corbata, las puntas del cuello almidonado de la camisa, el bigote pulcramente recortado y el anillo de oro, enorme y ostentoso, mandado fabricar a un célebre orfebre de la Azabachería proporcionándole como materia prima relucientes pesos mexicanos. Aquel retrato de un hombre tan serio e imponente siempre le había asustado un poco; notaba, al mirarlo cara a cara, una cierta opresión en el pecho pero tenía que admitir que sin duda había sido un hombre extraordinario. Se acercó al piano y levantó la tapa. La vista iba desde el retrato a la larga hilera de teclas de marfil para volver de nuevo al retrato. Apretó una tecla suavemente con un dedo, ni siquiera sabía que nota era, no estaba en condiciones de saber nada y ante el impresionante retrato volvía a apoderarse de él una antigua añoranza. Se decía que le habría entusiasmado saber tocar el piano, saber tocar algún instrumento, ser un virtuoso en la música ser un experto en algo en la vida en cualquier cosa; le gustaría tanto poder interpretar a Bach en aquél piano, en aquel instante, alguna fuga de El Clave Bien Temperado, alguna de las variaciones Goldberg, algo esencial suntuoso y apropiado que le sirviera como despedida y cierre de todo aquello, de aquella media vida. Pero eran vanas añoranzas. Cerró la tapa del piano y salió del salón por la terraza. Había una reserva de leña en un cobertizo al lado de la casa y en unos cuantos viajes llevó unos buenos troncos a la chimenea y también leña menuda, ya hecha astillas que apiló en un leñero de cuero grueso. Después subió leña a la primera planta y encendió la estufa de uno de los cuartitos de invitados atizando el fuego con ejemplares viejos de Blanco y Negro que estaban amontonados en un armario. En el vestíbulo se quitó por fin el abrigo y se puso unas zapatillas viejas que encontró por allí en lugar de las botas de invierno que calzaba. Luego se sentó en un sillón, cerró los ojos y evocó largamente y en silencio los años pasados en aquella casa; pegados a los muros le pareció sentir todavía las luchas, desvelos y afanes de ocho generaciones de sus antepasados. Encendió un cigarrillo y comenzaba a adormilarse cuando sintió el petardeo del motor de un automóvil. Se levantó, calzó sus botas, cogió su gabán y recibió con parsimonia a los recién llegados, un matrimonio de mediana edad con aspecto más bien vulgar. Casi sin necesidad de pronunciar palabra alguna, le entregó a él un manojo de llaves, saludó efusivamente y se dirigió a su propio coche. Acababa de transmitir la posesión de la casa de sus abuelos, de sus bisabuelos y de los tatarabuelos de sus tatarabuelos. No se volvió a mirar atrás pero conforme se alejaba, conduciendo en silencio, dos lágrimas rodaron por sus mejillas inmóviles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el coche, por encima del ruido del motor, sonaba el Preludio y Fuga BWV 861.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1374899246012666535?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1374899246012666535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1374899246012666535' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1374899246012666535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1374899246012666535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/10/despedida-y-cierre.html' title='Despedida y cierre'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-167128495262938860</id><published>2009-10-11T22:08:00.000-07:00</published><updated>2009-10-11T22:13:55.049-07:00</updated><title type='text'>El amor</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ya se sabe que el amor es la respuesta, aunque ignoramos absolutamente cuál puede ser la pregunta. Sin embargo el amor es un sentimiento tan poderoso que por sí solo es capaz de transformar a una persona coherente, perspicaz y activa en un retrasado mental incompetente e imposibilitado por completo para actuar de modo adecuado o para percibir la realidad con una mínima lógica y perspectiva.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto hace tiempo que lo venía yo sospechando, pero lo acabo de confirmar porque vengo de hablar con un amigo que se ha enamorado. Podría haberse cogido la gripe o una gonorrea, pero se ha enamorado locamente y ha pasado de ser un hombre con un prometedor futuro a un imbécil sin remisión. Estoy seguro que existen enfermedades muy graves que sin embargo no producen unos síntomas tan agudos y alarmantes como el enamoramiento; quizá incluso la Seguridad Social debería considerar el amor como una enfermedad que requiere baja laboral y tratamiento, algo así como la depresión o el estrés, pero apuntando más hacia la pérdida absoluta de la objetividad y la cordura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque el que está enamorado piensa que es imprescindible y ya me canso yo de repetir que el cementerio está lleno de ellos, de imprescindibles, no de enamorados. Si nos fijamos bien, casi en cada lápida, después de los grandes caracteres con los que se escribe el nombre del finado y se especifica lo que su esposa e hijos le querían, abajo en una esquina y con letra pequeña, que apenas se ve dice: “Este sujeto también pensaba que era imprescindible”. Sin embargo su viuda se va a Benidorm acompañada de un guapo mozo de setenta primaveras y a sus hijos se les ha olvidado incluso la fecha de su fallecimiento. En su empresa han hecho una reconversión consistente en prescindir de los servicios de varios cientos de imprescindibles como él y desde ese momento han aumentado la productividad y la cuenta de resultados de la compañía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero lo de los enamorados es bastante peor, más grave, aunque afortunadamente pasajero. Porque los enamorados además de creerse imprescindibles mutuamente (“yo no puedo vivir sin ella: ella no puede vivir sin mí”),  piensan que son especiales y que las cosas que hacen no las hace nadie más en el mundo, aunque en realidad y a pesar de que se esfuercen mucho, lo único que consiguen es seguir las pautas de comportamiento del típico enamorado, repitiendo las mismas sandeces que han repetido todos ellos, al menos desde el invento este del romanticismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo: en la mesa de noche, sobre la cómoda o en la mesa de estudios,  donde antes estaba la estampita del santo preferido por su madre o por su abuela, ahora está la foto de la persona amada, luciendo su mejor sonrisa que al enamorado le parece el no va más de la expresividad y de la belleza, aunque para todo el resto del mundo la persona fotografiada tenga un aspecto lamentablemente vulgar. Otro ejemplo: antes de contagiarse, cuando el teléfono sonaba, una voz surgía de alguna parte de la casa diciendo “¿Es que nadie va a contestar ese puto teléfono?” Ahora, apenas acaba de sonar el primer timbrazo cuando el enamorado se ha lanzado hacia el auricular como un portero hacia la escuadra gritando “¡Es para mí!” Claro que la mayoría de las veces no llama la persona amada y al enamorado se le queda la carita triste y el ánimo compungido, porque lleva ya tres horas sin comunicarse con su amor y eso es mucho más de lo que nadie puede sufrir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿qué ocurre cuando por fin la voz que se oye al otro lado del teléfono es la de esa persona tan especial y única, tan inteligente, perspicaz y bondadosa, esa que no hay nadie como ella en el mundo y nunca la ha habido y nunca la habrá? Existen rigurosos estudios que aseguran que los enamorados son responsables de una parte sustancial de los ingresos de las compañías telefónicas. La conversación entre ellos puede ser más o menos la siguiente:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué haces cari?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Nada. ¿Y tú?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Aquí en casa. Está lloviendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, aquí también está lloviendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A este respecto es necesario resaltar que los enamorados viven a quinientos metros. Pero el elevado diálogo, digno de Platón, continúa:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Acabo de llegar de clase.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¿De clase?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí de inglés y estoy más aburrida…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Vaya cari lo siento mucho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Si el profe es de Canadá o de Birmingham o de por ahí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Ah.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Y lleva gafas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La conversación, tan sustanciosa e interesante, continúa discurriendo por estas esferas casi metafísicas y puede prolongarse dos horas. Luego está lo de colgar, que no es tan fácil como parece:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cari, tengo que dejarte que es que mi madre quiere llamar, ya ves, no tendrá otra hora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, pues cuelga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, cuelga tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tú primero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, tú.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Contamos tres y colgamos los dos a la vez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Uno, dos y tres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero a quien tarda más en colgar le asaltan las sospechas porque piensa que su amor se está desmoronando e inmediatamente llama otra vez:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Oye, me has colgado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Es que quiere llamar mi madre. Además ¿No habíamos dicho que contábamos hasta tres?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, pero no tan rápido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los enamorados pierden la capacidad para percibir la realidad y en consecuencia todo cambia para ellos. Su escala de valores, sus prioridades, sus gustos, se ven radicalmente trastocados. Si antes los domingos él se iba al fútbol y ella al mercadillo ahora van a comer juntos y comentan la carta:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Cari, cielito ¿qué te parece el foie en sartén con higos y Madeira?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- No, yo tomaré el carpaccio de solomillo con láminas de parmesano, piñones y sésamo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; - ¡Ay por Dios si es carne cruda!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Tú también eres carne cruda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ay cari cómo me gustas! ¡Me pones a cien!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y después de los postres prolongan la sobremesa y él la mira y ella le mira y se cogen de la mano mientras mantienen una conversación tan filosóficamente trascedente como todas las suyas. Ella se esfuerza por hablar de fútbol con él y él se esfuerza por ir de compras con ella y poner en el coche música romántica y si alguno de los dos tiene que atender una necesidad fisiológica se ausenta diciendo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- Voy al servicio pero no te vayas ¿eh?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si la persona amada se pasa con la bebida, realmente no se emborracha sino que se pone simpática o alegre; si duerme doce horas no hace el vago como una marmota sino que está descansando, que bien merecido lo tiene verdaderamente; si come demasiado no se pone hasta las cejas sino que se alimenta; si fuma, ya lo dejará cuando nos casemos; si da voces, es que es muy natural hablando, habla como le sale del corazón… La persona amada, en resumen, no tiene vicios ni defectos y si a base de mucho fijarse se le puede encontrar  algún pequeño inconveniente, eso la hace más atractiva aun y ya se le corregirá con la convivencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay unos laboratorios suizos que están a punto de lanzar al mercado una vacuna que con una sola dosis nos inmunizará contra la gripe, la gonorrea y el enamoramiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sus acciones suben como la espuma en Wall Street&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-167128495262938860?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/167128495262938860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=167128495262938860' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/167128495262938860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/167128495262938860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/10/el-amor.html' title='El amor'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8071135423671144439</id><published>2009-10-04T15:01:00.000-07:00</published><updated>2009-10-04T15:03:40.502-07:00</updated><title type='text'>El opositor</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estos de la crisis son años de preparar oposiciones y casi todos los que terminan algún tipo de estudios, desde la simple ESO hasta cualquier Máster, piensan en algún momento en sentar plaza como opositores. Aquellos que en tiempos de prosperidad económica hubieran montado una consultoría, un despacho de abogados o un chiringuito de playa, se decantan hoy por las oposiciones. Las consultorías son algo nuevo que ha surgido últimamente y yo hasta hace poco no he sabido muy bien para qué sirven, pero por lo que me cuentan los que están en la onda, resulta que aquello de consultar con la almohada ya no es de recibo, no es fashion y es cutre. Ahora lo pijo, lo que se impone, es abonar una elevada minuta para que alguien que apenas te conoce te confirme que tienes problemas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero volviendo a los opositores,  claro que aunque muchos lo intentan muy pocos lo logran, porque algunos abandonan antes de tiempo y se quedan en la cuneta, otros perecen en el intento y acaban vendiendo lotería por los bares y los más perjudicados terminan haciendo encaje de bolillos en el aire y van por la vida con el Transilium en el bolsillo. Y dicen los expertos que algunos de los más sádicos violadores y asesinos del país se gestaron preparando oposiciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero claro, entre tantos siempre hay dos o tres que realmente acaban sacándolas y entonces se casan con su novia de toda la vida, se hacen muy amigos de la pequeña o gran burguesía de su localidad (esto depende de si han sacado oposiciones para cartero o para registrador de la propiedad) y leen todas las mañanas la prensa. Han logrado esa felicidad, única posible por lo visto en este país conformista, que consiste en tener los garbanzos asegurados, llevarse bien con la burguesía, estar en algún escalafón y leer las noticias en lugar de vivirlas en directo. Si a esto le sumamos disfrutar de una esposa absolutamente fiel, ignorante incluso del adulterio mental, tanto por falta de oportunidades como de imaginación, no necesitamos ya paraíso en la otra vida, porque  en esta vivimos en uno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De modo que las oposiciones no deben ser tan malas como yo de joven pensaba que lo eran, cuando lo de opositar se asociaba a integrarse en el aparato burocrático franquista. Pero el opositor es un tipo curioso y característico, una especie rara, porque la mayoría, como digo, son opositores de ocasión, opositores en precario, que un buen día se meten en el cine con una chica que conocieron en la academia y abandonan para siempre el libro de los temas, nunca jamás lo vuelven a abrir y a la academia no regresan ni para pagar, porque aquella chica les encandila, les gusta y les dice que ella ya verá la forma de salir adelante con todo. Luego la chica no sale adelante con nada, excepto con la barriga y son ellos, los ex-opositores quienes tienen que tirar del carro pero de otra forma, sin certificados, hojas de estudios, diplomas ni convalidaciones; sin leer la prensa ni estar en ningún escalafón y teniendo que sufrir además a una esposa tan imaginativa que es capaz de cometer adulterio mental cada noche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo también existe el opositor congénito, el opositor nato y nonato, genéticamente diseñado para opositar, aquél que de recién nacido le dijo la comadrona a su madre “Señora, ha tenido usted un opositor de tres kilos seiscientos”. Este ser, que no es estrictamente humano, se le conoce de joven porque es aquél amigo bueno, sombrío, sensato y fino, que va siempre muy atildado y que ya de niño andaba como una persona mayor. El futuro opositor aprendió a leer en el ABC y en el Boletín Oficial de la Provincia y desde siempre quiso ser catedrático, notario, registrador, abogado del Estado y otras cosas mayores y terribles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El opositor es hijo natural del ejecutivo o del tecnócrata, fauna floreciente durante los años locos del ladrillo fácil, pero efímera, aséptica, triunfadora y banal. Una especie de opositores  pero abreviados, en plan americano, rapidísimos, sinópticos y bienolientes. El opositor auténtico, sin embargo, no es así, es algo más racial, más nuestro. El opositor vuelve a integrarse en la España tradicional de siempre, la España de la covachuela, con caspa en las hombreras y dejando ver el Derecho Civil  a través de la alopecia incipiente. Mientras prepara oposiciones se muerde las uñas, va poco al cine, pasa días enteros en bibliotecas universitarias, profesorales, especializadas, inmerso en la penumbra y alumbrándose con un flexo, cuando resulta tan fácil estudiar a la luz del día, en un parque o a la orilla del río. El opositor tiene una novia a la que le ha resumido brevemente su plan de estudios, porque el opositor sólo sabe hacer dos cosas resumidas: explicar su plan de estudios y el amor. Si su novia acepta, se separan y no vuelven a juntarse hasta cinco años después para tomar una taza de café y una tostada, ocasión que él aprovecha para explicarle a ella, muy por lo menudo,  como se están desarrollando los ejercicios secundarios, eliminatorios, electivo-orales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero si todo va bien y las cosas progresan, el tiempo pasa volando y tres años más tarde se fija la fecha del examen último y definitivo y si él lo aprueba se queda en expectativa de destino y por fin se casan, cuando de sus cuerpos ha huido toda malicia juvenil, y lo que se junta en la cama del hotel de provincias la noche de bodas son dos fardos de soledad, aburrimiento, arrepentimiento, celulitis, miedo y sentido común. Las oposiciones son “la otra fiesta nacional” con agravio para la taurina que no es, ni mucho menos, tan cruel y sangrienta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De tarde en tarde vuelve a aparecer el opositor en nuestra vida, aquel amigo sensato, bueno y sombrío y nos sonríe con suficiencia y timidez, mirándonos por encima de las gafas y hablándonos de que está destinado en una lejana cabeza de partido y de que tiene unos niños muy ricos, pero no deja de ser aquel chico que sacó las oposiciones y en este país todavía hay un respeto para eso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que pasa con los opositores es que se les ha ido el tiempo, la vida, la actualidad y gran parte de la juventud o incluso en las ocasiones más sangrantes, toda ella. Así que cuando uno quiere hablarles de algo que no sean las oposiciones y saber cómo ven el mundo, resulta que el opositor no tiene nada que decir o dice cosas muy antiguas, porque claro, lo primero es lo primero, asegurarse el porvenir, una cosa para toda la vida, hacerse un hombre, la nómina de la Administración, que es lo fijo, luego ya veremos que tiempo habrá para todo. Pues resulta que no, que no hay tiempo para nada porque entre los temas, los dolores de cabeza y las hemorroides (tantas horas de silla no son buenas para el recto) han invertido varios años preciosos de su vida, años definitivamente irrecuperables. Las hemorroides, las cefaleas y los cuernos son las enfermedades profesionales de los opositores, pues novias hay que hartas de tanto Derecho Civil, se los han puesto por lo criminal en lo más alto de la frente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero los opositores son la envidia de las madres, ejemplo y espejo que les ponen delante a sus hijos para que se miren en él, para que aprendan y tomen nota, que el opositor es el sentido común hecho carne, personalizado y con corbata, no como ellos que ni siquiera saben lo que es el sentido común y que siguen viviendo hermosamente la vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El opositor que se sale con la suya, con la oposición, generalmente se queda un grado por debajo de lo que se había propuesto, de modo que el futuro abogado del Estado, resulta relegado a Oficial del Juzgado, pero ya se sabe que el poner a todo el mundo un poco por debajo de donde está, sería una solución para este país, que ya nos lo dijo Ortega. El opositor, como no tiene tiempo de leer a Ortega, no rebaja sus pretensiones por modestia o por arreglar el país, sino porque los libros pueden con él, la libido le come y llega a ser todo morbo, de modo que hay que sacar unas oposiciones, las que sean y casarse con Vanesa de una vez, porque a Vanesa se le van madurando en exceso aquellos que un poeta llamó “negros melones de tus pechos”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El opositor, criatura de cefaleas y cefalalgias, todo memoria, con el cráneo dolicocéfalo por dentro y apuntando solo en una dirección o en la contraria, como una brújula atornillada a una idea; el opositor es el gran triunfador de la oposición de la vida, con la mente rebosante de procedimiento administrativo. Así, con la cabeza tan llena de cosas,  el país es incapaz de levantarla.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8071135423671144439?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8071135423671144439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8071135423671144439' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8071135423671144439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8071135423671144439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/10/el-opositor.html' title='El opositor'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-9098849239823923605</id><published>2009-09-27T15:06:00.000-07:00</published><updated>2009-09-27T15:08:56.601-07:00</updated><title type='text'>El cine</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Aquel  cine de la infancia, con películas de Shirley Temple sembrada de ricitos rubios, entre los abisinios, que cosa más terrible, que atroz. O en el Danubio Azul, de plata y zafir, que era un vals que todo el mundo se sabía y que muchos recordaban haber bailado hacía años, antes de la guerra. “Antes de la guerra” era para nosotros una época indefinida y venturosa llena de sucesos alegres y alimentos ricos, porque todo lo bueno había ocurrido “antes de la guerra”, y nosotros no habíamos nacido, mira tú por dónde, que siempre llegamos tarde a todas partes porque cuando todo el mundo bailaba el vals y daba fiestas en medio de grandes cantidades de candelabros luminosos y nadie tenía todavía cartilla de racionamiento, nosotros no habíamos nacido… Shirley Temple, Freddy Bartholomé, Capitanes Intrépidos, Spencer Tracy, Mickey Rooney, Jackie Coogan… Después, unos años más tarde, llegaron Los Diez Mandamientos, Ben-Hur y El Cid.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Queríamos ser Freddy Bartholomé, un niño privilegiado, educadito, atildado, pulido, de cuellos redondos, que sabia sentarse perfectamente en las altas sillas rococó o preferíamos ser Mickey Rooney y Jackie Coogan, golfo neoyorkino de gorra de visera y suéter de cuello desmesurado, con el chicle en la boca, vendiendo periódicos con voz desgarrada, aventurero, rey de los suburbios de la gran ciudad, amigo del ladrón y del policía? El cine nos metió en el cuerpo la primera duda hamletiana y metódica. Una crisis de identidad, como diríamos ahora en la consulta del psiquiatra. Una crisis de identidad que a algunos todavía nos dura porque después de cincuenta años no sabemos si queremos ser Freddy, el niño caprichosito y repelente, dandi en miniatura de Capitanes Intrépidos o el golfo vendedor de periódicos y ladrón de manzanas en los mercados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El cine nacional, rebosante de militares, curas, reinas, coronas, gitanas, coplas y caballos no nos gustaba nada. Todo estaba demasiado cerca, era excesivamente real y luego supimos que Heidegger había dicho que el hombre es un ser de lejanías. Por eso lo nuestro era el lejano Oeste, el Chicago de los años treinta, palpitante de metralletas, el Nueva York de los rascacielos o la Canadá de la Policía Montada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Teatro Pradera. Hemos pasado media vida pensando que quien decidió demoler el teatro Pradera debería gastarse una buena porción de sus ingresos mensuales en anti diarreicos, como castigo eterno por haber reducido a escombros el templo de los sueños de nuestra infancia. Las tardes de los domingos en los meses de invierno, íbamos a la sesión de las cuatro cuarenta y cinco; los niños bien a las butacas, los soldados al anfiteatro y los niños del hospicio a paraíso, porque en esto ocurría que cuanto menos dinero tenía uno más barata y por lo tanto más alta estaba su localidad. O sea que los pobres se acercaban más al cielo que los ricos, no solo en las enseñanzas del Evangelio sino también en el teatro Pradera. Los soldados fumaban, que todavía se podía fumar en los cines y en todas partes y los niños del hospicio comían pipas, que las hermanitas de los pobres les compraban una peseta de pipas a repartir entre dos. Después de la película, cuando salíamos todos en tropel hacia el Campo Grande, algunos niños del hospicio nos miraban con envidia y los más atrevidos nos pedían algo “Eh, chaval, chaval ¡dame una peseta; dos reales aunque sea!”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El teatro olía a pipas, a tabaco, a cacahuetes, a brillantina y a Varón Dandy. Veíamos películas como “El Misterio de Fiske Manor”, “El Retrato de Dorian Gray”, con George Sanders y Angela Landsbury o  “El Forastero”, con Gary Cooper. Eran películas que llegaban a los cines de reestreno de provincias diez años después de haber pasado por las carteleras de Madrid, pero a nosotros nos gustaba sumergirnos en ese mundo refinado, perverso, gentil, con besos y flores, libros y puñales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así era como quisiéramos que fuese nuestro propio mundo. Los niños bien de entonces reventábamos de exquisitez dentro del uniforme azul marino, con el pantaloncito corto, la camisa blanca y la corbata de rayas pero nos moríamos por vestir la línea elegante de Dorian Gray y dejar atrás una estela sublime de mujeres enamoradas y hombres atormentados. El mal en estado puro. Un mundo al que ni siquiera se aproximaban los jesuitas con su Virgen Inmaculada, sus llamas del purgatorio y su Niño Jesús de Praga. No conocíamos otra forma de mal que nuestra propia soledad en el dormitorio común, con nuestro cuerpo infantil abandonado entre las sábanas, tan lejos de casa y tan cerca del desarraigo. Pero en el cine descubrimos que existe otro tipo de mal, más selecto, una forma de pecar elegante, entre biombos y rosas, que es como pecaba Dorian Gray.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dorian Gray era como Freddy Bartholomé, pero crecido, adulto, madurado, que había superado la paternidad amistosa y noble de Spencer Tracy y se había lanzado por la pendiente del triunfo entre mujeres bienolientes, sabias y con ojeras. Y nosotros queríamos ser los pecadores más perversos y decadentes de occidente en respuesta a todo el reino del bien, a todos los primeros viernes de mes y a los domingos eucarísticos de nuestra infancia, pero teníamos las rodillas sucias, los jerséis con coderas y el pelo muy corto, casi rapado, porque había que evitar el contagio de los piojos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, el cine fue capaz de enfrentarnos a nosotros mismos, dándonos la medida de nuestra propia miseria, de nuestra vida, de todo lo que éramos y más que nada, de todo lo que no podíamos ser. Gilda se enamoraba de Glenn Ford, con su corbata de rayas verticales, parecida a la nuestra del uniforme; pero ahí acababa el parecido. Porque Glenn Ford podía darle a Gilda de bofetadas exhibiendo una masculina seguridad en sí mismo y una fortaleza que a nosotros nos faltaba, dentro de nuestros cuerpos hambrientos e impúberes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero Cary Grant era diferente, más elegante y desenvuelto. Podía conducir un coche, dar un puñetazo, preparar un güisqui, coger a una mujer por la cintura, incluso cantar un poquito o empuñar una pistola automática. Era un golfo simpático, Mr. Lucky en “Es mi hombre”. Cary Grant era, definitivamente, una especie de Dorian Gray modernizado, puesto al día, despojado de su parte dandi. Un hombre de mundo, triunfador desenvuelto, seguro y libre que iba por la vida besando mujeres y dando réplicas ingeniosas a los hombres. Así nos gustaría ser a nosotros y en el cine veíamos que no lo éramos. Nos gustaría enamorar a Ingrid Bergman en “Encadenados”, robársela a Claude Rains, usar chaquetas de cuadros con agresivas hombreras, tomar y abandonar a Katherine Hepburn en “Historias de Filadelfia (hay que tener muy poco sentido común para abandonar a una mujer como Katherine Hepburn), tocar el piano romántico de Cole Porter en “Noche y día”… Cary Grant, cínico simpático o reportero dinámico y violento, según y cómo.&lt;br /&gt;Eran las tardes tristes de los domingos de invierno, eran los primeros años sesenta cuando las películas de Hollywood se derramaban sobre nosotros como un bálsamo que nos ayudaba a soportar lo que éramos y como un revulsivo que nos enfrentaba a lo que no éramos aunque por entonces todavía pensábamos que podríamos serlo algún día. Nos enamoramos de la risa de Doris Day en “Quiéreme o déjame” y de los ojos de Heddy Lamarr en “Mi espía favorita”. Entramos en trance cuando vimos a Gene Tierney en “El hijo de la furia” y quisimos amarla, como Tyrone Power… Nos gustó Virginia Mayo, la belleza rubia, la repostería del sexo, cuando la vimos en “Noche salvaje” y también Claudette Colbert, la fea simpática, Linda Darnell, de intensa belleza sureña y Loretta Young, siempre abundante, con el corpiño rebosando glándulas mamarias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¡Ah, el cine, el cine! Humphrey Bogart en Casablanca, con aquella gabardina que por sí sola merecería una biografía, y que es una prenda que todavía nos gusta hoy. Humphrey Bogart con la mirada rebosante de historias tristes y el cigarrillo quemado por el paso del tiempo y el desencanto, tal cual nos encontramos nosotros ahora mismo, pero sin el amor de Ingrid Bergman ni el cigarrillo ni la gabardina. Ingrid Bergman, como una golondrina en Casablanca, que quiso volver a su nido de antaño, pero no pudo hacerlo porque había perdido el camino de regreso, enamorada para siempre del hombre escéptico del cabaret. Nosotros también queríamos que una mujer como Ingrid Bergman nos amase para siempre y después de la película bajábamos las escaleras del teatro Pradera casi con lágrimas en los ojos. Nosotros también queríamos vivir aquellos grandes amores. El cine nos daba la verdadera dimensión de la vida y nos hacía experimentar una sensación de exilio, como que estábamos fuera de todo aquello. Había historias de amor y de sangre y algunas gentes acudían a los grandes casinos del mundo, pero nosotros estábamos excluidos de todo eso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Amar a Irene Dunne, a Loretta Young, a Jennifer Jones, a aquellas mujeres que cobraban en la pantalla una voluptuosidad gris y densa, que tenían unas bocas prometedoras, unos ojos vivos, unos senos turgentes que las mujeres no tenían nunca por la calle. La sexualidad del cine no encuentra correspondencia en la vida. Esos labios gigantes que musitan o besan, esos labios de mujer que llenan la pantalla, no son ya una boca humana. El gigantismo del cine en sus primeros planos, hacían de la mujer un bosque, una galaxia, algo denso y penetrable, cálido e inmenso, un regazo sideral y femenino en el que nos quedábamos dormidos los niños de principios de los sesenta aquellos domingos por la tarde sin dinero y sin libertad, para olvidar la calle, el colegio, la disciplina, el frío, la tristeza, la soledad, la lluvia y el desarraigo, sobre todo el desarraigo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-9098849239823923605?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/9098849239823923605/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=9098849239823923605' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/9098849239823923605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/9098849239823923605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/09/el-cine.html' title='El cine'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-3344623955894958577</id><published>2009-09-20T15:04:00.000-07:00</published><updated>2009-09-20T15:07:04.302-07:00</updated><title type='text'>Los moros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Las señoritas de finales de los sesenta que comenzaban a acceder a la universidad eran todas de familia bien, es decir, eran las auténticas señoritas. Las demás aunque podían serlo físicamente, socialmente no estaban consideradas como tales: eran criadas, dependientas o peluqueras. De modo que señoritas, lo que se dice señoritas de verdad, eran exclusivamente las cuatro privilegiadas que podían ingresar en la universidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El porcentaje de chicas en las aulas no debía ser superior al 5% y todas se concentraban en carreras de letras. Alguna hacía ya sus pinitos en Medicina, pero las carreras técnicas eran impensables. Conocemos nosotros un caso de una pionera que en 1.968 ingresó en una Escuela de Ingeniería Industrial en la cual ni siquiera existían servicios de señoras, por lo que durante el primer trimestre no le quedó más remedio que compartir los aseos con sus compañeros varones, en un auténtico alarde de coeducación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aunque no se decía, era opinión común que el motivo real por el cual las chicas querían acceder a las universidades, no era adquirir cultura o licenciarse en una profesión liberal y prestigiosa si no tener trato con futuros maridos con carrera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por entonces también comenzaron a llegar a nuestras universidades los moros. Nosotros les llamábamos los moros, así, genéricamente en lugar de llamarles  magrebíes porque todavía no sabíamos lo que era políticamente correcto y porque además, en los libros de Historia de la época no se les llamaba de otra forma.  A las chicas los moros les gustaban bastante: al ser humano suele gustarle lo que no tiene y si ese ser humano es español mucho más, porque pasa inmediatamente a valorar lo extraño en detrimento de lo propio cayendo a veces en la más abyecta veneración. Los moros eran ciudadanos egipcios, libaneses, sirios, jordanos, que no sabemos bien en virtud de qué tratado internacional, venían de sus países a estudiar a España, generalmente Medicina. Quizá fuera la plasmación efectiva de aquella “tradicional amistad con los países árabes” en que se resumía la política exterior del régimen, pero el caso es que varios miles de ciudadanos procedentes de oriente medio entraron en nuestras facultades dándoles un toque exótico, con su piel tostada, sus enormes ojos profundamente negros, su  extraña fonética y sus nombres, sobre todo aquellos nombres que parecían extraídos de una película de Hollywood. ¿Quién puede resistirse a un joven estudiante alto, moreno y de ojos negros, con su hablar oscuro y lento  que además de llamarse Ibrahim el Nabil a ti te llama habibi?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No hace falta decir que los moros que venían a estudiar a España, pertenecían todos a familias con posibles, algunos incluso relacionados con la dinastía reinante en sus países o con intereses en el negocio del crudo. Recordamos nosotros a uno, a quien llegamos a apodar “el moro eterno” por la cantidad de años que llevaba sin terminar la carrera, que aparcaba su Alpine amarillo en la calle Colon, descendía de él ostensiblemente y se dirigía, con una carpeta bajo el brazo, a clase. Eso en el entorno de una población mayoritariamente peatonal y excepcionalmente ciclista, porque quien tenía una Vespa era un triunfador y un Seat 600 se consideraba el no va más del lujo asiático.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al principio los moros daban un poco de miedo, una especie de recelo ante lo extraño dentro de un inconsciente colectivo en el que está grabado a fuego que los árabes son los enemigos contra los cuales combatieron treinta generaciones de nuestros antepasados. Pero poco a poco ese temor se desvaneció así que las chicas, todas ellas, tanto las señoritas universitarias como las sirvientas pasando por las pelanduscas con carné, esperaban con impaciencia unánime entablar relación con un moro que era para ellas una especie de Rey Mago pero con sexo y que lo tenía todo: dinero, exotismo, masculinidad, belleza… Una chica se realzaba si se ponía de novia con un moro, porque no era lo mismo salir con uno de los Pajarillos que con uno del valle de la Bekaa o de Al Zarqa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A los moros les gustaba mucho el dulce y se metían, acompañados por sus novias, en las más exquisitas confiterías de la ciudad, trivializando de ese modo el hecho, reservado hasta entonces para los grandes eventos familiares, de adquirir una docena de pasteles. Inclusive en estas pequeñas cosas tenían suerte las novias de los moros: Palacios, Cubero, Dulces Freixas, conocían ya sus gustos y su poder adquisitivo y las dependientas los atendían por encima incluso de los demás clientes, con lo cual las novias de los moros se sentían tan contentas, tan satisfechas de sí mismas, tan pagadas de su propia belleza y distinción que el orgullo les reventaba por las copas de los sujetadores; el orgullo y las grasas que acumulaban comiendo pasteles. Ellas no tenían nada que ver, nada en absoluto, con su vecina, una pobre pringada que salía con un aprendiz de RENFE y ni siquiera con la otra, más distinguida y suertuda que tenía un novio en tercero de Derecho. Ni comparación con el valle de la Bekaa y con ser considerada cliente preferente en Palacios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las novias de los moros desconocían o no querían conocer, la diferente concepción cultural, pensaban que con amor se arregla todo y creían de verdad que ellos iban a claudicar ante sus encantos.  Pero los moros se hacían novios de las solteras y de las casadas, de las mujeres que tenían al hombre trabajando en Alemania o se había ido a la vendimia a Burdeos. Y a veces nacía un hijo de aquellos noviazgos, que heredaba la piel cetrina y el pelo ensortijado de su padre y luego en el barrio decían: “Mira, el hijo del moro”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Porque al final, como nada es perfecto, los moros terminaban su carrera, o no, pero indefectiblemente regresaban a sus países dejando en España, en el mejor de los casos una madre soltera y un corazón juvenil e ilusionado arrojado de pronto a las  amarguras de la vida.  En el mejor de los casos, porque en los peores, la chica humilde de las Delicias, seguía al moro hasta su lejano y exótico país de donde, en muchas ocasiones, le resultaba imposible regresar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casi todas las novias de los moros acabaron envidiando secretamente a aquellas que entablaron relaciones con un chico que estaba en tercero de derecho. Incluso un aprendiz de RENFE les hubiera parecido suficiente. Y si en algún momento, paseando por la calle de la Pasión, veis a una abuelita de sesenta años con una mirada nostálgica frente al escaparate de Cubero, no tengáis duda de que en su juventud, fue novia de un moro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-3344623955894958577?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/3344623955894958577/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=3344623955894958577' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/3344623955894958577'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/3344623955894958577'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/09/los-moros.html' title='Los moros'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-2964093773746206346</id><published>2009-09-13T22:47:00.000-07:00</published><updated>2009-09-13T22:49:37.909-07:00</updated><title type='text'>Vivir</title><content type='html'>Vivir es pernoctar en la  posada&lt;br /&gt;donde apenas llegamos ya partimos,&lt;br /&gt;casi sin darnos cuenta que vivimos&lt;br /&gt;y estamos al final de la jornada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivir solo es pasar, nunca morada;&lt;br /&gt;no podemos guardar lo que sentimos,&lt;br /&gt;pues todo aquello que una vez tuvimos&lt;br /&gt;se lo llevó la vida despiadada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivir es nada más que el espejismo,&lt;br /&gt;la efímera visión y la quimera&lt;br /&gt;con que la muerte engaña los sentidos;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pues sólo nos separan del abismo&lt;br /&gt;de oscuridad total que nos espera&lt;br /&gt;los años que dejamos concluidos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-2964093773746206346?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/2964093773746206346/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=2964093773746206346' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2964093773746206346'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/2964093773746206346'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/09/vivir.html' title='Vivir'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-6994867704516763266</id><published>2009-09-06T22:47:00.000-07:00</published><updated>2009-09-06T22:49:48.829-07:00</updated><title type='text'>El síndrome de Diógenes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En cada casa había por lo menos un baúl que generalmente dormía en el desván un sueño casi eterno, con su tapa claveteada cubierta de polvo. Por entonces todavía no se habían inventado los trasteros. En el interior del baúl, forrado de tafetán rojo, se apilaban papeles y baratijas que las madres y las abuelas habían acumulado en los últimos treinta, cuarenta o cincuenta años: desde las revistas de agricultura del abuelo hasta el vestido de cristianar del tío, pasando por un sinnúmero de fotografías, algunas de ellas retratando ancestros ya olvidados. Para terminar, en los baúles se recogían también cartas de amor y pequeños objetos que solamente tenían significado para la propia persona que los había guardado: una flor seca, quizá regalo de un amor adolescente; un guijarro, hollado en el paseo junto al río, cogidos de la mano; un ramillete de hierba amarillenta, aplastada por el peso de dos cuerpos cometiendo el primer pecado…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los niños también guardaban sus escasos juguetes y sus tebeos en un pequeño trasunto de baúl, generalmente de cartón piedra, muy prolijo en colorines y algo parco en espacio, porque tampoco se consentía a los pequeños acumular demasiada basura. Allí dormitaba el Capitán Trueno, El Pumby, todos los personajes del TBO y Roberto Alcázar mezclados con la locomotora estropeada del último seis de Enero, algunos indios y vaqueros de incipiente plástico y un par de pistolas de fulminante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los niños de entonces no disponían de consola, ni ordenador, ni televisión, ni siquiera, en muchos lugares de España, luz eléctrica. Pero en los baúles de los mayores, los del desván, se amontonaban exquisitos tesoros en forma de revistas amarillentas con anuncios de señoritas en ropa interior, que sirvieron de entretenimiento a algunos niños durante el sarampión o la escarlatina junto con ciertos libros extraídos subrepticiamente de la biblioteca familiar; libros sentimentales o prohibidos (la Vida de Jesús, de Renan) y algunos hasta eróticos, con una cubierta suculenta, barroca y unos alejandrinos que apenas se entendían. Así, el baúl les aprovechó también para aprender que la vida no siempre es divertida, es decir, casi nunca es divertida y que aunque todo el mundo sabe organizar el esparcimiento, la salud y el jolgorio, solo los privilegiados son capaces de poseer recursos adecuados para gestionar la enfermedad, la soledad, el aburrimiento e incluso la muerte. Porque el baúl era como si el arca de Noé hubiera varado en el sobrado de la casa trayendo en su interior no un par de animales de cada especie sino un par de los más variados y magníficos objetos, todos ellos salvados de la muerte definitiva que produce el olvido, gracias a que una mano misericordiosa los subió un día a bordo del baúl-arca. Había cosas procedentes incluso de América: viejos discos de gramófono de setenta y ocho revoluciones, un abanico roto, un mantón de Manila, dos entradas para la Monumental de México…&lt;br /&gt;También solían reposar en los baúles algunos disfraces y bastante ropa que por la cantidad, podíamos deducir que el mundo de nuestros padres había consistido en un perpetuo y alegre carnaval, bailando tango y charlestón mientras atisbaban los muslos de las muchachas que comenzaban a elevar la falda hasta cuatro dedos por debajo de la rodilla. Rebuscando, era normal que apareciesen zapatos viejos, un ala de sombrero, botones y ropa para trapos, porque en las casas no se tiraba nada, tanto por la extrema penuria económica como porque en las tiendas tampoco había nada que adquirir. Ahora, demasiados años después, hemos llegado a la civilización del desperdicio, pero entonces vivíamos en la cultura del baúl, del enorme armario ropero, de que todo había que guardarlo, por si acaso venían mal dadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y en algunas familias vinieron efectivamente mal dadas y no quedó más remedio que abrir el baúl de las momias periodísticas para ir vendiendo las viejas colecciones como papel en las chamarilerías, al peso y así cambiar los céntimos por pan. Las abuelas de aquella familia con tantos apuros económicos habían cantado zarzuelas; las madres y las tías tangos y milongas. Pero ahora apenas tenían nada que cantar más allá de Chaparrita la Divina mientras contemplaban como la sociedad acababa incluso con sus recuerdos. Menos mal que los fondos del baúl parecían no tener fin y algunos estuvieron años sacando de allí paquetes de revistas, que primero fue Estampa, un hermoso semanario y luego Blanco y Negro, que les daba más pena venderlo porque tenía un papel cuché  brillante y unas portadas muy modernas. Al final tuvieron que vender incluso Crónicas y cosas así más atrevidas, con señoritas livianas de cuando la república, que eran como la pornografía de ahora pero con corsé y faja. Y esto aun a riesgo de que las austeras gentes de los años cincuenta se las incautaran acusándoles de marxistas y antiespañoles. Pero las revistas iban saliendo del baúl y con ese dinero las madres, las abuelas, las viudas de los vivos y las viudas de los muertos, iban a la plaza, a comprar pan y arenques.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El baúl fue la síntesis del inconsciente colectivo familiar, el residuo de la decantación cultural de tres generaciones, una especie de sublimación del síndrome de Diógenes, o un síndrome de Diógenes de todo a cien.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero algunos están pensando que cuando mueran, quisieran ser enterrados en uno de esos baúles familiares para estar ya siempre entre ropas, olores, periódicos y zapatos viejos de la familia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-6994867704516763266?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/6994867704516763266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=6994867704516763266' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6994867704516763266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6994867704516763266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/09/el-sindrome-de-diogenes.html' title='El síndrome de Diógenes'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1974108598550787092</id><published>2009-08-30T15:10:00.000-07:00</published><updated>2009-08-30T15:15:11.427-07:00</updated><title type='text'>Valpuesta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Vamos desde Pancorbo en dirección a Bilbao pero no tenemos que atravesar los imponentes farallones de Orduña, que sirven de límite entre la meseta castellana y los feraces valles vascos. Ni siquiera es preciso que lleguemos a Berberana ni a Osma porque unos kilómetros antes de esta localidad un ramal, estrecho y medianamente asfaltado, se desvía a la izquierda de la carretera que llevamos  y atravesando Villanañe, Valdegovia y Gurendes, nos lleva por fin a Valpuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hemos dicho en más de una ocasión que no se comprende Castilla ni el castellano si no se mira hacia el norte, hacia las tierras cántabras y vascas, donde empezó todo tras la debacle de la invasión musulmana y por eso estamos aquí, viajando hacia el norte. No hemos querido coronar Orduña ni llegar a los jugosos valles de Euskadi; nos hemos quedado en la meseta, severa y hosca,  sin siquiera dirigir una mirada a las tierras bajas vascas, de noble y rica vegetación. No llegamos tampoco  a las montañas, nos quedamos en Castilla, que en esta parte es agreste y feraz, nada que ver con la Tierra de Campos, imagen tópica y típica a la que estamos acostumbrados. Aquí cerca está Berberana, donde se levantó el primer castillo que los foramontanos vascos construyeron en su periplo hacia el sur. Pero dejamos por un momento Castilla para entrar en Álava, cuya antigua historia se confunde, se une y se entremezcla con la de la tierra de los castillos. Por Osma pasa un rio de nombre Omecillo que acaba por entregar sus aguas al Ebro, más abajo, en Puentelarra. Cruzando el Omecillo dormitan varios pueblos de los que quizá en otra ocasión tengamos que ocuparnos… Villanueva de Valdegovia, de impresionante y arcaico nombre, quede para otra vez. Cuando enfilamos el camino de Valpuesta el corazón se nos alegra y volvemos a cometer la demasía del canto, en el imponente aislamiento del paisaje agreste, solitario y hermoso más allá de todo enaltecimiento. En el momento en que asoman las torres de la colegiata llegamos por fin a la villa, hermoso lugar y nombre propio en la Historia de Castilla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Situado en un valle estrecho y reducido enclavado en la provincia de Álava aunque perteneciendo políticamente a Burgos, Valpuesta está cercado por todas partes de elevados montes poblados de robles, encinas y pinos; lugar de fuertes vientos y gélidas temperaturas pero sano, a decir de los naturales, porque aseguran que la única enfermedad común que se padece en el pueblo es el constipado. Se nos figura que la localidad tendrá tres docenas de casas, quizá menos; Ayuntamiento, escuela y una hermosa fuente de buenas aguas que hasta hace poco servía para el surtido y uso común del vecindario; no hay edificio notable en Valpuesta, sino una torre o fuerte antiguo que dicen que fue propio del almirante de Castilla y que forma parte de la gruesa muralla que en otro tiempo rodeó la villa; también está la Iglesia Colegiata, de excelente factura gótica, de una sola nave y dos capillas; su torre es nueva y de distinto orden por haberse demolido la anterior que amenazaba ruina. En una de sus capillas se venera la imagen de Nuestra señora de Valpuesta, de traza románica, a quien acuden frecuentemente en rogativas los pueblos vecinos y el propio. El terreno del término participa a medias de monte y llano y es de mediana calidad, no muy bueno para huerta o legumbre, pero tampoco muy malo para cereal. Está bañado por el rio Omecillo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego de esta introducción en la que nos ha preocupado más la precisión que la estética, vamos a visitar esta parte de Castilla, tierra de hombres libres, vamos a pasear por entre estas treinta casas de Valpuesta, que son todas ellas de piedra: sillarejo o mampuesto para las más humildes  y sillería para las más nobles; casas de traza muy sólida, muchas con escudos que quizá se ganaron en la conquista de América. Nos fijamos en una que en 1.590 pertenecía a un sabio hombre de la Iglesia, por nombre Don Caicibar. Este sincrético personaje hizo perfectamente compatibles sus órdenes y juramentos religiosos con el espíritu renacentista, animista y agnóstico y así podemos leer a la puerta de su casa “Vive bien, que has de morir”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Buscamos también una puerta cuyo arco apuntado, según nos han informado, contiene una sencilla arquivolta que puede estar emparentada con la del llamado Palacio de Fernán González, en Covarrubias. Esta es, sin duda, la pista que nos ha de llevar a descubrir los remotos orígenes de Valpuesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A principios del siglo IX, tras el rutilante emirato del primer omeya, se producen en territorio andalusí las primeras tendencias centrífugas. Entre ellas, la poderosa familia de los Banu Quasi, que toma cada vez más distancia política de Córdoba a la par que establece alianzas con los jefecillos locales que comienzan a afirmar su autoridad en tierras navarras. Iñigo Arista en Pamplona y Aznar Galindo en Aragón, pueden al fin construir un territorio muy limitado, pero libre del dominio musulmán y relativamente seguro, germen desde el que proyectar otras empresas más ambiciosas. Detrás de estos intentos, igual que en el caso de los condados catalanes, se ve la poderosa mano de Ludovico Pío, Emperador de Occidente y Rey de Aquitania, que desde su lejana corte de Aquisgrán, favorece la creación de pequeños estados vasallos que en caso de necesidad, puedan defenderle del temido emirato cordobés. Por el otro lado, a Oviedo acaba de llegar Alfonso, sobrino del rey Bermudo,  que ha abdicado en su favor. Alfonso ha pasado su niñez y adolescencia en tierras vascas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al este de Asturias hay una tierra incierta. Protegidos por los montes cántabros, los valles han servido de refugio a las familias que comenzaron un éxodo hacia el norte tras el desastre de Guadalete. Durante cuatro generaciones, las tradiciones visigóticas han pasado de padres a hijos, y también la esperanza de que acabaría por llegar la hora de iniciar la reconquista.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y la hora ha llegado a fines del siglo IX, cuando la debilidad del emirato cordobés resuena, como una campana llamando a rebato, en los valles asturianos, cántabros y vascos. Hombres de armas y monjes inician una aventurada y peligrosa marcha hacia los valles que forman la cabecera del Ebro y sus afluentes. En cada collado y en cada punto estratégico construyen una torre fortificada, donde refugiarse en caso de aceifa. Así nace la región que los cronistas árabes llaman Al Qila, tierra de los castillos. Es el solemne momento del nacimiento de un pequeño rincón llamado Castilla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El obispo Juan y sus deudos, familiares y amigos, llegan a un valle de nombre Valle Positum donde ocupan una iglesia e inician la captura de todas las tierras circundantes. En el Cartulario de Valpuesta, se encuentra el testimonio escrito de este importante acontecimiento. El 21 de Diciembre de 804, el obispo Juan otorga un documento en el que consagra todas estas ocupaciones: “Ofrecemos todas estas presuras a Santa Maria de Valpuesta, para remedio de mis pecados, en testimonio del Señor y testamento eterno, a fin de que las posea sin contradicción con los mismos derechos que yo” El Cartulario puntualiza que todo esto se produce “bajo el gobierno de Nuestro Señor Alfonso, Rey de Oviedo”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La iglesia visigoda había perseguido severamente la creación indisciplinada y caótica de sedes episcopales. Sin embargo corren ahora tiempos revueltos y el obispo Juan crea el Obispado de Valpuesta, sin que su iniciativa parezca desencadenar ninguna repercusión molesta. El propio Rey confirma la ocupación de las tierras y la creación de la sede. En el documento de ratificación, Alfonso II llama a Juan maestro suyo. Quizá aquí se encuentra la clave de su benevolencia. El Rey pasó su juventud en tierras vascas y bien pudo haber estado bajo la tutela del obispo Juan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Valpuesta es un hito cierto y documentado del primer movimiento repoblador de Castilla. Es la crónica auténtica de un grupo de foramontanos que abandonando sus seguros valles, iniciaron una incierta marcha hacia el sur.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Valpuesta es también un lugar donde uno puede perderse tranquilamente una semana entera. O encontrarse. Sirve para recuperar muchas sensaciones que creíamos definitivamente acabadas y para descubrir otras que jamás tuvimos; puede emplearse también para superar alguna profunda crisis existencial, para olvidar el desamor, para llorar a un ser querido, admitir la soledad o perdonar la ofensa. Todo se hace más relativo en ese pequeño valle y por eso se puede utilizar también para prevalecer tras un divorcio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1974108598550787092?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1974108598550787092/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1974108598550787092' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1974108598550787092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1974108598550787092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/08/valpuesta.html' title='Valpuesta'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-6563412732529811045</id><published>2009-08-23T15:19:00.000-07:00</published><updated>2009-08-23T15:29:03.894-07:00</updated><title type='text'>Los domingos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Nunca nos han gustado los domingos. Al principio, cuando éramos muy pequeños, ni siquiera sabíamos que esos días eran diferentes a los demás, porque probablemente para nosotros no lo eran. Nada debe turbar, en condiciones normales, la rutina perfecta de un niño y en consecuencia cada jornada es igual a la anterior. Pero pronto comenzaron a aparecer las diferencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Supimos que los jueves por la tarde y los domingos se distinguían de los demás días de la semana por que no había que ir a la escuela; eso los hacía diferentes.  El domingo en concreto,  era  sobre todo para ir a misa y el sonido profundo de la campana de la iglesia del pueblo llegaba,  cruzando las calles y a través de las ventanas cerradas, hasta nuestros retretes. “Ya han tocado segundas” decían nuestras madres apuradas terminando de peinarnos con violencia. Entonces nos reuníamos en la calle con otros chicos  que venían igualmente limpios, planchados, perfumados, nuevos y que no tenían nada que ver con los amigos sucios y desgreñados con quienes jugamos la tarde anterior a policías y ladrones, a buenos y malos, a indios y vaqueros. Hacíamos las paces semanalmente, dominicalmente, de un modo tácito y nos íbamos juntos a la iglesia. Los mayores olían a misal, a naftalina, a alcanfor y estar entre ellos en los bancos era como ser una mata de tomillo en un bosque de cipreses. Cada vez que la masa devota, al toque de campanilla, se ponía en pie o se sentaba, se removía o se arrodillaba, corría por la iglesia un olor a suciedad, a semanas sin lavarse en un lugar donde apenas había agua corriente; un olor a colonia barata tratando de taparlo todo; un aura de brillantina coronaba las cabezas de los hombres que expelían una esencia a tabaco rancio de liar y a orín de alguna próstata incontenible. Ellas olían a lilas, que era el perfume que se echaban las mujeres cuando trataban de tapar el chotuno. Por encima de todo este concierto se elevaba el penetrante aroma del incienso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces empezaron a no gustarnos los domingos porque lo pasábamos muy mal entre todo aquél gentío, con sus libros de misa, sus brillos, sus pliegues, sus zapatos de charol, su quiero y no puedo, sus mujeres de luto y sus bisbiseos. Siempre había alguien delante que nos tapaba al cura y no podíamos verlo salvo cuando se subía al púlpito y entonces observábamos sus ademanes y percibíamos perfectamente su voz tonante lanzándonos amenazas de quemaduras eternas. Otras veces se limitaba a hacer un sermón breve comentando el evangelio del día. En el evangelio del día siempre había imágenes de pájaros, cebada, campos, agua de pozo y cielo, todo lo cual no dejaba de encandilarnos porque era parecido a lo que habitualmente teníamos a nuestro alrededor, como si en el evangelio apareciera iconografía de nuestro pueblo y de nuestra propia vida. Pero luego, en el transcurso del sermón, todo quedaba olvidado, porque resultaba que aquello eran símbolos de amenaza o miseria, de premio o castigo. A algunos niños no nos gustaban nada los símbolos ni llegaron a gustarnos ya de mayores. Nosotros queríamos que un árbol fuese un árbol que un pan fuese un pan, hermosos, puros, reales y verdaderos en sí mismos; pero el árbol se nos quedaba sin hojas y el pan endurecía de repente cuando el cura, o el maestro o luego más tarde los libros de religión trataban de persuadirnos de que el pan era símbolo de otra cosa, quizá de algo más excelso y sublime, pero que a nosotros no nos servía y no nos sirve ni nos servirá nunca. El segundo sentido de las cosas no deja de traicionar siempre al primero, como afeándolo y bastante triste es ya que tengamos que inventarles a las cosas un segundo sentido, como si no pudiéramos comprender los conceptos exclusivamente con el primero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando fuimos mayores, los domingos siguieron sin gustarnos porque además de representar la ruptura de la rutina cómoda y segura, eran la víspera de la vuelta al trabajo. A media tarde ya comenzábamos a pensar en las cosas que tendríamos que resolver el lunes y aquello nos agobiaba un poco, nos aceleraba el pulso. Nos obligábamos a irnos a la cama pronto, porque al día siguiente había que madrugar de nuevo y todo eso hacía que no nos gustase el domingo. Al contrario del viernes o el sábado, que representaban el inicio de algo diferente, el cese de obligaciones, la actividad lúdica personalmente buscada y admitida, el domingo era el final de todo aquello. Nunca nos gustó el domingo por lo que tiene de prólogo del lunes y por lo que tiene de epílogo del sábado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos han dicho que el domingo también fue instituido como una alegoría. Los poetas, los curas y los filósofos, han venido a ensuciarlo todo con sus alegorías y con sus símbolos: de una paloma han hecho un alma o un espíritu divino, de un árbol una vida y de un día normal el día del Señor. Todo esto no tendría que consentirse porque es un fraude, utilizar la naturaleza como ejemplo de moral, de cierta moral, es un atentado contra la propia naturaleza y debería estar penado. Esto llegamos a pensarlo nosotros los domingos, al principio un poco confusamente, durante la misa y el sermón, luego, cuando hemos sido algo mayores, de un modo más razonado. Pero tardamos mucho tiempo en decidir que optábamos por los árboles, el pan y las palomas, por los días y las noches sin moraleja, sin trasfondo, sin pretender que las cosas representaban algo más que lo que representan realmente. La ética, la moral, tiene que hacérsela cada uno a sí mismo, porque apelar a los ríos y a los bosques para poner ejemplos es una clara falta de imaginación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, en estos meses últimos, no es que continúe sin gustarnos el domingo, es que hemos llegado a odiarlo verdaderamente porque en las tardes de los domingos, tristes, vacías y criminales hemos apurado hasta el final el cáliz de la amargura, hemos saboreado la auténtica sensación de soledad, que no es, como ya habíamos dicho alguna vez, estar físicamente solo, sino sentirse espiritualmente solo. Nosotros esto lo hemos padecido algunas tardes de los domingos de esta lamentable primavera, lo cual redunda en nuestro sentimiento de odio eterno a los domingos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Optamos en su día por los árboles, despreciando el simbolismo del árbol; por los pichones escabechados, despreciando el simbolismo de la paloma y por el pan con tomate despreciando también el simbolismo transubstancial del pan. Cuando lo hicimos no tuvimos que volver a sentarnos entre la gente, entre sus miserias  y sus respiraciones con olor a tabaco y a piorrea. En el colegio nos subíamos al coro por unas escaleras estrechas, maltrechas y frías y allí nos quedábamos, con unos cuantos señores mayores al lado del organista que se pasaba la misa tosiendo y haciendo solitarios con una baraja, hasta que llegaba su momento de esplendor y atacaba el Kirie, el Gloria o el himno nacional justo en el instante en que el pan dejaba de ser pan y el vino dejaba de ser vino. Y lo de la baraja llegó a generalizarse tanto que en el coro se organizó una timba que duraba cuanto duraba la misa, hasta que un día el organista le entró tarde a los primeros compases del Credo porque estaba envidando a chica y el Padre Prefecto tuvo que intervenir con energía arrojando a algún mercader del templo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nosotros mirábamos todo en silencio y veíamos la capilla desde arriba, asomados a la barandilla del coro, dominándolo todo desde allí, los curas, los compañeros, las imágenes, hasta las altas lámparas del techo como cuando Satanás le tentó diciendo “Todo esto te daré si postrado me adorares” que es la primera noticia que tuvimos nosotros de que existía el cohecho y la corrupción.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero hasta allí no llegaba el olor de la gente, nos habíamos liberado porque al cura le veíamos pequeñito y ya no nos asustaba por muchas amenazas que profiriese y muchos ademanes grandilocuentes. Hablábamos de nuestras cosas entre aquellos señores sacrílegos y aquel organista sacristán que de vez en cuando echaba un traguito de la bota que sacaba de debajo del órgano e incluso nos dejaba probar a nosotros. Después de aquella misa pagana, el domingo empezaba por fin libre, pecador y sin dinero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Salíamos corriendo por los patios, por las calles, volvíamos a ser policías y ladrones, buenos y malos, indios y vaqueros. Mirábamos a las chicas y a veces nos llevaban al cine o al fútbol. Acabábamos el día tumbados en nuestra cama del dormitorio común, de nuevo solitarios y desarraigados, como ahora, como siempre, rendidos de patio, de cine, de futbol y de domingo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-6563412732529811045?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/6563412732529811045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=6563412732529811045' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6563412732529811045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/6563412732529811045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/08/los-domingos.html' title='Los domingos'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-1113617056628975516</id><published>2009-08-16T15:37:00.000-07:00</published><updated>2009-08-16T15:40:56.857-07:00</updated><title type='text'>La década prodigiosa</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por entonces, los habitantes de Samarcanda, los normales de a pie, llegaron a impregnarse tanto de la personalidad y de los rasgos más característicos de su monarca (que no es lo mismo que rey) que en cada uno de ellos y en la medida de sus posibilidades, se había gestado un pequeño dictador que se constituía en la máxima e indiscutida autoridad de la parcela que le era propia. El maestro en la escuela, el cura en su parroquia, el alcalde en el pueblo y cada padre de familia en su casa ejercían el poder sin más limitaciones que sus propios criterios y sin apenas establecer cauces de diálogo con los demás, que hasta ese punto el satrapismo les trastornó a todos. La dictadura engendra dictadores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nunca pudieron entender por qué un hombre solo consiguió, con el mero magnetismo de su persona –a la que nadie jamás consideró fascinante o seductora- mantenerse tanto tiempo en el mando supremo del estado sin apenas concesión y creando a su alrededor una estructura piramidal de poder, consiguiendo que intrínsecamente todo el mundo diera por buena la situación, o al menos por inevitable. Es lo que los eruditos llamaron satrapismo sociológico. ¿Cómo se puede explicar la sumisión, en algunos casos despreciable, de todo un pueblo, a una figura que por sí sola no provocaba emoción alguna?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera estaban seguros de si eran una república sin presidente, una monarquía sin rey o una dictadura sin dictador; al menos sin dictador al uso, pues salvo los años de guerra y los primeros de posguerra, el Sátrapa alejó a los militares del poder, a excepción de un par de ellos muy bien considerados en el entorno personal del pequeño autócrata. Quizá para no aparecer como dictador de corte clásico ante los ojos del mundo, promulgó también unas Leyes Fundamentales que en teoría limitaban su omnímodo poder, aunque un ejército formado a su imagen y entregado a su persona de un modo abyecto, constituía el último refugio y garantía de la autoridad del Jefe del Estado. Podrían cuestionarle los falangistas, los tradicionalistas, el Opus o los jóvenes tecnócratas, pero el taimado Sátrapa había transformado a las fuerzas armadas en su personal guardia de corps y el ejército, como alguien había dicho, constituía la columna vertebral de la patria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tampoco la ideología del Sátrapa era fascista, a pesar de la retórica de la Falange, uno de los grupúsculos que le sustentaban. Allí no existía el férreo poder del partido, como ocurrió en la Alemania nazi o en la Italia del Duce. Bien es cierto que había un trasunto de partido único llamado Movimiento Nacional, pero que en los años sesenta era ya totalmente inoperante y no suponía en absoluto la conexión entre el pueblo y la cúpula del Estado; se había convertido más bien en un vivero de inútiles lameculos, estómagos agradecidos, traidores y chupatintas; porque el nepotismo constituía el método al uso para cubrir las plazas en la administración y para nombrar los niveles intermedios en el poder, desde Secretario de Estado hasta Concejal de Vías y Obras. Este poder intermedio que administran los partidos políticos (varios en las democracias y uno solo en las dictaduras) no lo gestionaba en este caso el inoperante Movimiento Nacional sino que se lo repartían todo tipo de grupos muy sui generis: los monárquicos, (alfonsinos y carlistas, que había dos ramas), los falangistas, el Opus, los democristianos, los tradicionalistas, el clero y… los banqueros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El rechoncho Sátrapa no impuso a Samarcanda una ideología coherente y mesiánica exigiendo que todos la acataran con fe ciega y persiguiendo a quienes no lo hicieran, como Hitler en Alemania. En absoluto. El Sátrapa no impuso ideología alguna simplemente porque carecía de ella. Se limitó tan solo a impedir que alguien pudiera poner en práctica lo que pensaba, o tan solo expresarlo, si eso podía perjudicarle a él, en su única convicción: mantenerse en el poder alcanzado tras un frustrado golpe de estado y tres años de cruenta guerra civil.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero del mismo modo que la dictadura engendra dictadores, la apatía política del Sátrapa resultó ser complementaria y paralela a la de los ciudadanos frente a él. Era una carencia de entusiasmo mutuo, que sin embargo aparentaba sustentarse en un pacto razonable, algo así como los matrimonios de conveniencia. El apoliticismo de los habitantes de Samarcanda permitió dejar todos los asuntos políticos en manos del Sátrapa, convirtiendo al general no en un político sino en “la política”. Entre la guerra y la posguerra se suprimieron por la fuerza las minorías democráticas que desde el siglo pasado arrastraban lastimosamente la triste tradición de su fracaso, así que el régimen se limitó a prolongar unos años más la vieja hegemonía de las clases medias y de sus valores: necesidad de apariencia, pues la pobreza material y moral, junto con la sordidez de una vida sin futuro y sin imaginación debe ocultarse; espera aburrida en las ciudades muertas y llenas de nostalgia en las que nunca pasa nada y establecimiento de la tranquilidad como valor político y social, más allá de toda ponderación, sin darse cuenta de que tranquilidad viene de tranca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Conservar, simplemente conservar, que ya es mucho. Ideología del resistir, del bunker; pereza en el pensar, la Samarcanda que embiste, cicatera y triste; miedo a la luz, al aire y a la vida. Era más importante mantener la posición que vivir efectivamente. Vegetar en invernaderos proteccionistas que se demostraron completamente ineficaces y absolutamente dependientes del exterior. El caso era mantenerse, llegar a muy viejo, aunque fuera con esclerosis por falta de uso de los miembros. Mientras tanto autoridad, mucha autoridad. Y orden, mucho orden. Un orden puntilloso, minúsculo e inmediato, de cositas puestas en su sitio con la obsesión doméstica de que no cambien de lugar, de que todo el panorama de la casa esté fijo y quieto, pues eso proporciona seguridad y paz. Paz de cemento, de cementerio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estos rasgos pusilánimes, roñosos y cobardes de la clase media de Samarcanda se compensaron en la sublimación de los sueños de grandeza, en la envidia al boato y a los blasones de una aristocracia holgazana y perezosa pero símbolo de pasadas glorias conquistadoras. Esta aristocracia de la sangre, se transformó al poco en otra más pedestre, una aristocracia del cante, de la canción, de la revista del corazón o simplemente del soborno y de la alcoba. Incluso la vivencia religiosa experimentó una profunda disociación, pues como Samarcanda no se levantaba por mucho que todos le gritaban “¡Arriba!” algunos esperaban una especie de mesías que viniera a despertarla de su marasmo y de tanta miseria, pero mientras el enviado no llegaba los ritos y la moral se volvieron hipócritas, supersticiosos e incluso necrófilos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Algunos pensaban, durante la década prodigiosa, que en su país no había nada que hacer, que no tenían remedio y que siempre había sido igual: los de Samarcanda necesitaban una mano dura y firme que les condujera y esa mano, providencialmente, era la del Sátrapa, cuyo pulso, según él mismo dijo, no temblaría. Y cuando empezó a temblar, atacado por el Parkinson su régimen se hundió y su clientela se dividió entre fachas nostálgicos (algunos de ellos asesinos y golpistas), oportunistas demócratas de toda la vida, dispuestos a seguir sirviendo la restauración permanente de sus propios intereses y… banqueros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero el satrapismo fue mucho más que el Sátrapa. Cierto que todo empezó tras una guerra civil que le confirió un poder único sobre una población horrorizada, temerosa y sin moral, pero esa guerra fue la culminación de un largo proceso histórico durante el cual las clases dominantes en Samarcanda fueron incapaces de evolucionar y no se adaptaron, al contrario que en otros países europeos, a las exigencias colectivas de progreso social. No supieron o no quisieron enterrar el antiguo régimen y decantarse con esfuerzo y honradez por la industrialización y el desarrollo económico en un modelo de sociedad libre y competitiva. Sin embargo, a lo largo del último siglo y medio, habían podido conservar el poder suficiente para dar al traste con cualquier pequeña reforma por muy moderada que fuera, impidiendo todo viso de modernidad. Si en alguna ocasión no pudieron parar el progreso por medios civiles, no dudaron en hacerlo ayudados y aplaudidos por el ejército. “Si las urnas no nos dan el poder, nos lo darán las pistolas” en frase grandiosa del fundador de Falange, que define perfectamente la catadura moral de un personaje que supuestamente encarnó durante años las más recias esencias de la patria y constituyó, para todos los que en la década de los sesenta eran niños, una especie de héroe, paradigma de las más sólidas virtudes de la raza y espejo en el que mirarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En 1.936 las clases dominantes, la alta burguesía, los terratenientes, los aristócratas y el clero, conscientes de que no iban a poder parar las reformas empleando medios legítimos, porque carecían de mayorías suficientes para hacerlo, recurrieron de nuevo y por enésima vez con el apoyo de la ideología nacional católica, al caudillismo guerrero, originario de su poder económico y social. Por eso técnicamente el satrapismo fue una monarquía absoluta, porque en Samarcanda, salvo brevísimos períodos de tiempo, jamás se había logrado superar esa forma pre industrial de organización social que constituyó el antiguo régimen, una forma que está a mitad de camino entre el feudalismo y la democracia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De modo que durante la década prodigiosa verdaderamente el país vivía en una monarquía absolutista, más propia del despotismo ilustrado que de algo coetáneo con el Mayo del 68 y el festival de Woodstock. En realidad, así había sido siempre y quizá esa sea la clave para explicar la pasividad mayoritaria y el absoluto apoliticismo de la mayoría de un pueblo que, muertos o exiliados sus dirigentes demócratas y reformistas, seguía viviendo para subsistir y de modo paradójico, para enterrar con el tiempo al satrapismo, muerto ya de vida social y de libertad imparables. Porque el paso de los años y la nueva generación de los nacidos después de la guerra, fueron quienes comenzaron aquella especie de vida política subterránea que con el tiempo derrumbó el árbol (segur que tomba) que alguien creía perfectamente arraigado. En esta ocasión, las clases dominantes consintieron el cambio porque se veían perdidas sin él, abocadas al fracaso más absoluto. Si alguno todavía lo dudaba, el esperpento de los guardias civiles en el congreso disparando al techo, fue suficiente para hacer reaccionar a los más recalcitrantes industriales… y banqueros. En el país de los tricornios y de las adhesiones inquebrantables ya no se podía hacer negocios. Incluso daba reparo declarar la nacionalidad más allá de las fronteras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una de las ironías de la Historia que se han ido asumiendo poco a poco es que en la actualidad algunos historiadores, queriéndose basar en datos objetivos, nos hablan bien del Sátrapa. Ya nadie se acuerda y nadie se duele de los daños humanos que produjo a quien no agachó la cerviz. El propio nombre de Sátrapa está siendo conscientemente reducido  a la mera indicación de una época en la cual el pueblo de Samarcanda, privado de libertad democrática y de los logros sociales de la reciente historia europea, enlazó un pasado casi post feudal,  oligárquico e ineficaz, con un futuro moderno de crisis de la democracia y de derrumbe del estado del bienestar,&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero esas tres fases de una misma profunda dictadura, se están tratando como algo consustancial al desarrollo capitalista del pueblo de Samarcanda, olvidando y obviando que el resto del continente no precisó de una guerra civil ni de una ominosa monarquía absoluta de cuarenta años para hacer la revolución industrial. Nos dicen que fue el satrapismo quien permitió pasar del tercer mundo a la posmodernidad pero nos ocultan que el régimen trasfundió su sangre helada a casi todos los habitantes que ahora son ya incapaces no sólo de fanatizarse sino de ilusionarse siquiera defendiendo cualquier ideología. Ninguno de ellos está dispuesto a morir por un ideal pero sí a vivir modestamente el mayor tiempo posible. Sobre todo que no les toquen el cocido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Son niños viejos, que no han pasado por la adolescencia democrática que en el resto de Europa ya se marchita. Los de Samarcanda han entrado, treinta años después del Sátrapa, en una mezcla de madurez cívica y de tercera edad, resignada y escéptica, que solo pide un mínimo decoro y que no se le recorten las pensiones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-1113617056628975516?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/1113617056628975516/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=1113617056628975516' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1113617056628975516'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/1113617056628975516'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/08/la-decada-prodigiosa.html' title='La década prodigiosa'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-8611071706482416669</id><published>2009-08-09T23:09:00.000-07:00</published><updated>2009-08-09T23:57:32.711-07:00</updated><title type='text'>Las chicas ye-ye</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Las señoritas de mediados de los años sesenta eran de la Sección Femenina o ye-ye. La chica ye-ye era una señorita con el pelo alborotado y las medias de color que usaba zapatos planos, lo cual le confería unos andares en equilibrio, graciosos y nada insinuantes. La chica ye-ye se había subido la falda por encima de la rodilla, con lo cual contrarrestaba la supuesta falta de atractivo del zapato plano. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Realmente las chicas ye-ye fueron la primera contestación femenina a una feminidad austera, isabelina y decorosa que era la que se había impuesto hasta entonces: las españolas eran una especie de Agustina de Aragón pero con sartenes, pucheros e hijos en lugar de cañones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El no va más de la chicas ye-ye era subirse en un seiscientos; no conduciendo ellas, que por entonces esto habría sido considerado como una orgía de liberalismo, sino dejándose llevar y traer por los señores dueños de los coches.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La chica ye-ye, la chica del seiscientos, tenía algo de Jane Fonda pero con rosario, algo de extranjerizante en aquella España que quería ser tan española. Se había acortado la falda metiendo tres dedos de dobladillo, se compró unos zapatos sin tacón, un vestido ajustado y un broche para el escote; abominó de la permanente y alguna incluso se atrevió a ponerse pantalones. La chica ye-ye fue el primer esbozo de la mujer supuestamente emancipada que llegaría trabajosamente treinta años después.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jean Paul Sartre había superado ya sus cafés y sus escuelas normales y se encontraba sumergido de lleno en los laberintos existencialistas de Saint-Germain. Simone de Beauvoir, que se hizo muchas fotos provocadoras, era quizá una chica ye-ye a la francesa y ella nos ha contado como a Sartre le suspendían en los ejercicios escritos, para escarnio de la docencia gala, que en esto de ver venir a los genios suele estar tan lerda como la española y la de todas partes, poco más o menos. Cuando la lúcida y mágica pluma de Sartre pudo dar forma al descontento, norma a la náusea, argumento a la nada, tenía ya a su lado a aquella señorita que se llamaba Simone, de pelo alborotado, medias de color y zapato plano, que liberó de sí misma a la mujer objeto, al excipiente inevitable de sexo festivo que pudiera haber en ella, poniéndole a ese excipiente el nombre de Julieta, amante romántica y el apellido de El Greco, pintor hispano cretense. En París, antes del sesenta y ocho, había una juventud que se llamaba a sí misma existencialista, que había leído un poco a Heidegger y algo más al propio Sartre. Pero en España no éramos capaces de pasar de la chica ye-ye.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La abuela de la chica ye-ye era una señorita jamón de cuando la república que había bailado el charlestón, jugado al tenis y besado a su novio formal a la luz incierta de las películas mudas. Eso la abuela, porque la madre había sido sencillamente madrina de guerra. Pero la chica ye-ye tenía algo de contestación, de extranjerismo y de novedad, frente a la feminidad sublimada, sin sexo y regimentada de un país que había triunfado de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya no era la señorita jamón, pero tampoco era todavía la existencialista desmelenada que luego habría de parir beatniks líricos y andariegos, hippies místicos y estáticos. La chica ye-ye era tan solo una intuición de todo esto, un esbozo. Sin embargo a nosotros nos caía bien, porque en su pelo alborotado, su falda corta, sus gafas de sol, su boca roja y sus andares masculinos veíamos algo desafiante, nuevo y cachondo que se escapaba de los medievalismos isabelinos tan en auge en la época.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La familia a la que le salía una chica ye-ye, ya tenía bastante cruz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No estaban bien vistas las niñas de los seiscientos. Las chicas ye-ye eran hermanas menores de destacadas dirigentes de la Sección Femenina e hijas, como dijimos, de una madrina de guerra o de una enfermera que había estado en el frente. Pero las chicas ye-ye no habían nacido cuando todo aquello y no habían tenido ocasión de hacerse madrinas de guerra o enfermeras de sangre, de modo que, como crecieron en un momento que ya no era heroico, sino sencillamente triunfalista, ni siquiera se habían afiliado a la Sección Femenina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero hay que tener cuidado con no confundir a la chica ye-ye con la querida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La querida era un poco mayor que la chica ye-ye y procuraba guardar mucho las formas por razón de la mala conciencia que tenía y cuando se desmelenaba era siempre más en plan tradicional, con mucha permanente, mucho abrigo de pieles, mucho lujo y fantasía, con medias negras y zapatos de treinta duros. La querida estaba en una línea más racial, más acorde con las esencias de la españolidad. La chica ye-ye era más joven que la querida, quizá su hermana menor y empezaba a leer La Codorniz aprendiendo lo desternillantes que eran los hombres y las mujeres, lo desternillante que era la vida, porque La Codorniz, por entonces, ya que no le dejaban hacer otra cosa, seguía la vieja tradición española y quevedesca de sacarle la lengua al mundo, a la vida, a la muerte, a la humanidad en general. La chica ye-ye empezaba también a ver películas americanas y a leer Primer Plano, una revista de cine.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sacarle la lengua a la humanidad y ver cine americano es un socorrido recurso para cuando uno no puede sacarle la lengua a unos señores en particular. La imposibilidad de la crítica directa y concreta deriva hacia el escepticismo universal y cósmico, al que luego llaman cinismo tanto los de derechas como los de izquierdas. Y quizá con razón, pero que nace, como hemos dicho, de la imposibilidad de hacer otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, las chicas ye-ye tomaron su ética de La Codorniz, donde se veía que nuestros mayores eran muy aburridos y hablaban siempre con refranes y tomaron su estética de Primer Plano que era una revista oficial pero que no dejaba de suministrar fotografías de lo que pasaba en Hollywood. Jane Fonda en Hollywood, con su pelo alborotado y sus medias de color, sus gafas negras, su boca grande y su falda corta era toda una subversión frente a lo que alguien llamaba “el salmantino luto español”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Había que ser como Jane Fonda. No es que fuera mucho, pero al menos era algo. Las chicas ye-ye se iban con los señores del seiscientos a ver mundo, a comer gambas y a darse unos besos larguísimos. Cuando mamá les decía algo, les hacía algún reproche, ellas resumían en muy pocas palabras su posición:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;_ Yo, mamá, a lo positivo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo positivo era andar por la calle, subirse a los seiscientos, comer gambas y besarse con los hombres; en definitiva vivir la vida, enseñando de acá para allá las agresivas rodillas, por debajo de la falda corta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquellas mujeres, quizá sin saberlo, estaban de vuelta de la Historia de España y no querían encerrarse en un castillo ni en un convento ni siquiera en un hogar tradicional; no querían convertirse en esposas sumisas y madres cristianas, criando hijos para el cielo. Rechazaban con todas sus fuerzas y probablemente sin ser conscientes de ello, el papel que la esclerotizada sociedad de entonces les había asignado; no querían ser como sus madres, intuían que tras las novenas, la Sección Femenina, las flores a María y las labores del hogar había algo más, aunque todavía no sabían exactamente qué. Nosotros éramos un poco más jóvenes que ellas, lo cual nos imposibilitaba absolutamente el acceso a tan sofisticadas criaturas y teníamos que conformarnos con las niñas normales, que no eran más que las hijas de algún vecino y que jamás habían montado en un coche ni eran ye-ye. Pero nuestras primeras novias secretas, nuestros amores platónicos, fueron chicas de pelo alborotado y medias de color, con mucho ritmo y que cantaban en inglés. De ellas aprendimos a buscar en Primer Plano las críticas de las películas americanas y a odiar las películas españolas en las que siempre salían monjas, guerreros, niños, pastores, reinas, guardias y andaluces.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos parecía que se divertían mucho las chicas ye-ye y que de ellas era el mundo. Las veíamos alejarse a media tarde, del brazo de sus novios o en aquellos SEAT 600, hacia lejanos paraísos de gambas, música, aperitivos y cine.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Pobres chicas ye-ye! La verdad es que no han sido esposas sumisas ni madres cristianas; algunas estan divorciadas, muchas han probado la dulce miel de la infidelidad y todas experimentaron en alguna ocasión el subidón de adrenalina que produce una discusión "a muerte" con el marido. Tampoco han criado hijos para el cielo, sino para los contratos precarios, el desencanto y el paro. Y ninguna de ellas ha llegado a ese mundo libre y perfecto que intuían, y no han llegado simplemente porque no existe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La amargura nacional miraba con muy malos ojos a las chicas ye-ye y se decían de ellas cosas atroces. Pero a nosotros nos gustaban sus gafas de sol, su pelo alborotado, sus grandes bocas rojas, sus medias de color, su risa de mujeres libres, sus escotes de pico, sus pantorrillas, sus novelas de amor, sus revistas y su perfume, sobre todo su perfume. Era una colonia que olía como Joya, de Myrurgia, pero que resultaba ser una barata imitación a la española. Algo así como Simone de Beauvoir y las propias chicas ye-ye. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-8611071706482416669?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/8611071706482416669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=8611071706482416669' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8611071706482416669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/8611071706482416669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/08/las-chicas-ye-ye.html' title='Las chicas ye-ye'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2545152741216752008.post-5116943023285418669</id><published>2009-08-02T17:17:00.000-07:00</published><updated>2009-08-02T17:20:12.340-07:00</updated><title type='text'>La tontería</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El darnos cuenta de que los tontos no solamente existen a nuestro alrededor, sino que abundan por todas partes nos produce un cierto sosiego por aquello de que mal de muchos, epidemia, y porque de este modo nos sentimos más integrados en el grupo. Pero  no nos referimos a esos tontos que lo son simplemente porque en algún momento cometen un error o hacen alguna majadería, sino que aludimos a aquellos otros seres humanos que son consustanciales con la sandez y que se suelen denominar tontos del haba. Últimamente se manifiestan algunos casos de tan supina forma de estupidez incluso en el consejo de ministros, lo cual, lejos de tranquilizarnos, nos produce una profunda inquietud porque siempre habíamos pensado que tan altas instituciones del Estado eran inasequibles a la imbecilidad y que las personas que descansan sus distinguidas posaderas en el banco azul son, casi por definición, poseedoras de cerebros privilegiados o cuando menos, regidos por el sentido común. Advertimos con espanto que esto no es así en absoluto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Acaba de llegar a nuestros oídos la noticia de que el Ministerio de Sanidad está pensando recomendar a Televisión Española que no se emitan películas en donde aparezcan sus protagonistas fumando, cosa que, según su criterio, incitaría a nuestros jóvenes al tabaco. A parte de considerar que con esa medida estamos vetando a actores como Yul Brinner, Humphrey Bogart, John Wayne o Steve McQueen, vivimos en el país con el mayor índice de fracaso escolar de la Unión Europea, que está a la cabeza en el consumo de cocaína per cápita del mundo y donde, según las propias estadísticas oficiales, uno de cada cuatro adolescentes se ha emborrachado el pasado fin de semana y dos de cada cuatro lo han hecho el último mes. Ante este panorama, consideramos una solemne estupidez, una tontería sin paliativos que la preocupación de los poderes públicos sea prohibir películas como Casablanca, por poner un ejemplo. Salvo que se haga con el propósito de que los niños estudien más, tipo “Niño, aprovecha para repasar las ecuaciones de segundo grado porque en la tele dan una película de John Wayne y seguro que saldrá fumando”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero lo grave, lo que realmente inquieta e incluso llega a asustar es que esto no es un hecho aislado, producto de una noche de insomnio de algún oscuro técnico del ministerio. Esto es una tendencia que se afianza cada vez más y que está llevando a los distinguidos miembros del gobierno a debatirse en medio de decisiones que al común de los mortales le parecen propias de retrasados mentales, con todos nuestros respetos a los retrasados mentales.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Otro ejemplo. Imaginemos una niña de 16 años, la célebre niña de Rajoy pongamos por caso, esa que se emborracha al menos una vez al mes a pesar de que está prohibido venderle alcohol. A esa niña que no puede ver en la tele a nadie fumando, se le va a permitir abortar sin ni siquiera comunicárselo a sus padres. Señora Bibi, por favor. Creo que no existen adjetivos para calificar el tamaño y la intensidad de la estupidez que desprenden normas como esta: es ilegal que beba, pero se emborracha, está aquejada del mayor índice de fracaso escolar de Europa, pero le vamos a prohibir ver Casablanca, el consumo de cocaína per cápita en su país es el más alto del mundo y su índice de paro el segundo de la Unión Europea pero nos vamos a preocupar de que la niña pueda abortar sin decir nada a nadie, a la chita callando, porque claro, eso es realmente lo trascendental, en esto deben invertir sus neuronas los miembros del gabinete, porque el que la niña pueda abortar a pesar de no saberlo sus padres o incluso sabiéndolo es verdaderamente lo que la sociedad demanda y lo que preocupa a las familias. No tenemos palabras Bibiana, de verdad, aunque sepamos que la norma no va a salir adelante, que se ha modificado. Del mismo modo que la mujer del César no solamente debe ser virtuosa si no, sobre todo, parecerlo, los miembros del Gobierno deben, por encima de todo, parecer inteligentes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y si todavía quedara alguien lúcido por aquí, tampoco entenderíamos como un Magistrado dedica su tiempo y nuestro dinero a tratar de procesar a un general israelí. Porque vamos a ver ¿No quedamos en que estamos haciendo huelgas y protestas porque no tenemos medios y estamos atascados de trabajo? ¿Es que no existe ningún mecanismo legal para impedir que un megalómano desequilibrado emplee en semejantes tonterías los medios y el sueldo que todos le proporcionamos en lugar de trabajar en los asuntos que tiene pendientes y que afectan generalmente a los ciudadanos normales de este país que somos quienes le mantenemos? ¿Piensa realmente alguien que hay algún español a quien le importe lo que le ocurra a un general judío?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A este respecto nos viene ahora a la memoria el recuerdo de un hecho real. Cierto Juez de Instrucción de Granada, hace ya algunos años, emitió una sentencia en la que absolvía a Jesucristo. Sí, sí, no es cosa del manicomio, esto ha ocurrido. Parece ser, según los expertos, que era una sentencia irreprochable desde el punto de vista procesal, muy bien estudiada y razonada, con sus considerandos, sus resultandos y su fallo; queda en ella meridianamente claro, fuera de toda duda razonable que Jesucristo debería haber sido absuelto por falta de pruebas, por lo tanto su condena fue injusta. Y entonces pensamos nosotros ¿es posible que Su Señoría emplee el tiempo que todos le pagamos en estas tonterías mientras que los procedimientos se acumulan en su Juzgado llegando al año de retraso? ¿Cómo puede ser que no haya nadie en todo el poder del Estado que sea capaz de evitar sucesos como este?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Alcanzado este punto comenzamos a temer que los estúpidos somos nosotros y ellos los inteligentes, porque es imposible asimilar una mayor acumulación de sandeces y despropósitos, uno tras otro y en casi todos los departamentos. Como nos negamos a admitir que quienes nos gobiernan son tontos del haba, no nos queda más remedio que buscar otras explicaciones a estos hechos; quizá ciertas decisiones obedecen a razones ocultas o a algún criterio incomprensible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Hemos dicho criterio? ¡Ahí está la clave!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div align="justify"&gt;En asuntos de criterio&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;huelga toda discusión&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;pues siempre tiene razón&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;quien está en el ministerio.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2545152741216752008-5116943023285418669?l=mxp176.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://mxp176.blogspot.com/feeds/5116943023285418669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2545152741216752008&amp;postID=5116943023285418669' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/5116943023285418669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2545152741216752008/posts/default/5116943023285418669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://mxp176.blogspot.com/2009/08/la-tonteria.html' title='La tontería'/><author><name>MxP</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13583102978948338751</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></
